Estamos próximos al día de la madre. Es la mujer que nos dio la vida y nos ha acompañado en cada paso de nuestra existencia hasta que partió al oriente eterno. Es el día en que deseamos celebrarlo personal y familiarmente para honrarla reconociéndole el amor incondicional y su permanente sacrificio a lo largo de nuestras vidas. Le expresamos nuestro amor y gratitud y le agradecemos por habernos dado la vida y haber luchado permanentemente por nuestras vidas desde que aún éramos indefensos, aunque haya estado cansada y agotada; nunca se rindió por atender nuestras vidas, aunque ya no seamos niños o adolescentes. Nos han trasmitido el sentimiento de amor y cariño y una jerarquía de valores para actuar dentro de la sociedad con honestidad, perseverancia, solidaridad y respeto por el prójimo.
Es el día que se reconoce el papel esencial de las madres no sólo en el hogar sino en la sociedad y expresarles que las amamos mostrándoles respeto y también a nuestras abuelas. Sin ellas no tendríamos la vida y haber logrado todo lo que tenemos. Desde que nos dio la vida nos dado todo su corazón y estregó sus fuerzas permanentemente para cuidarnos, aunque ya no seamos niños; para una madre no hay límite de nuestra edad.
Pero … no esperemos llegar al día de la madre para mostrarle nuestro amor y agradecimiento. Como seres humanos con vida, les debemos todo a ellas, por ende, nuestro agradecimiento y amor filial debe ser permanente los 365 días de cada año de nuestra existencia.
Ellas nos dieron la vida probablemente cuando aún eran jóvenes y jamás dejaron de satisfacer nuestras necesidades desde el nacimiento, niñez, adolescencia y juventud hasta que cada hijo haya tomado su camino y formado la propia familia. Ellas siguen amando a sus hijos y además a sus nietos; estos se convierten en la razón de la vida de nuestras progenitoras. Comparten sus vidas con la familia de sus hijos. Muchas veces ellas cuidan de nuestros hijos acompañando a nuestro cónyuge. Y la vida transcurre para ellas. Ante esta realidad no esperemos el día de la madre para expresarle nuestro amor y agradecimiento; debemos hacerlo en cada día de su existencia si ella parte al más allá antes que nosotros.
No podemos dejar de señalar que muchas madres que han llegado a la tercera edad y están imposibilitadas de trabajar para lograr una remuneración para su sostenimiento; a veces hasta carecen de vivienda. Muchos hijos que viven al margen de su madre, no perciben el sufrimiento de quien les dio la vida. Son madres, ya ancianas, que ni siquiera tienen vivienda y subsisten con la caridad y así terminan su existencia en un asilo y a veces en la calle.
Todos somos hijos. No cerremos los ojos a esa realidad – muy frecuente en nuestra sociedad –; seamos solidarios y humanos. Prestemos atención para superar la desgracia de madres abandonadas porque son ancianas. Lo ideal sería que los gobiernos municipales, sin excepción, constituyan instituciones – formalmente legales – para que con la participación de los vecinos cobijen a esos seres amados, no solamente dándoles un lugar para dormir y alimentarlos sino para que las madres de la tercera edad disfruten actividades que les permita pasar el tiempo sin aburrimiento. Pueden dedicarse al canto, a formar coros, grupos artísticos, escribir y trasmitir experiencias a los jóvenes en ciclos de conferencias de diversos temas organizadas tanto por las señaladas instituciones como por los Municipios. Pueden realizar organizadas visitas a museos, centros culturales, artísticos, recreativos y lugares turísticos de la zona. Algunas pueden preparar alimentos para las madres que viven en los mismos centros de madres ancianas. Lo importante es que en nuestra sociedad ninguna madre anciana este abandonada y en desagracia. Muchas personas naturales o jurídicas pueden donar alimentos, ropas, proveer de transportes y hasta ofrecer premios a las internas que destaquen en alguna actividad. Ello será un mensaje para los niños y jóvenes que cursan estudios. ¡Estos tienen que aprender!
El día de la madre, no es un solo día en el año, son todos los días de nuestras existencias. ¡Muy seguro: si ellas partieron, nos están amando desde el cielo”.
José Roberto Rendón Vásquez. Más de 40 años desempeñándose como profesor de derecho laboral de la Universidad de San Marcos, fue segundo vicepresidente de la Comisión Reorganizadora de la Universidad de San Marco de 1995 al 2000. Tiene el grado de doctor en derecho por la Universidad de San Marcos, además se ha desempeñado como vocal en la Corte Superior de Lima y fue asesor del directorio de Shougan Hierro-Perú, además ha seguido cursos de especialización en la Universidad Carolina de Praga (República Checa).

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