Tal vez porque la valla formativa para hacer política es demasiado baja, tal vez por la evidente falta de liderazgo que existe, en la actualidad hay 31 partidos inscritos y todo indica que llegarán 11 más. Algo paradójico, porque en el país no hay 40 personas verdaderamente capacitadas para gobernar.
Mucho menos 40 partidos de verdad. La mayoría son simples maquinarias electorales, entelequias de coyuntura, registros de interés ante el JNE, partidos sin doctrina ni ideología, sin seguidores reales, y sin mística ni fe.
Todos los jefes de esos partidos quieren ser presidentes. Sea por ambición, por un protagonismo mal entendido, por ego mediático, por simple aventura electoral o porque sueñan con aparecer el día de debate.
No quiero ni imaginar cómo van a estar las ciudades poco antes de las elecciones: paneles publicitarios en cada esquina, pintas en las paredes, folletería invadiendo los hogares, parques con letreros y una enorme cantidad de promesas y/o mentiras, como aquella que ofrecía el gas a doce soles.
Felizmente no habrá discursos bélicos con tambores de guerra o amenazas xenofóbicas hacia aquellos que no tengan ascendencia o descendencia peruana, porque Antauro Humala ya no podrá ser candidato. Vizcarra, por sus graves problemas con la justicia, tampoco estará en carrera.
No está claro si las elecciones se adelantarán por una eventual vacancia, pero, lo que sí está claro es que ya se empieza a percibir un ambiente pre electoral.
Si esta situación política se comparara con el fútbol, estaríamos ante un conjunto de individualidades que no aceptan jugar en equipo porque todos quieren ser capitanes. Serán unos cuarenta competidores, y si la ley, lo permitiese, serían ciento cincuenta. Nadie sabe qué pasa al interior de esos partidos, cómo se manejan, qué hacen sus militantes, cómo hacen sus programas. Eso sí, todos recibirán un financiamiento estatal, y llegado el momento, más de un partido venderá los números de sus listas.
Pero más allá de eso, abordaré en estas líneas a algunos posibles pre candidatos. No puedo hacerlo con todos, de manera que hablaré sólo de algunos.
Rafael López Aliaga es, sin duda alguna, a estas alturas, un presidenciable. Tiene en su contra que para postular tendría que renunciar a la alcaldía, lo cual es muy poco serio; pero a favor el haber puesto las cuentas del Municipio en azul. Es el primer alcalde en décadas que ha sincerado las cuentas y puesto en salud el presupuesto municipal. Si, además, logra revertir el problema de los peajes como lo prometió, y consigue la nulidad de esos contratos, quedará muy bien posesionado para la próxima contienda.
Pronto iniciará la construcción de una pista de segundo nivel en la avenida Huaylas que llegará hasta la Panamericana sur, y está ampliando la vía expresa sin necesidad de imponer un peaje como lo quiso hacer Jorge Muñoz. Ha traído trenes donados por un valor aproximado de 700 millones de dólares. Sólo esa suma, 700 millones de dólares, es mucho más que varios presupuestos anuales de la Alcaldía de Lima. El tren conectará a la ciudad con el Callao, y a ambas ciudades con la sierra central. Además, está ampliando la Ramiro Prialé, aunque esta iniciativa venía de tiempo. Y está impulsando, mediante un acuerdo con la policía, la creación de un grupo de inteligencia con características similares a lo que fue el GEIN en la época de sendero, pero para la ciudad de Lima.
No debiera estar permitido que un alcalde o gobernador en funciones pueda renunciar a su cargo para postular a otro, pero la ley peruana no lo impide y, por lo mismo, muy posiblemente sea uno de los protagonistas de la próxima campaña.
César Acuña tiene muchos años como caserito en las elecciones presidenciales. Al parecer, le gusta postular, los años pasan y no se cansa de hacerlo. Pero el hombre de la raza distinta terminó siendo más de lo mismo. No ha resuelto temas como la inseguridad en La Libertad, tampoco ha podido convertir a su región en un polo de desarrollo. Pero su partido tiene presencia en el norte. Además, cuenta con dinero propio, tanta plata que hasta se dice que financiará de su bolsillo algunas de las campañas personales de sus colaboradores.
