El ser humano del siglo XXI se enfrenta a la realidad inevitable de vivir inmerso en un entorno tecnológico del cual no puede escapar, dependiendo cada vez más de la tecnología para sobrevivir. Esta dependencia ha transformado a la tecnología en el nuevo «dios sublime» de nuestra era, cautivándonos con su asombroso potencial, especialmente en áreas como la inteligencia artificial y los nuevos medios. Este fenómeno, conocido como «lo sublime tecnológico», captura nuestra respuesta colectiva ante las aparentemente «mágicas» capacidades de la tecnología moderna, que se ha convertido en una fuerza omnipresente en nuestras vidas.
A lo largo de los siglos XVII y XVIII, durante el Romanticismo, lo sublime estuvo vinculado estrechamente con la experiencia de la naturaleza, especialmente con los impresionantes paisajes de los Alpes europeos, descritos como magníficos pero a la vez aterradores. Edmund Burke, en su obra de 1757, definió lo sublime como un «terror placentero», señalando que la naturaleza, cuando se observa desde una distancia segura, puede provocar éxtasis en el espectador. Immanuel Kant, en su Crítica del juicio (1790), fue más allá y distinguió entre lo bello, que genera placer, y lo sublime, que surge de experiencias perturbadoras que desafían nuestras expectativas de armonía. Kant también diferencia entre lo sublime matemático (evocado por lo inconmensurable e infinito) y lo sublime dinámico (asociado a las fuerzas superiores de la naturaleza).
El siglo XIX marcó un cambio en el sentido de lo sublime, trasladándose de la naturaleza a la tecnología. Como señala el historiador David Nye en su obra American Technological Sublime (1996), la admiración por paisajes naturales como el Gran Cañón fue reemplazada por la maravilla de las fábricas, los aviones y, más recientemente, las computadoras.
Un ejemplo local de este fenómeno es la Bienal de Arte de Nuevos Medios Videoakt, que se celebra actualmente en Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Lima. Durante tres meses, la bienal presenta una fusión de tecnología y arte que desafía las percepciones del público. Las obras incluyen instalaciones interactivas y piezas de realidad virtual que no solo buscan impresionar, sino también iniciar un diálogo sobre cómo la tecnología puede moldear positivamente la sociedad.
Otro ejemplo relevante es el Museo de la Ficción, una instalación presentada hace unas semanas en el ICPNA de Miraflores, que utiliza una configuración de cuatro pantallas que rodean a la audiencia, creando una experiencia visual de 360 grados que sumerge a los espectadores en un espacio narrativo mediado tecnológicamente. Esta disposición evoca una forma moderna de lo sublime, donde la tecnología no es solo el medio, sino también parte integral del mensaje.
Estos eventos no son solo exhibiciones; son laboratorios de innovación que exploran la frontera entre lo real y lo virtual, y la sinergia entre arte y tecnología. Además están las redes sociales que juegan un rol crucial en la difusión y amplificación de estas experiencias. Los asistentes comparten sus vivencias, fotos y videos en línea, generando un efecto multiplicador, extendiendo el alcance e inspirando potencialmente a otros a participar en eventos similares.
Hoy, lo sublime matemático se manifiesta en la era digital como el poder abrumador de las bases de datos y la capacidad de la tecnología para procesar información de formas que superan nuestra comprensión, una dinámica que solo continuará acelerándose.
En última instancia, el reto para el ser humano del siglo XXI es navegar este paisaje tecnológico con asombro, pero también con un sentido de responsabilidad crítica, encontrando un equilibrio entre el avance tecnológico y principios como la ética, privacidad, accesibilidad y equidad. Esto implica: garantizar que la hiperconectividad no sacrifique derechos individuales, asegurar que las tecnologías beneficien a todos y analizar si los sistemas tecnológicos están fortaleciendo o debilitando nuestra resiliencia. Además, debemos comprender cómo afecta la tecnología nuestras relaciones sociales y salud mental, aprovecharla para enfrentar desafíos ambientales sin aumentar su impacto negativo, y fomentar la diversidad cultural sin perder autonomía.
Es fundamental abrir todo esto al debate y a la reflexión colectiva, para que juntos podamos moldear un futuro donde lo sublime tecnológico esté alineado con nuestros valores más humanos.
Francesca Dasso.
Profesional altamente calificada en innovación digital, nuevos medios y cultura de datos. Economista por la Universidad de Brown y Magister en Nuevos Medios por la Universidad de Toronto. Actualmente es consultora independiente y docente. Recibió en 2019 el Premio Nacional de Nuevos Medios por el Ministerio de Cultura del Perú.


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