Columnas Miryam Patricia Falla Guirao

  El clamor bioético

No resulta novedoso  afirmar que la educación en nuestro país necesita de una verdadera reingeniería. Materias que antes eran importantes, ahora han pasado a un segundo y casi invisible plano en los colegios y en las universidades. Educación Cívica  y Educación familiar (por darles un nombre más clásico) son un claro ejemplo. Pero existe un campo que debería ser incluido desde la escuela y en casi todas -por no decir, todas- las carreras universitarias.  Se trata de la Bioética, disciplina creada en 1970 por un teólogo y químico estadounidense llamado Van Raensselaer Potter, quien intentó unir dos campos del saber fraccionados: el científico y el humanístico.  La Bioética, como su nombre lo indica, es la aplicación de la ética a los ámbitos vinculados con la vida, la salud, la experimentación científica con seres humanos y animales, la biotecnología y el uso de la técnica en territorios  como la inteligencia artificial y el transhumanismo, etc.

Los mejores bioeticistas son generalmente filósofos, porque al contar con el conocimiento de la ética como disciplina filosófica, pueden analizar con mayor profundidad los complejos casos de perplejidad que se presentan en la práctica de la medicina y el uso de la biotecnología. También, por supuesto, profesionales de las diferentes áreas que exijan  una formación previa en estos saberes.  

La Bioética debería incorporarse a las mallas curriculares de los centros de estudios. Aunque en la etapa escolar, los alumnos reciben un curso de filosofía en la secundaria, hoy por hoy es indispensable recurrir a la Bioética como materia aparte o diferenciada. Resulta imperativo que los ciudadanos, desde edades tempranas, aprendan a familiarizarse  con los diferentes dilemas morales de nuestro tiempo y  los que vendrán.  Será difícil e improbable no enfrentarse a situaciones que requieran la presencia de esta disciplina, trátese de problemas acerca del inicio de la vida o bien de la sexualidad, el fin de la existencia, la naturaleza de nuestro cuerpo finito o el trato con los animales o los ecosistemas, etc. 

Las realidades sociales y económicas influyen mucho en este apartado, pues cada caso se desarrolla en un contexto específico y exige un análisis preciso para su resolución.  La ética no es una disciplina rígida ni deberá serlo, ya que nuestra realidad es variopinta, múltiple. Se trata de buscar soluciones bajo la tutela de ciertos principios que protejan la vida, la salud, el medio ambiente, la dignidad de la persona, cualquiera sea su naturaleza cuando se produce el conflicto (llámese cigoto, embrión, feto, etc.) y otros contextos problemáticos.  

La Bioética no es tema exclusivo de médicos ni suple a la Ética Médica, sino que debe ser asumida por biólogos, psicólogos, abogados, químicos, patólogos, médicos veterinarios, sociólogos, educadores, humanistas, y todo aquel que actúe con perspectiva interdisciplinaria.  La ética no es un área inflexible, porque tiene que abordar y confrontar un mundo heterogéneo; en ese sentido, se guía por principios que han de ser correctamente aplicados en la diversidad. 

Existe una llamada Bioética Clínica o Principalista, cuyos padres son los estadounidenses Tom Beauchamp y James Childress en 1979. Se inspira en las nociones de Beneficencia, No Maleficencia, Autonomía y Equidad o Justicia.  Por otro lado, existe la Bioética Personalista que cada vez atrae hacia sí más adeptos. Esta corriente está basada en las doctrinas de figuras relevantes, como Mounier y Zubiri. Pero fundamentalmente fue creada por el italiano Elio Sgreccia.  

Las directrices de la Bíoetica Principialista no tienen por qué estar en contraposición con las ideas personalistas, ya que los principios de Beuchamp y Childress pueden ser  aplicados a favor de la persona y en la investigación con formas de vida humanas y no humanas sin dificultad.

Los comités de Bíoética o Ética Médica están presentes en las facultades universitarias, los hospitales y los centros y laboratorios de investigación. Incluso, ya se habla de una Bioética de protección a los animales, sobre todo si van a ser utilizados en experimentos. La consigna es que el ser no sufra y, de ser necesario, se le aplique la eutanasia. Esta figura es distinta cuando  involucra seres humanos, pues en estas situaciones intervienen una serie de principios morales a tener en cuenta.

Ojalá que esta introducción a un horizonte tan crítico contribuya a pensar en la Bioética como un quehacer indispensable, desde las primeras etapas formativas, para instalarnos con adecuación en la sociedad que se va perfilando hoy de cara al futuro.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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