El líder de APP está impedido de entrar a Estados Unidos, y, de salir elegido, sería el primer presidente peruano que no podría pisar ni La Casa Blanca ni Naciones Unidas, en Nueva York.
No tiene cuadros de reemplazo que no sean de su propia familia, lo que convierte a su partido en una agrupación de liderazgo familiar. Una vez más, tendría que renunciar a su cargo de gobernador para postular a la presidencia.
El APRA tiene en estas elecciones la oportunidad de resurgir como el Ave Fénix. Ha logrado la reinscripción y atraviesa tiempos de recomposición. Sin el ex presidente, mucho ha cambiado. Pero es un partido con tradición y con una dirigencia entrenada, que supo tener presencia con sólo cinco parlamentarios en el último congreso en el que participó.
Jorge del Castillo, en el APRA, es siempre una posibilidad. Ha sido alcalde, primer ministro y congresista. Nunca ha postulado al cargo presidencial. Roque Benavides ha dicho que no postulará. Se habla también de dos jóvenes que desean hacer carrera política: Enrique Valderrama, con una presencia ascendente en los medios, y Carla García, todavía una incógnita en política.
Alan García no dejó a jóvenes formados, no se preocupó por dejar un entorno preparado desde la práctica del poder, pero sí un partido con identidad partidaria.
En Acción Popular la tarea seguramente será, ante todo, restituir la imagen del partido. Los penosos escándalos protagonizados por Los Niños y su díscolo actuar en el congreso, impactaron negativamente en la población y golpeó fuerte al partido. Pero Acción Popular es mucho más que eso. Ha llegado tres veces a la presidencia (Merino no cuenta, salvo por el cobro de su pensión) y seguramente Alfredo Barnechea y/o Víctor Andrés Belaúnde sean los encargados de devolverle al partido la consistencia y el vuelo que siempre tuvo.
En el PPC, hay varios pre candidatos. Carlos Neuhaus es un miembro histórico del PPC, reconocido por su impecable trabajo en Los Panamericanos.
Pero también está Javier González-Olaechea. Se trata de una persona preparada. Durante los años que vivió en el extranjero, no dejó de estudiar. Lo hizo en Argentina, Suiza y Francia. Tiene un doctorado en Ciencias políticas, claridad de mente y la energía suficiente para liderar un gobierno. Mantiene siempre una visión de estadista. Es probable que, de salir elegido como el candidato de su partido, pueda aglutinar un frente de centro derecha. Dejó la cancillería con el más alto porcentaje de aprobación en el Ejecutivo.
Hay muchos más candidatos en el panorama electoral. Nieto, por ejemplo, es una persona preparada. Seguramente Verónica Mendoza intentará postular, negándose una vez más a pasar por la prueba grafológica que la desvincularía de la agenda de los Humala. Está De Soto, que lo intentará por última vez, Diez-Canseco, Chiabra y la eterna candidata Keiko Fujimori, entre otros.
Hay también otros pre candidatos que serán nuevos en política. Carlos Espá, por ejemplo, es uno de ellos. Está muy bien preparado, tiene mucha cultura política y una gran capacidad de debate.
Algo debe quedar muy claro en estas elecciones: de muy poco nos servirá elegir a un buen presidente si no se elige también a un buen congreso. Postularán como ocho mil candidatos. Sin un Congreso bien elegido, difícilmente se podrá generar una política reflexiva, mesurada e inteligente, sin transfuguismo o intereses bajo la mesa. Con los parlamentarios como los que hemos tenido, ni Bill Clinton hubiese podido hacer un buen gobierno. De ahí que, en las próximas elecciones, al final de cuentas, más importante que elegir a un buen presidente, será elegir a buenos parlamentarios.
Se dice que no elegir bien es culpa de los electores, pero en realidad esto comienza con la selección interna que hacen los partidos para la conformación de sus listas de congresistas.
Es ahí, en esa selección, a veces irresponsable, a veces sesgada, a veces comprada y/o dirigida por intereses económicos o delictivos, donde se han gestado capítulos vergonzosos de la política parlamentaria.
Manuel Escorza Hoyle
Abogado y psicoterapeuta


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