La ética como disciplina filosófica no es una materia rígida.  Si bien se nutre de principios a los cuales recurrir en casos de perplejidad, estos deben adaptarse a las situaciones concretas para tener la seguridad de que funcionan.  La ética médica es quizá el mejor escenario para analizar los mismos, ya que nos enfrentan a situaciones verdaderamente complejas.

Hace poco un médico me preguntaba sobre el caso de auxiliar a un individuo como parte de un contexto en el cual se hiciera necesaria su intervención: aun sabiendo que después este sujeto lo mataría, su deber lo obligaba a asistirlo.  Yo le respondí que, ante tal circunstancia, él no tenía el deber de auxiliarlo solo si estaba plenamente seguro de que luego lo aniquilaría.  Se trata de un caso de defensa propia. Pero él insistía en que su juramento como médico lo exhortaba a velar por el indefenso. 

La situación, aunque parezca intrincada, no lo es tanto.  Imaginemos  varios ámbitos en los que el enfermo, después de recuperada la salud, atenta contra la vida del médico, incluso si hace intervenir a terceras personas para que efectúen el asesinato. Frente a esta certeza hipotética, el médico no tiene la obligación de asistirlo, porque tendría que proteger en primer lugar su propia vida. Pero, como insisto, la seguridad de que este escenario se presentara en un alto porcentaje probabilístico, lo coloca en el terreno de la legítima defensa.

El deber no es un acto de rango absoluto, ni siquiera para Kant. El deber solo por el deber, no existe, sino que se da como adhesión a la ley moral situada en la conciencia del hombre y cuyo objetivo es, para Kant, el Reino de los Fines, es decir, de la realización de las personas.  Se llama también Bien Común o una Sociedad de la Concordia

¿Puede un acto malo generar un acto bueno? Cuando nos decidimos por el mal menor, no nos hallamos frente a una situación buena y otra mala, o dos buenas donde se elegiría la mejor, sino que nos situamos ante dos opciones negativas.  Al elegir el mal menor, en realidad se está eligiendo un mal de proporción más pequeña.  Esto no quiere decir que tal acto sea malo. Como acto consciente, deliberado, libre y responsable, es decir, como acto humano bueno, se elige el mal menor en aras de un bien mayor, y por qué no decirlo, de la propia justicia.  Los actos malos nacen de las malas intenciones, las cuales no anclan en buen puerto; a veces, las malas intenciones se disfrazan de buenas.  Por eso, la ética como espacio de la moral se mueve en el terreno de la conciencia. Una limitación del derecho positivo, que solo ve  acciones, puede iluminarse en favor las pruebas indiciarias, que son las conducentes a un esclarecimiento óptimo de la verdad.

Nuestro amigo médico, citado al inicio, estaría enfrentado a una circunstancia de este tipo ante la cuasi certeza de que su acción salvadora terminaría en una tragedia.  Recordemos la exitosa serie de los años sesenta El Fugitivo (1963-1967). El protagonista, un médico pediatra, Richard Kimble, acusado de un crimen que no cometió, se ve obligado en algunas ocasiones a salvar de peligro de muerte  al implacable teniente Gerard, huyendo tan pronto como pueda, a sabiendas de que el agente de la ley no dejará de perseguirlo. Además, existe la posibilidad de que el policía no lo encuentre nunca.  Esa era la lógica de su acto: proteger la integridad del vulnerable, sea quien sea, pese a sus propios intereses. Ello le daba la oportunidad de escapar, en el contexto de la serie, habiendo cumplido con su deber moral hipocrático. Anecdóticamente, Kimble  finge en un episodio una falsa muerte, con el fin de que la persecución cesara o tuviera más tiempo para localizar al culpable. 

El Principio del Mal Menor es un corolario del Principio del Doble Efecto, el cual no debe ser a plenitud sustituido por aquel.  Su enunciado reza: el mal que se tolera debe ser proporcionalmente grave al bien que se persigue.  Una condición crucial es que no sea posible evitar la causa. Esto llevaría a que el médico aludido no impida que el sujeto vulnerable lo ultime.  Solo bajo estas premisas es plausible la aplicación del polémico principio que ofrece varias instancias. Pronto las analizaremos en este espacio.

Lo importante es que toda acción debe redundar en favor del bien personal como instinto de supervivencia y del Bien Común en general: la Justicia Social para muchos.  Los casos de ética médica nos invitan a reflexionar sobre los principios y la funcionalidad de la ética como disciplina normativa.  He ahí el quid del asunto.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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