Columnas Víctor Velásquez

¡Hasta el último cartucho!

En 1880, Bolognesi, asume el comando del puerto de Arica, y con 1,500 hombres la defiende “hasta quemar el último cartucho”.

Le escribe Alfonso Ugarte a Fermín Bernal“: Tenemos pues, que cumplir con el deber del honor defendiendo esta plaza hasta que nos la arranquen a la fuerza. Ese es nuestro deber y así lo exige el honor nacional…es preciso resistir hasta el último…estamos resueltos con toda la seguridad de ser vencidos, pero es preciso cumplir con el honor y el deber. Quizás la suerte nos favorezca y lleguen a tiempo los refuerzos que esperamos de Arequipa”.

Le envía una carta Ramón Zavala a un amigo, y le dice: “Arica no se rinde, ni las banderas se despliegan para abandonar la plaza, por el contrario, resistirá tenaz y vigorosamente, y cuando la naturaleza cede, obedeciendo a leyes físicas, los invasores pondrán su planta en el suelo que estará cubierto de cadáveres y regado de sangre peruana. Sus defensores prefieren la muerte a la deshonra, la gloria una vida que le hubiera sido insoportable, si no hubieran aprovechado del ultimo resto de ella para escarmentar al enemigo y levantar muy alto el pabellón nacional”.

Relata el teniente chileno Carlos Aldunate Bascuñán: “… pude ver juntos los cadáveres de Bolognesi, Moore y otros que no recuerdo. Bolognesi tenia roto, destapado el cráneo de un culatazo…”

Refiere el soldado  Manuel Salazar del batallón “Artesanos de Tacna”, que: “…al llegar al lado izquierdo, dirigidos por el capitán don Luis Benavides, ayudante del comandante don José Joaquín Inclán, y antes de ser herido pude ver que los soldados chilenos avanzaban por las cuchillas del cerro Gordo llegaban al cuartel general, en donde se inició una lucha cuerpo a cuerpo. Al grupo donde estaban el señor coronel Bolognesi con el capitán de navío Moore, rodeaban en estrecho perímetro algo así como mil soldados chilenos que se estrecharon a la bayoneta con los de la primera fila. .. y estando yo como a diez pasos de mi coronel Bolognesi, éste, revolver en mano disparo sobre la masa chilena, cayeron heridos, lado a lado, el coronel Bolognesi y el capitán de navío Moore…el coronel Bolognesi disparaba con su revolver intentando levantarse, y dándonos ánimo para continuar peleando, volteando hacia mi exclamo: ¡no hay que rendirse! ¡Miserables! ¡Viva el Perú!… al caer (yo) desangrado por esta y la anterior herida, ya mi coronel estaba muerto. Un chileno avanzo y le arranco la presilla del hombro izquierdo…otros soldado chileno, entrado en años, le puso el pie sobre el brazo y le arranco la otra presilla del hombro derecho”

Otro de los combatientes peruanos, el sargento Dionisio Vildoso, expresa: “Veo con sorpresa a nuestro jefe de la plaza coronel Francisco Bolognesi muerto y sin ropa exterior, caído de espaldas, con un balazo en el pecho y el cráneo destrozado desde la parte del ceja, calculo yo que esta heridas ha sido después de caído, con la culata de rifle, porque las dos bolsitas de los sesos estaban a doce pulgadas de distancia del cráneo y estaban enteritas las dos bolsitas…de uno de los cuartos de los oficiales sale un soldado chileno con una caja de cartón bien grande y tira por encima del cadáver del coronel Bolognesi. Se destrozó la caja y se vacía un estandarte peruano nuevo, sin estrenar el estandarte. Después supe que era del batallón Iquique”.

Acerca de la respuesta, ttratándose de frases dichas por hombres de guerra, ha alcanzado difusión universal aquella con la que Stoessel, uno de los generales del zar Nicolás III, en la guerra ruso – japonesa de 1904, lamentaba la derrota de sus compatriotas en puerto Arturo, expresó que “hizo falta un Bolognesi”, dando a entender que el coronel peruano era la encarnación del patriotismo y del sacrificio. 

En sus varios homenajes, el 5 de noviembre de 1905, se inauguró el monumento a Bolognesi. El discurso de orden estuvo a cargo del militar argentino, Roque Sáenz Peña, quien expreso: “¡pelearemos hasta el último cartucho! provocación o reto a muerte, soberbia frase de varón, condigno juramento de soldado, que no concibe la vida sin el honor, ni el corazón sin el altruismo, ni la palabra sin el hecho que la confirma e ilumina para grabarlo en bronce o en el poema, como la graba y la consagra la inspiración nacional y el juramento se cumplió por el jefe, y por el ultimo de sus soldados, porque el bicolor peruano no fue arriado por la mano del vencido, sino despedazado por el plomo del vencedor”.   

Como lo expresara el teniente coronel Julio C. Guerrero: “la frase de Bolognesi dicha a un individuo solo, en el recinto del despacho del jefe ¡quemaré el último cartucho!, es posible que hiciera en el individuo un efecto terrible, depresivo, pero en la colectividad, en una multitud, es la chispa que produce el incendio de los heroísmos”

A los 144 años, Bolognesi y los héroes del morro, han regresado para pedirnos cuentas. Si, 144 años han pasado, preguntémonos ¿hemos aprendido la lección? ¿Ya no somos el estado empírico y del abismo social, del que afirma Basadre, son las verdaderas causas de las crisis republicanas? ¿Somos el ejército moderno, con capacidad disuasiva-ofensiva, que requiere la seguridad nacional?  

En el umbral del próximo milenio, debemos evitar que el futuro se parezca al ayer de tristezas, fracasos y ruinas. Al ayer de ejércitos desarmados, politizados, corruptos, y de victorias solo morales. ¿Hasta cuándo, va a demorar la decisión política por otorgar al Ejército, a mediano plazo, el presupuesto necesario para su modernización y transformación? Ojala sea pronto, la seguridad y la defensa nacional lo requieren. 

Víctor Velásquez Pérez Salmon.   Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento. 

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