Columnas Manuel Escorza

Los diamantes de Dina

Ya era algo tarde, como las diez y quince, y había pasado 2 semanas sin salir. El calor había sido insoportable. Se había anunciado una corriente del niño que felizmente no generó grandes lluvias ni inundaciones, pero sí un calor de infierno. Ahora todo empezaba a estar más fresco, de a pocos se regresaba a la ciudad de siempre, esa ciudad nublada, gris, húmeda, con una casi imperceptible llovizna que esa noche, por minutos, caía en una Lima cada día más insegura, más social, y no sabía bien por qué, también más vacía.

Ese día Agustín había trabajado como nueve horas y no había hecho su acostumbrada siesta. Eso, cuando ocurría, lo agotaba enormemente al llegar la noche, se le cerraban los ojos, luchaba para no dormirse, pero luego, como a los atletas en maratón, le volvía la energía de nuevo y en su caso se mantenía despierto hasta la medianoche. Nunca dormía antes. Por lo mismo, salir un rato no le caería mal.

Subió a su carro y se trasladó a un restaurant en el que siempre había poca gente. Eso, en medio de tanto bullicio, resultaba una ventaja. Además, era un lugar seguro. Tenía tres ambientes. El restaurant, un bar y una terraza en la que se podía recibir atención del restaurant y del bar.

Un amigo suyo de muchos años llegó también, pero, como siempre, tarde. Por alguna razón Aquiles no manejaba. Su esposa, sus hijas, sus padres y sus suegros tenían carro, pero él se trasladaba en taxi, nunca había manejado, no sé por qué, y como no manejaba, siempre llegaba tarde, había que esperarlo, y eso era una vaina, pero era así.

Un acuerdo no hablado había hecho que cada cierto tiempo ellos se juntaran para hablar del país, de temas políticos, y a veces también de psicoanálisis. Eran conversaciones bastante libres, aunque el tema central siempre terminaba siendo el Perú.

Agustín pidió una cerveza y Aquiles media botella de vino blanco. Este último le contó que los trámites impulsados por su esposa para emigrar a Canadá avanzaban viento en popa, pero él, la verdad, no quería irse, no se veía ahí, de qué trabajaría, mucho menos con frío, eso estaba bien para sus hijas, pero para él, no. Pasaron unos minutos en una conversación relajada, hasta que trajeron el pedido a la mesa, y cambiaron de tema.

– Yo creo que Dina se va, comentó Aquiles.
– Sí, a este paso se va.
– A quien se le ocurre usar quince relojes siendo presidente.
– Se ha metido sola en este lío. Parece un tema frívolo, pero no lo es.
– Expresa además una desconexión personal con los sentimientos del país y un arribismo impresionante. Una más de los políticos de ahora.
– Está disociada de la realidad, trastornada por el poder. Seguramente tiene más relojes, pero como la han ampayado, ya no los va a sacar.
– Comprar relojes en efectivo puede ser una manera de lavar dinero. Es como comprar un cuadro y años después venderlo. Nadie se daría cuenta.
– Y de dónde habría sacado la plata…
– Algunos dicen que podría ser de la campaña. Ella era, creo, algo así como la cajera.
– O tal vez del club departamental. Nadie compra un carro en efectivo, teniendo un cargo en un club.
– Además, no quiere que la Fiscalía acceda a los relojes. Judicialmente es una no habida. Se tendrá que ir.
– Sí…de aquí a junio, cualquier cosa puede pasar.

El camarero interrumpió la conversación trayendo un pequeño recipiente con maní y pasas. También unas papas fritas de bolsa. Agustín pidió una botella de agua. Brindaron sin mayor comentario.

Hablaban del tema porque lo que había empezado casi como una anécdota presidencial se había convertido en un escándalo de dimensiones enormes. La presidente incluso está utilizando pulseras de 54 000 dólares con 204 diamantes. Sí, así como se lee, 204 diamantes.

Y el país observa con fastidio, suspicacia y desconcierto cómo esto ocurre a vista de todos, y muchos congresistas, bien gracias, no hacen mayores declaraciones y/ o comentarios. Habría intereses y acuerdos bajo la mesa, al punto que se ha autorizado una transferencia de 50 millones de soles al Congreso para gastos diversos, justo días antes de la solicitud de la confianza del nuevo primer ministro y ante la posibilidad de que se pueda presentar una solicitud de vacancia.

En los dos casos posibles, la presidente está pérdida. En un caso, por darse esos lujos de joyería con dinero de origen desconocido, y en el otro, quizás peor, por ser una presidente fayuca, falsificada en sus atuendos.

Para colmo, el club departamental Apurímac está solicitando públicamente una investigación y una auditoría porque se le ha detectado una cuenta conjunta de hasta un millón cien mil soles a nombre de la presidenta y de otro directivo, dinero supuestamente del club, cuando ante la SUNAT habría declarado 100 000. ¿Qué pasó con el millón restante? La conversación prosiguió.

