El estatismo y la tiranía – aquí, en la China, y en la Cochinchina – suelen ser hermanos de la corrupción y la barbarie. Van de la mano. Son como el hambre y la necesidad. Los unos no existen sin los otros. El estatismo, la tiranía, la corrupción y la barbarie conviven entre sí, en una relación simbiótica: los unos se alimentan y protegen entre sí. Y lo que es peor, el estatismo y la tiranía siempre pretenden perpetuarse en el poder. Y con ellos desaparecen las libertades, y el poder se ejerce sin divisiones ni restricciones. ¡Chau libertad, chau democracia, chau dignidad!

Ejemplos tenemos muchos, pero aquí van los más conocidos y emblemáticos: la Unión Soviética con Stalin, Alemania con Hitler, Italia con Mussolini, China con Mao, Camboya con Pol Pot, Corea del Norte con Kim Il Sung. Y aquí en el vecindario, tenemos los casos de Cuba con Fidel Castro, Venezuela con Chávez y Maduro, y Nicaragua con Ortega.

Como se ve, hay estatismos y tiranías de derecha y de izquierda. El problema es que cada cual es más pernicioso que el otro. Todos los estatismos son corruptos, arbitrarios y empobrecedores. Todos son abusivos, criminales y hambreadores. Todos son elitistas, clientelistas e ineficientes. La pregunta es ¿queremos los peruanos un estatismo tiránico como aquellos?

Insisto. El estatismo y la tiranía siempre degeneran en corrupción y barbarie. Y como se ha visto a lo largo de la historia, las poblaciones de aquellos regímenes se empobrecen hasta el extremo de la hambruna. Por ello, los cubanos y los venezolanos salen masivamente de su país. ¡No tienen qué comer! ¡Lo han perdido todo! ¡No tienen futuro!

El estatismo y la tiranía acaban con las libertades, empezando con la libertad de prensa y opinión. Acaban con la propiedad privada. Y con ello desaparecen la iniciativa y creatividad de las personas. Con el estatismo y la tiranía desaparece también el principio de la igualdad ante la ley. Y se acaba la democracia y los derechos de las personas.

Ahora bien – en referencia a nuestro querido Perú – nadie niega que haya corrupción y pobreza… y mil males más. El punto es que sólo en democracia y libertad podemos aspirar a corregir dichas lacras e injusticias. Sólo con libertad de prensa y opinión se puede conocer la verdad. En tiranía es imposible. En tiranía, la verdad es la verdad del tirano. El tirano piensa por el pueblo, y no deja pensar al pueblo. Por ello – y por muchas cosas más – no debemos andar con medias tintas frente al estatismo y la tiranía.

A ese respecto, dialogar, consensuar y tolerar son cosas buenas. En realidad, son grandes virtudes… las tres. Sin embargo, hay casos en los que dialogar resulta una pérdida de tiempo, consensuar se torna imposible, y tolerar – en vez de una virtud – se torna en una expresión de debilidad. Efectivamente, existen diálogos de sordos, consensos utópicos, y tolerancias permisivas. Ese es el caso cuando están de por medio el estatismo y la tiranía… por ejemplo.

Efectivamente ¿cómo dialogar con los propulsores de más estatismo del que tenemos en nuestro país, si tenemos un Estado fallido por donde se le mire? ¿Acaso el Estado – nuestro Estado – no es el mayor obstáculo para las inversiones empresariales… y por ende, para la generación de empleo? ¿Acaso no estamos carentes de los más elementales servicios públicos: agua, salud, educación y seguridad? ¿Acaso no tenemos que recurrir a gobiernos extranjeros para construir hospitales, carreteras y recintos deportivos, ya que el Estado – nuestro Estado – es incapaz de hacerlo de manera eficiente y honesta? ¿Cuándo – a lo largo de la historia – el Estado peruano ha sido eficiente y servicial, de cara a la ciudadanía? ¿Para qué – entonces – quieren algunos estatizar aún más la economía del Perú? ¿Qué tienen los estatistas peruanos en la cabeza?

¡Y pensar que Pedro Castillo – ayer nomás – pretendió dar un Golpe de Estado para perpetuarse en el poder, y establecer una tiranía estatista! Repito: ¿Qué tienen los estatistas peruanos en la cabeza?

Ica, 24 de febrero de 2025

Fernando Cillóniz.
Culminó sus estudios de Ingeniería Económica en la Universidad Nacional de Ingeniería (Perú). Estudió un MBA en Escuela de negocios Wharton de la Universidad de Pennsylvania. Ha sido director del Banco Internacional y miembro del Consejo Consultivo del Diario El Comercio. Fue ex regidor de Ica.

1 comment on “Estatismo y tiranía

  1. Luis Delgado Glave

    Como siempre muy de acuerdo con sus acertados comentarios pero queria mencionarle que he quedado tristemente sorprendido por su participacion en compañias relacionadas con Oderbrech, no esta cometiendo ningun delito ni se le puede acusar de nada pero creo que en estos meses de campaña Ud levanto grandemente la esperanza de muchos peruanos que lo seguimos y que entendemos que sin achicar el tamaño del Estado NO hay recuperacion posible, sus planteamientos politicos y administrativos en general son necesarios en este momento en nuestro Pais y me temo que sin Ud al frente esos planteamientos no seran defendidos y expuestos de la manera correcta. En sus declaraciones menciona la necesidad de defender a los agricultores del Norte y por eso su incursion en este proyecto con la compañia mencionada, siendo sus razones totalmente validas creo que en este momento Ud debio darle mas importancia a defender al Pais entero que lo necesita mas que solo los agricultores norteños. Se que seguira siendo alguien en quien se puede confiar pero politicamente ha creado una sombra que sera muy bien aprovechada por los izquierdistas y todos los corruptos que deben estar aplaudiendo su decision de defender una compañia tan desprestigiada en el Peru. Saludos

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