En la reunión del G-7 realizada la semana pasada en Apulia, Italia, por invitación especial de la Primer Ministro Georgia Meloni como anfitriona de ese evento, el Papa Francisco pronunció un importante discurso sobre el desafío y consecuencias de la nueva tecnología de la Inteligencia Artificial respecto del futuro de la humanidad. Fue una reflexión que analizó el progreso científico del hombre y de sus continuos avances así como de sus peligros si no son utilizados adecuadamente.
El Papa Francisco destacó la capacidad de la humanidad para llevar a cabo progresos científicos conducentes a una relación de paz y progreso e beneficio de todos, pero que también podrían llevar a una mayor diferencia entre los países más avanzados y los menos desarrollados. Con respecto a este punto, enfatizó que en todo avance científico debe haber una base ética que ponga a tales innovaciones al servicio del hombre y no al revés. Asimismo, advirtió del peligro que pueda sobrevenir de la utilización autónoma de la Inteligencia Artificial en múltiples aspectos, subrayando el eventual peligro que se utilice en forma reñida con la ética. La Inteligencia Artificial bajo la visión del Papa, debe ser un instrumento al servicio del ser humano en su apertura hacia otros y hacia Dios.
La tecnología según el Papa Francisco es una huella de la “ulterioridad” del ser humano en beneficio de la “casa común” al servicio del planeta, cuidándolo y cultivándolo. Las máquinas reemplazan a las personas en tareas repetitivas y desgastantes. Por esa razón las máquinas nunca pueden decidir por sí mismas. Tampoco deben haber “armas autónomas letales” . Ninguna máquina debe reemplazar la decisión humana en su utilización. Ninguna innovación es neutral. He ahí el gran riesgo que la humanidad enfrenta en el futuro, ser objeto y no sujeto del progreso científico.
Los instrumentos tecnológicos deben servir a la comunidad humana. La inteligencia artificial es una máquina sui géneris de elección de algoritmos que no debe ser pervertida ni distorsionada. La Inteligencia Artificial debe sujetarse a la decisión humana. La sana política tiene ese objetivo. Ninguna máquina debe decidir por sí misma la terminación de la vida de un ser humano.
Podemos considerar a las palabras del Papa como una advertencia ante el G-7, en un auditorio que reunió a los mandatarios y gobernantes más poderosos de las tierra, con la exclusión de Rusia y China, que no integran ese grupo, pero que lo observan cuidadosamente. De ahí la necesidad de una “sana política”, que supere los efectos negativos de algunos políticos equivocados. El Papa Francisco se pregunta si el mundo puede funcionar sin la política. Su respuesta es no. El define a la política como la forma más elevada del amor y de la caridad cristiana, con respecto al proyecto común de la humanidad para la mejor utilización del planeta.
En mi opinión el discurso del Papa ante el G-7 constituye una expresión de su angustia por el futuro de la humanidad, no en el sentido de lamento ni de queja, sino de exhortación a quienes ejercen el poder para que desplieguen su mayor energía en función de la paz. La Inteligencia Artificial puede ser un instrumento decisivo para lograr ese objetivo. No obstante, siempre cabe el riesgo de una distorsión en tal propósito, particularmente con el uso de armas nucleares, que deberían ser desterradas pero que existen y desgraciadamente son el más grande riesgo que la humanidad enfrenta hoy y en el futuro.
Martín Belaunde Moreyra. Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos. Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.


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