Columnas José Roberto Rendón

Fortalezcamos la familia, la vecindad y la patria

Como seres humanos, varones y mujeres, hemos formado nuestra familia. El padre debe laborar para el sustento, y muchas veces, ambos cónyuges y/o convivientes lo hacemos con empleos y/o labores económicas que vamos formando y con lo ganado solventamos el sostenimiento de la familia que hemos formado. En el transcurso de nuestras vidas tenemos amigos, compañeros de trabajo, vecinos con quienes compartimos comprensión, solidaridad, beneficios y también problemas que fraternalmente debemos superar.

En primer lugar, está nuestra familia (padres, hermanos, cónyuge y/o conviviente, hijos y otros descendientes) que con amor fraterno debemos consolidar y superar los problemas que se presenten en la vida. Hagamos que nuestros ingresos por trabajo (remuneraciones, ganancias de inversiones, ahorros y otros que pidiéramos tener) cubran dignamente el sostenimiento familiar (alimentos, vivienda, vestuario, educación de hijos, movilidad, recreación, etc.); seamos prevenidos para las necesidades de salud, tercera edad que nos puede llegar. Formemos a nuestra descendencia para que afronten su vida con trabajo honesto. No olvidemos nuestra atención a quienes nos dieron la vida, nos cuidaron, formaron educativamente; ellos no nos piden nada, pero démosles todo lo que necesitan: amor filial, cuidados, acompañamiento permanente porque merecen ser felices con sus hijos y nietos.

En el trabajo, seamos solidarios entre compañeros y compartamos no sólo experiencia sino estar organizados con autodisciplina y valor. Que todos contribuyamos con el éxito de nuestro centro de trabajo. Y si hay necesidades sindicales seamos solidarios, sensatos y valientes. La unidad consiente nos fortalecerá y obtendremos que se reconozca nuestros sensatos pedidos y que patronos y autoridades laborales y/o gubernamentales reconozcan y respeten nuestros derechos de asalariados. Si tenemos actividades económicas por nuestra cuenta, que la producción de bienes y servicios sea con calidad y con precios razonables (que puedan cubrir razonablemente nuestros presupuestos y la obtención de ganancias). No dejemos de cumplir con nuestros aportes (impuestos) al erario nacional y cumplamos las disposiciones legales vigentes relativas a nuestras actividades productivas y/o económicas.

Con nuestros vecinos, desde que llegamos a vivir en el lugar, seamos amigos y solidarios. Todos los vecinos del barrio tenemos semejantes necesidades: presentación del lugar, limpieza, seguridad, etc. y con ellos debemos con amistad, solidaridad, comprensión y unidad estar voluntariamente organizados y disciplinados. Que el problema de un vecino sea ocasión para reflejar nuestra solidaridad; aunque el afectando por un problema vecinal sea discreto, que él sienta que sus vecinos pueden contribuir a una solución. En todo barrio hay niños (varones y mujeres), estudiantes, hagamos que no solo que sean amigos; nosotros podemos organizarlos –según sus edades– par que cotidianamente realicen deportes y juegos (compitan deportivamente), que se reúnan en algunos lugares como parques y/o establecimientos para que programen los días y semanas para que realicen sus actividades (canten, reciten, bailen (sobre todo folklore), escriban cuentos, poesías, hagan pinturas, cuenten historias y experiencias), Todo será una contribución a su formación. En el caso de los ancianos, que cada día o en la semana se reúnan y se organicen en lugares prestablecidos para que igualmente se entretengan cantando, recodando sus bailes, humores, que organicen paseos, visitas semanales a museos, ruinas (locales), plazas públicas importantes, iglesias, parques zoológicos, playas (en verano) siempre acompañados de un padre y/o madre que voluntariamente (por turnos) acompañe, guie, conduzca y cuide a los ancianos.

Con nuestra patria, hagamos que los ciudadanos –sin distinciones ni excepciones– cumplan sus deberes legales y morales, que si tienen concepciones doctrinarias o políticas no las utilicen para obtener beneficios (aprovechamiento) personales, que no caigan en la corrupción política. Que todos entiendan que la política es para servir al país y sin excepción a todos sus ciudadanos. Si llegaran a ser electos en los Poderes estatales, gobiernos locales o municipios, en primer lugar, que sean honestos, y que se dediquen con inteligencia y prudencia a solucionar los problemas nacionales de modo que todos los servicios públicos sean eficientes. Es necesario que los magistrados del Ministerio Público y Poder Judicial administren justicia sin politizaciones ni dilaciones (que no hagan uso indebido de “la autonomía, independencia y exclusividad”) y que los funcionarios públicos –sin excepción de niveles– sean eficientes.

Que todos cumplan con el fin supremo de la sociedad y el Estado: “la defensa de la persona humana y el respeto a su dignidad”.

José Roberto Rendón Vásquez
Más de 40 años desempeñándose como profesor de derecho laboral de la Universidad de San Marcos, fue segundo vicepresidente de la Comisión Reorganizadora de la Universidad de San Marco de 1995 al 2000. Tiene el grado de doctor en derecho por la Universidad de San Marcos, además se ha desempeñado como vocal en la Corte Superior de Lima y fue asesor del directorio de Shougan Hierro-Perú, además ha seguido cursos de especialización en la Universidad Carolina de Praga (República Checa).

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