Columnas Víctor Velásquez

La contraofensiva victoriosa de 1882

Objetivo: destruir al ejército chileno estacionado en el Valle del Mantaro. Simultáneamente, impedir la llegada de posibles refuerzos desde Lima. Desde Izcuchaca, punto clave de su maniobra, Cáceres planea su futura ofensiva. Entre tanto, las guerrillas patriotas a lo largo del Valle del Mantaro atacaban sucesivamente a fuerzas chilenas para desgastarlos, en: Sierralumi: 02 de marzo; Ñahuimpuquio: 03 de abril; Acostambo y Ñahuimpuquio: 05 y 06 de abril; Malpaso 09 de abril; Shipitayo: 10 de abril; Tarumanya: 11 de abril; Chongos y Chupaca: 18 y 19 de abril; Antaspampa: 22 de abril y, Huaripampa: 22 de abril.

Teniendo en cuenta la ubicación del enemigo, Cáceres fracciona su ejército en tres agrupamientos, con tres objetivos distintos. Tafur al mando de una brigada, va hacia La Oroya, y tiene como objetivo Marcavalle. La fecha para el ataque convergente es el 09 de julio. Constituye ésta, una maniobra por «líneas exteriores». Reorganizados y completados los efectivos del Ejército del Centro, Cáceres decide desde Izcuchaca, punto clave de su estrategia, iniciar su ofensiva.  Se fija entonces dos objetivos: máximo, destruirlos, y mínimo, expulsarlos del Valle del Mantaro.  En junio de 1882, el Ejército del Centro estaba conformado por las siguientes unidades: “Batallón «Tarapacá»; batallón «Zepita»; batallón «Izcuchaca»; batallón «Libres de Ayacucho», Escuadrón «Escolta». Además, dos Secciones de Artillería (4 piezas cada una). Forman también parte importante de sus fuerzas los Voluntarios de Izcuchaca, el Destacamento de Cabrera, el Destacamento de Segura, Guerrillas de Acoria, las Guerrillas de Colcabamba, las Guerrillas de Huando, las Guerrillas de Acostambo, las Guerrillas de Pillichaca, las Guerrillas de Pasos, las Guerrillas de Tongos, las Guerrillas de Chupas, las Guerrillas de Sincos, las Guerrillas de Huaripampa, las  Columnas de Pampas, las Columnas de Huaribamba, las Columnas de Comas, las Guerrillas de Andamarca, las Guerrillas de Orcotuna, las Guerrillas de Mito, las Guerrillas de San Jerónimo, las Guerrillas de Apata, las Guerrillas de Paccha, las Guerrillas de Vilca, y  las Guerrillas de Quichuay. 

Las fuerzas enemigas de Del Canto se encontraban ubicadas según el siguiente dispositivo: el grueso de su ejército en Huancayo, un batallón en Marcavalle, un batallón en Zapallanga, otro en Concepción y una compañía en La Oroya.

Ante esta situación, Cáceres concibe el siguiente plan: ataque de fijación frontal con el grueso a su mando, siguiendo la dirección Pazos – Marcavalle – Pucará – Huancayo y combinando un doble envolvimiento; por su parte, el coronel Gasto (una División reforzada) seguiría la dirección Pazos – Comas – Concepción; y el Coronel M. Tafur (un Destacamento) iría por la margen oeste del río Mantaro – Chongos – Chupaca – La Oroya. El día fijado para el ataque simultáneo fue el 09 de julio.

La misión principal recayó en el Coronel Máximo Tafur, quien debía caer sobre la guarnición chilena acantonada en La Oroya y el puente para cortarles la retirada a Lima. Al mismo tiempo, Cáceres ordenó atacar Chicla y obstaculizar la línea férrea, anulando cualquier posible refuerzo. En efecto, Tafur emprendió su camino por las alturas del Mantaro, Chupaca y Chacapalca. Sin embargo, parece que Tafur descuidó su inteligencia y por la acción de delatores, su marcha pudo ser conocida. Esta delación originó que Mayer, jefe chileno, reforzara su posición y evitara que las fuerzas de Toledo, que obraba como fuerza de incursión, tomara La Oroya y luego Chicla, al haberse perdido el factor sorpresa.

