Víctor Velásquez
El 26 de abril del 2026 se llevará a cabo las próximas elecciones presidencial y parlamentaria. Es necesario analizar el contexto socio político de los últimos años y plantear los escenarios futuros, los mismos que solucionándose nos llevarían de un cuarto de guerra actual a un cuarto de paz, esperanzador.
En los últimos veinte años, los procesos electorales han estado macados por el anti fujimorismo y el realce de una clase política que empezó a gestarse con el Foro Democrático, el mismo que se relativizo con el “caviarismo” y aterrizo de emergencia en una izquierda radical y satélites regionales, que junto con una derecha cómplice, amenazan con acabar con la democracia.
Según la ONPE, los resultados al 100% en el 2021 en primera vuelta dieron a Castillo el 18. 9 % y a Keiko el 13.4 %. Entre los 18 candidatos los partidos de izquierda obtuvieron el 28. 3 %, los de centro el 31 % y los de derecha el 39.8 %. Si sabemos que el Peru no es un pais de izquierdas, si la fragmentación de votos en el 2021, se verá potenciada en el 2026, y si Keiko persiste en ser candidata, y al pasar a segunda vuelta gana su adversario, cualquiera que este sea, y si las alianzas de centro a la derecha no se dan antes de lasvotación, la dudas que persistiremos o no en el modelo castrista- chavista-comunismo senderista, subsistirán hasta unos minutos antes de ir a votar.
Aclaremos, que la corrupción de varios gobernantes y sus redes, no ha sido óbice para que el país siga funcionando, pero si se nota un descuido en satisfacer las necesidades urgentes de la población más necesitada. La corrupción de derecha y de izquierda ha devenido, en ingobernabilidad, que ha permitido el aumento considerable de inseguridad ciudadana, migración descontrolada, minería ilegal, contrabando, trata de personas, profusión de organizaciones criminales del exterior y desde adentro, todo lo cual amenaza con volver a cero a nuestro de por si endeble sistema democrático.
En ese contexto, el estallido social post Castillo se mantiene limitadamente latente. Si bien la inflación o crisis económica esta lejos de producirse, nuevos visos de clientelismo como el de habilitar a que sean candidatos Cerrón o Vizcarra o el proselitismo radical de Humala o Bellido o Bermejo, junto con el objetivo de cambiar la Constitución o elegir una Asamblea Constituyente, podrían volver a “encender la pradera”.
No es verdad absoluta que de manera solitaria Odebrecht o la CIA, pusieron o quitaron presidentes. Que enriqueció a los dirigentes políticos, que aplazo obras en provecho del desarrollo nacional, que desfalco el erario nacional. Lo hicimos o lo permitimos nosotros mismos, con nuestra ausencia en las votaciones electorales, con nuestra deserción en protestas públicas, con nuestra indolencia colonial que aún tenemos dentro, con nuestra falta de voluntad de exigir un país mejor para nuestros hijos y nietos. He ahí la importancia de votar. De elegir. De saber elegir. De dejar atrás resentimientos y egoísmos que a nada bueno nos han conducido y de procurar con nuestra voluntad libre y soberana hacer del país en consecuencia también libre y soberano. En ese perder y perder oportunidades, los candidatos o candidatas, deben saber que queremos gobiernos que piensen en un país en el presente, porque si no desarmamos el nudo ideológico gordiano de persistir en apostar por un estado Empírico y vivir de espaldas al Perú Profundo, nos acogota, nos deshonra, nos envilece y no nos permite avanzar hacia un país mejor.
Si de elegir se trata, vemos varias opciones en el imaginario popular: el socialismo progre caviar; el fujimorismo; los demócratas desunidos; los perulibristas incendiarios, los que no saben, no opinan y los que optan gracias a las redes progre mantienen activos odios y resentimientos en activistas amateur o los votantes analfabetos. Claro con más de cuarenta candidatos, cientos de candidatos para elegir para congresistas y parlamento andino, a la hora de la hora, ganaran los que en las redes sociales tengan más acogida o los que tengan más carisma, o el azahar por la premura del tiempo para poder marcar la kilométrica cedula de votación, porque no habrá tiempo ni opción para dar a conocer planes ni programa de gobierno, pues se verán opacados por la continuidad de la criminalidad organizada (dinamitazos o balaceras por doquier), probables acciones violentas en el sur del país, o una u otra perla de corrupción en la clase política o dirigencial que ni el Valor de la Verdad podrá disipar.
El candidato o partido o alianza que quiera gobernarnos desde el 2026, debe saber que no queremos más inercia ni negligencia gubernamental que permiten que se caigan puentes, que los ríos arrasen comunidades enteras, que se caigan los colegios a pedazos, que por culpa de control en el suero fisiológico existan más muertes que lamentar ni que se mate a diario a empresarios desde choferes hasta transeúntes con su celular. No queremos más jóvenes que no estudien ni trabajen, y que la falta de oportunidades campee por doquier. No queremos que aumente la mamadera gubernamental manteniendo empresas estatales quebradas o en un sistema de ayuda social con bonos a costa de obras en salud, educación y seguridad. No queremos gobiernos que nos vendan previa cuenta en los bancos of shore al socialismo marxista- leninista- castristas- madurista. Queremos que se sustituya la receta estatal por la privada, para que no haya más huelgas en universidades ni programas de alimentación ni en obras públicas deficientes. Queremos una sociedad con ley ni orden. Queremos un país con futuro. Queremos que salven al Perú.
Víctor Velásquez Pérez Salmon
Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001. Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.


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