José Roberto Rendón

Nuestros adultos mayores merecen nuestra atención

Si sobrevivimos, muchos llegaremos a la tercera edad. Es la etapa de la vida que merece la atención familiar, la sociedad y el Estado. La INEI dio a conocer que de acuerdo con las proyecciones de población al año 2024, los adultos mayores en nuestro país totalizaran 4´747.803 o sea es el 13,9% de la población peruana, de ellos, el 52,8% son mujeres y el 47,2% son hombres y se señala que la mayor proporción se encuentra en el área rural (47,2%), seguida de Lima Metropolitana (45,8%) y el resto urbano (38,4%).

El llegar a la tercera edad es una esperanza de todos. Sin embargo, nuestros mayores tienen connotaciones negativas propias de la vejez porque sienten soledad; es frecuente que viven con delicada salud propia de la edad lo que consideran que puede significar una carga para sus familiares. Si el/la compañero/a de su vida ha fallecido, si sienten aún más solos. Es frecuente que nuestros ancianos sufren de deterioro cognitivo, enfermedades cardiovasculares, debilitamiento del sistema inmune, depresión o pérdida sensorial y otras dolencias.

Ante ello, no esperemos el Día de Adulto Mayor (26 de agosto) para dedicarnos a ellos. Todos los días de nuestra existencia debemos dedicarnos a ellos; nos han dado la vida y todo lo que tenemos y aún viven al lado de nuestros hijos. ¡Jamás los dejemos solos!; deben estar acompañados por el entorno familiar, los amigos y todos en general para que siempre se sientan acompañados. Es verdad que hay entidades que se dedican a ellos, pero no es suficiente. Debemos actuar para su felicidad permanente.

Que nuestra preocupación sea que mantengan buena salud física y mental; que su alimentación sea sana y saludable, que duerman lo suficiente, que realicen ejercicios propios de su edad y actividades de entrenamiento saludable, que tengan controles médicos periódicos. Respetemos su individualidad, costumbres y anhelos, que sientan la estima y que se autoestimen ellos; reconocer sus logros, mejorar su comunicación con sus familias, amigos y vecinos. Hagamos que realicen y participen en actividades como bailar, cantar, jugar con los nietos, caminar, leer o cuidar plantas, que organizados salgan de paseo en conjunto con ancianos amigos a visitar museos, parques, ruinas, si pueden que vayan a espectáculos, en fin, en actividades que pueden ayudar a combatir el aburrimiento y la soledad. Debemos mejorar sus condiciones de vida, que se mantengan activos. A un si tuvieran enfermedades graves (cáncer, alzhéimer, párkinson, deterioros en sus articulaciones, etc.) debemos hacer que sean oportuna y permanentemente atendidos en centros médicos. ¡Que no sientas que son una carga!

En los lugares y/o barrios en que domiciliamos o viven nuestros padres, es probable que haya otros ancianos. Pues, los jefes de familia (padre y/o madre) que se comuniquen con los vecinos para reunir diariamente a los abuelos para que organizados realicen actividades que los entretengan y ayuden a conservar la salud; por ejemplo, en grupos organizados – con programaciones diarias y/o semanales – puedan hacer ejercicios, cantar, bailar, contar chistes, que podrían realizarlos en algún domicilio y/o en un parque y/o en un establecimiento dedicado a los ancianos, también pueden en forma programada en algunos días de semana, ir de paseos a visitar museos, parques emblemáticos, iglesias, ruinas, caminar por avenidas, ir a espectáculos, etc. Puede ser que en conjunto las familias se organicen para que – debidamente programados – en cada actividad haya una persona adulta electa que voluntariamente los organice, acompañe, dirija, cuide y puedan movilizarse con seguridad no solo en calles sino en medios de transporte; para ello pueden programar horarios diarios y/o semanales para que los abuelos en cada día sepan lo que deben realizar. Así en cada ciudad diariamente habrá grupos de ancianos que realizan actividades.

Debe invocarse a las autoridades ministeriales, municipales, entidades culturales, etc. que en cada barrio haya lugares para las reuniones cotidianas de los abuelos para que realicen sus actividades previamente organizadas; Puede disponerse que los ancianos y sus guías no paguen las entradas a museos, parques, zoológicos, espectáculos y aun en medios públicos de transporte. Deben periódicamente, que médicos (que presten servicios públicos) realicen visitas a los barrios para controles médicos a los abuelos.

La tarea de todos es cuidar a quienes nos dieron la vida, nos cuidaros, educaron y dieron la vida por nosotros. No dejemos solos a los abuelos.

José Roberto Rendón Vásquez
Más de 40 años desempeñándose como profesor de derecho laboral de la Universidad de San Marcos, fue segundo vicepresidente de la Comisión Reorganizadora de la Universidad de San Marco de 1995 al 2000. Tiene el grado de doctor en derecho por la Universidad de San Marcos, además se ha desempeñado como vocal en la Corte Superior de Lima y fue asesor del directorio de Shougan Hierro-Perú, además ha seguido cursos de especialización en la Universidad Carolina de Praga (República Checa).

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