– Seis meses es poco tiempo para unas nuevas elecciones.
– Serían sólo para la presidencia.
– Pero con Vizcarra no fue así.
– Vizcarra había cerrado el Congreso. Aquí, el Congreso se queda.
– Hay 26 partidos inscritos. Si Dina es vacada o renuncia, todos están obligados a competir. Sólo unos 6 o 7 pasarían la valla electoral. Los demás perderán el registro y quedarán fuera para el 2026…
– Tal vez esa sea la estrategia de la vacancia.
– La solución sería que todos envíen a un candidato único. Así no pierden la inscripción, pero en el camino se pelearían.
– No lograrían ponerse de acuerdo.
– Si hay elecciones complementarias, no creo que Fuerza Popular vaya con Keiko.
– No.
– ¿Crees que vaya el propio Fujimori?
– Si hay vacancia, es una posibilidad. Ya no habría pacto con Dina porque fue vacada. No está impedido de postular.
– ¿Fujimori?
– Fujimori Fujimori, el auténtico, no la Casio. Pero por ahora, todo es simple especulación.
– Se levantaría el sur si Fujimori es candidato. Antauro los va a mover.
– El sur está con Antauro. Dicen que va primero en las encuestas.
– La pregunta es, ¿si hay nuevas elecciones, ¿quién le gana a Antauro?

El camarero volvió a interrumpir, esta vez trayendo el agua. Pero al hacerlo, trajo una botella muy pequeña, de vidrio, algo estilizada. Agustín vio la botella medio extrañado.

– Disculpe, no tendrá agua San Mateo.
– Ya no trabajamos con esa marca, señor. Ahora servimos agua italiana.
– Italiana…
– Sí, es muy buena.
– Italiana…, ¿y cuánto cuesta esta botella?
– 18 soles señor. Pero tenemos una alternativa más barata, una botella de agua peruana.
– Esa quiero. ¿De qué marca es?
– Es marca de la casa.
– ¿Marca propia?
– Es de la casa.
– Mejor tráigame otra cerveza por favor. Gracias.

Así está el Perú, completamente mercantilizado. Ahora una botellita de agua puede costar 19 soles y la otra no es de marca conocida. ¿Qué registro sanitario tendrá? Además, es de 180 mg o algo así, o sea nada. El agua en algunos lugares cuesta más de lo que cuesta en otros una cerveza. Sólo falta que se diga que el agua es vitaminada, que rejuvenece, que es agua de calidad premium, categoría business o de manantiales certificados. El colmo.

– ¿Qué opinas del nuevo presidente del Consejo de ministros?
Parece que juramentó para ser el escudero de Boluarte. Habla ante la prensa como si fuera su abogado personal, no como un primer ministro. Hasta dio un mensaje al país el domingo para defenderla. Ridículo.

– Trató de interrumpir los programas políticos. A nadie le importó. Sí, más que un PCM parece su secretario personal. Da lástima.
– Y la de cultura ha dicho que se trata de un problema de género. La gente se ríe. Debe pensar que la gente es tonta. Debería preocuparse por reabrir el museo de antropología en vez de hacer ese tipo de declaraciones. El de Pueblo Libre está cerrado. Y el otro, el de Pachacamac, no ha sido inaugurado y tiene problemas de climatización y costos, nunca abrió.
– Cree que victimizando a la presidente por ser mujer se impedirá que la Fiscalía haga su trabajo.
– Hania también la ha tratado de cubrir diciendo que ella usaba relojes bamba.
– Su caso es distinto. Ella no era ministra ni jefa de Indecopi. Además, ella misma lo está contando, no lo está escondiendo.
– Pero fue la jefa de Indecopi.
– Pero no con relojes bambas.
¿Mira mi polo GAP?
Aquiles sonríe como imaginando lo que Agustín iba a decir…
– Lo compré en Gamarra…

Ya era más de medianoche, Agustín ofreció llevarlo a su casa.
Ya de regreso, tomó la Javier Prado. La ciudad se veía sin tráfico. Mientras manejaba, Agustín pensaba en que la presidente iba a ser allanada en cualquier momento, que eso sería una noticia mundial, otro papelón de Perú, una raya más al tigre, que en estricto privado algunos de sus ministros le sugererían su renuncia, que ella intentaría, a pesar de eso, que sus ministros defiendan lo indefendible, y que saquen la cara por ella para que finalmente se hundan como se hundirá ella, mismo Sansón que rompió las para que todos mueran con él, que si no renuncia será vacada, que seguramente evaluaría pedir un asilo político, que México se lo negaría si se lo solicita, que no sólo sería la primera mujer presidente sino también la primera presidente mujer que irá a la cárcel.
Así era Agustín, imaginativo. Pasaba de un tema a otro. A veces pensaba en estas cosas, a veces simplemente en las musarañas.
Navegó un rato más por estos lares. Luego, recordó la charla del restaurant. “18 soles la botellita de agua de 180 mlg. Han retirado el agua San Mateo para ganar más plata. Puta, es un robo. Con todas estas huevadas, la gente votará por Humala”, pensó mientras manejaba.

Manuel Escorza Hoyle
Abogado y psicoterapeuta

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