Cuando en programas de radio, televisión y prensa escrita, persisten defensores en la no compra de armas y la inacción de las fuerza armadas en la lucha contra las nuevas amenazas, se deja en manos del azar de la historia, nuestro futuro como país soberano.
En América Latina y el mundo entero, el armamentismo es un tema de creciente interés, ya que no ha cesado la posibilidad de conflicto o guerra pues la hipótesis de conflicto, aumentan, disminuyen, pero no cesan.
El Perú, está en términos de modernismo de su parque de guerra, atrasado en 30 años. Desde la modernización de Mercado Jarrin, hasta ahora, solo se ha hecho tímidas innovaciones, y por lo que vemos en los conflictos actuales de Rusia –Ucrania o Israel- Irán, estamos en condiciones tecnológicas muy distantes.
Pero, alrededor de nosotros, los países vecinos, no están tan atrasados, pues mantienen un nivel de operatividad creciente, y eso, recogiendo las lecciones aprendidas en las guerras habidas en el Siglo XX, debe ser para nosotros, motivo de honda preocupación.
Esto último, se fundamenta en el interés nacional de cada Estado, en que con Ecuador, Colombia y Chile, la causa de conflictos, se fundamentó en apetitos territoriales que contenían riqueza naturales, que les permitieron lograr objetivos nacionales y de paso salir de la bancarrota fiscal. Esa constante, no varía, pues hoy mismo, los carencias económicas y sociales ante las amenazas que enfrentan así como carencias de agua y la riqueza de uranio de por medio, podrían ser constituirse en el leit motiv de futuros conflictos.
Si, persistimos en la limitación de recursos militares, no solo tendremos instituciones fundamentales encargados de desfilar al estilo de los despejes en Acho o de preocuparse solo de sus ascensos, sino que tendremos por mandato político, una fuerza militar inactiva, desmoralizada, aburguesada que ocasionó, pérdidas humanas y territoriales.
Como respuesta tardía pero efectiva, mientras pusimos en manos de los diplomáticos el arreglo con Colombia en 1932, ellos, en seis meses se armaron y obtuvieron su ansiada salida al Putumayo; las armas que usamos para ganar al Ecuador en 1941 fue porque el presidente Prado quiso lavar su apellido y tuvimos una empréstito que nos permitió comprar armas; las que usamos en 1981 y 1995, fue por la modernización de Velasco. Y que la derrota militar a las OO-TT PCP-SL y MRTA, demoraran más de lo previsto, por la falta de decisión política y crisis económica durante los gobiernos de Belaunde y García, respectivamente. En todas ellas, no tuvimos en cuenta lo dicho por Mercado Jarrin, de que, un país no se prepara para una guerra, se prepara para una guerra determinada.
La guerra que denominamos como determinada va acorde, hoy en día, con las nueva amenazas en la Región, las cuales son: amenaza convencional, terrorismo, delincuencia organizada trasnacional; droga, corrupción, lavado de activos, tráfico de armas; pobreza extrema y exclusión social, desastres naturales y de origen humano; deterioro del medio ambiente; trata de personas, ataques cibernéticos, etc.
Estas amenazas valen enfatizarlas, han modificado el porvenir de la paz, y que duda cabe, nos obligan a tener fuerzas militares operativas, dentro de un presupuesto limitado y condescendiente con las necesidades sociales y económicas del país.
Lo que no podemos es seguir desarmándonos unilateralmente, ser vulnerables, ni sustraernos por mandato de los enemigos de la Patria, al uso miliar de origen constitucional, ni tampoco seguir sometiéndonos a una legislación que impide el uso legal de las armas, que libera delincuentes y encarcela de por vida a militares que luchan por defender a su propio país.
Dos sugerencia. La primera es que el comando de la lucha actual, recaiga en manos del Comando Comjunto de las FFAA, con apoyo de la PNP; y la segunda es que, es que para hacer frente a estas nuevas amenazas, debe destinarse el 10 % de las divisas provenientes de la minería a la defensa nacional, que es en fin de cuentas, la defensa de la sociedad peruana.
Dicho todo esto, creo firmemente que, es necesario que el Perú mantenga una estrategia de defensa sólida, con carácter disuasivo y no de dejar hacer, dejar pasar, a fin de afrontar las nuevas amenazas enumeradas líneas arriba, exitosamente.
Víctor Velásquez Pérez Salmon. Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001. Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.


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