En el Combate de Pucará, nos dice Cáceres que: Me moví de Huancayo hasta el distrito de Pucará, donde pernoctó el ejército de mi mando. Al rayar la aurora del día siguiente, las fuerzas enemigas, que pudieron salvar durante la noche la distancia que nos separaba, merced a sus abundantes e inmejorables recursos de movilidad, rompieron sus fuegos de artillería y fusilería sobre la plaza del pueblo donde permanecían las tropa de mi mando formadas en columnas. Contener al enemigo y favorecer la retirada del ejército fue el único medio salvador que pudo intentarse y llevarse a cabo con el más satisfactorio éxito, desde que la topografía del lugar no permitía comprometer un combate decisivo.  Así fue que mientras las guerrillas sucesivamente desplegadas se encargaban de oponer al enemigo serias resistencias, el Ejercito desfilaba son serenidad imperturbable bajo una lluvia de proyectiles hasta ganar a dos millas del pueblo unas posiciones dominantes, donde esperó el ataque, desplegado en columnas paralelas. Pero las fuerzas enemigas compuestas de más de 2,000 plazas, que en cinco horas de recio combate no pudieron apagar los fuegos de las guerrillas que les salieron al encuentro, se desconcertaron con tan inesperada resistencia, prefiriendo replegarse a Pucará antes que aventurar una acción crizada de peligros aunque para ello hubieran de renunciar, mal de su agrado, a su propósito de cortar la retirada del ejército y aniquilarlo bajo el peso de sus poderosas armas.

En Marcavalle, el dispositivo de Cáceres, respondía a las necesidades del momento, pues disponiendo de fuerzas numerosas que era necesario emplear en masa para imponerse desde el primer instante a las tropas enemigas, no hacía falta conservar una reserva. Menos aún si se tiene en cuenta que Cáceres conducía personalmente la fuerza más potente, que no iba a estar fijado en ningún instante del combate y que en realidad era un elemento de maniobra fuerte y contundente que emplearía según el giro que tomaran los acontecimientos. Por ello, lanzado su ataque, y a pesar de que las compañías chilenas desde Pucará y Zapallanga se movieron hacia adelante a buscar definir el combate, logró arrollarlas. En cumplimiento a dicho plan, Cáceres atacó la posición de Marcavalle mediante un doble desbordamiento. El coronel Secada con un agrupamiento de infantería y el apoyo de la artillería ataca frontalmente; el Coronel Tafur con dos batallones de infantería desborda por el Oeste; el Comandante Villegas con otros dos batallones de infantería y un escuadrón de caballería lo hace por el Este. Se obtiene así la victoria del Segundo de Pucará. Los bravos del Tarapacá, al mando de su primer jefe, coronel Manuel Cáceres, se empeñaron a fondo trabándose en violento combate. Durante su avance demoledor barrieron con los puestos avanzados, y cuando estaban a punto de completar el cerco, los santiaguinos emprendieron precipitada fuga a Pucara, que se encuentra a 5 kilómetros, dejando Marcavalle en poder de los atacantes, con sus muertos y heridos regados en el campo.   

En Concepción, la guarnición de chilenos excedidos en los ultrajes que inferían a los pobladores de la comarca, fue destruida por las fuerzas guerrilleras y de toda la población enardecida. Los peruanos frente a la plaza, frente al cuartel, y los chilenos atrincherados; desde el interior de las cuatro ventanas del edificio, se hacen descargas de fusilería de una y otra parte. En esa batalla, de los nuestros corre sangre a raudales porque están a campo abierto, mientras que los chilenos están protegidos por las paredes, y de cuando en cuando por la ventanas que parecen bocas de fuego por los fogonazos de los fusiles chilenos que vomitan desolación y muerte. De pronto se ilumina el firmamento; es que comienza el incendio del cuartel chileno. El fuego se aviva y apaga. Los enemigos abandonan el cuartel reducido a cenizas. Se enardecen los ánimos de los peruanos de ver tanta porfía y la lucha se hace cuerpo a cuerpo. No hay perdón, todos mueren al empuje de las lanzas guerrilleras.

El coronel chileno Del Canto, ya derrotado, emprende la retirada por la dirección Jauja – Tarma – La Oroya – Lima.  En La Oroya, gracias a la delación y consiguiente alerta de las fuerzas chilenas, éste logra pasar el puente y así consigue evitar ser destruido. Se cumplió el objetivo mínimo: desalojar al invasor del valle del Mantaro.

Honor  y Gloria a las Victorias del Ejército del Perú en la Breña, ahora y siempre.

Víctor Velásquez Pérez Salmon.   Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento. 

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