Dos eventos nacionales e internacionales han capturado mi atención en los últimos días.
De un lado, la histeria desatada en nuestra juventud por un streamer extranjero, un personaje del que no había escuchado nunca antes, y, de otro, las medidas anti migratorias ordenadas por Donald Trump.
Para mi asombro, el streamer llenó de jóvenes la plaza de Armas y hasta el alcalde, impresionado por la multitud congregada, lo nombró alcalde por media hora.
Como anécdota, pasa. Como fenómeno extravagante que nos deja perplejos, pasa. Pero tras ello se revela una realidad monstruosa que debe ser examinada.
Todo esto me deja con la impresión que nuestra juventud se siente desamparada de ideales. Dejada a su suerte por el fracaso rotundo de sus líderes.
Nuestros gobernantes se han desconectado de la realidad y no conectan con la sensibilidad de nuestra juventud. La han abandonado al punto que cualquier streamer o influencer extranjero, que ni siquiera habla castellano, es capaz de ganarse al instante el corazón y las mentes de millones de nuestros jóvenes. Una vergüenza.
El ejemplo que nuestras autoridades transmiten a nuestros jóvenes es de una bajeza e inmoralidad tales, que ignorantes e impostores alcanzan los más altos puestos del gobierno a base de títulos fraguados, con trampa o por componendas partidarias. El mérito y el esfuerzo no sirven en ello. La impunidad campea. Como resultado, nuestros jóvenes sienten traicionadas sus esperanzas de un futuro mejor y ni hablar de disfrutar de los beneficios de la modernidad. Lo que funciona es la cultura de los antivalores. Corrupción, codicia, degeneración moral y un trastocamiento total de valores. Eso es lo que ven y que explican su histeria por un streamer extranjero que los convoca al instante y que ni siquiera les habla en castellano.
Es la consecuencia de un estúpido divisionismo y odio inyectados en nuestra sociedad por ministros de lengua viperina y llenos de complejos que precisamente por esas malas artes llegaron a lo más alto del poder.
Necesitamos inculcar a la juventud amor y orgullo por su patria. Por una patria unida. Por un Perú grande y próspero. De otro lado no habrá futuro para nuestro país.
La solución que la juventud tenía a la mano para salir de este estrepitoso fracaso, era migrar al extranjero. De preferencia a los Estados Unidos.
Pero Trump ha cerrado ahora esa opción. No podemos culparlo a él de nuestros fracasos. Ël hace lo mejor que puede por su país. Nosotros tenemos que hacer lo mejor que podamos por el nuestro. No equivoquemos el diagnóstico.
Para empezar, es hora de tener un gobierno que rescate las esperanzas de nuestra juventud. Para que no piense en irse del Perú. Que sepa que acá tiene un futuro. Para ello, debemos organizarnos debidamente y proponernos crecer por encima del 5%, (si es posible a más del 7 %) para duplicar nuestro PBI en diez años.
Pero eso requiere de gobernantes que den la talla. Que den buen ejemplo. Que sean capaces y eficientes. Necesitamos a los mejores en cada puesto para mejorar nuestra productividad en todos los campos. Un gobierno que sea capaz de hacer las reformas necesarias que nos permitan crecer y aprovechar nuestro potencial al máximo.
Estamos en una encrucijada. La coyuntura internacional nos favorece. Nuestra historia milenaria, nuestra bio diversidad y multiculturalidad, así como nuestra envidiable posición geoestratégica lo exigen. ¡Ahora o nunca!
Peter Sanguineti
Gerente General en Brokergym Peru.
Graduado en la Universidad Nacional Agraria La Molina.


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