Columnas Manuel Escorza

Dina Boluarte 2025

Cuando abrió los ojos, la presidente todavía estaba soñando. Una bruma difusa oscilaba entre su sueño y la vigilia, bruma acorde con el clima de Lima, pues ya hacía frío. Por eso, esa noche no había dormido en palacio sino en su casa. En la madrugada, había soñado que caminaba, saludando a una multitud de niños de primaria que la aplaudían por indicación de sus profesores, aunque, eso sí, vigilados por francotiradores apostados en los techos.

 “Es una señal de que mi popularidad va a subir”, pensó. Lo primero que hizo al levantarse fue acercarse a su mesa de dormitorio para abrir su agenda y trazar una nueva rayita vertical en la última página. Lo hacía cada mañana, casi obsesivamente, y con el mismo lapicero. Así, con rayitas azules agrupadas de a cinco, contaba los días de su gobierno: auténticos días de sobrevivencia e incertidumbre pública.

“- Un día más, un día menos- ”, murmuró, repasando en el calendario cuánto faltaba para entregar la banda. Era su único objetivo: llegar al 2026, sea como sea, pase lo que pase.

La presidente se dirigió a su escritorio y se detuvo un buen rato frente a una de sus fotos. Era su foto con el Papa, esa en la que le jala y le jala la mano sin soltarlo, mientras sonríe a un fotógrafo que disparaba la cámara. La mayoría de los mandatarios no publican esas imágenes personales. Constituyen momentos muy privados, exentos del manejo mediático o demagogia. Pero la foto de ella, jalándole la mano al Pontífice, había dado la vuelta al mundo.

Desde que en palacio descubrieron que al otro lado del río hay una marquería, diversos funcionarios acuden ahí con cierta frecuencia llevando selfies de Dina. Dina tirando caramelos en Ayacucho, Dina en buzo misma Simpson, Dina con sus Rolex, Dina con sus joyas “regaladas por un fan enamorado”, en China hablando de chifas y de la Inca kola, y por qué no decirlo, también, Dina sonriéndole a la historia.

Una hora después, subió a su carro y, escoltada por sus doce vehículos, se dirigió a palacio. La mañana presagiaba un día frío.  Pidió su acostumbrado café y, ya en su oficina, sostuvo su primera reunión, con el ministro de economía.

– Ministro, ¿qué es de mi aumento de sueldo?
– Señora presidente, pensé que eso había sido dejado de lado.
– Me sorprende su respuesta, ministro. ¿Acaso no sabe  que su antecesor analizó el presupuesto de este despacho y concluyó que correspondía un aumento para mí? No es que yo lo quiera, sino que es lo justo, señor ministro. Y la justicia es sabia.
– Pediré información al respecto, señora presidente.
– Estaré esperando la resolución publicada en El Peruano. ¿Sabe, señor ministro? Toda mi vida ha sido una larga preparación para este mandato y me incomoda trabajar por chancay de a medio.
– Veré eso señora.
– ¿Todo lo demás, ok?, señor ministro.
– Sí, señora presidente.
– A propósito, ya que estamos hablando de chancays, ¿qué es del puerto de Chancay?
– Le comento señora que en los primeros tres meses ha dado…
– Bueno… después me lo cuenta.  Ya sabe, échele ganas al Ministerio. Lo felicito por su trabajo.
– Gracias, señora presidente.
Y el flamante ministro, incomodo, se retiró.

Dina sueña con recibir un aumento de sueldo porque considera que lo que gana será poca cosa como pensión cuando acabe su mandato. Siente, además, que esta iniciativa tendría el apoyo de Congreso. Al fin y al cabo, les ha dado tantas gollerías que no se lo negarían.

Algo pasa con ciertos mandatarios que, absorbidos por el poder, terminan perdiendo el sentido de la realidad. Hubo un presidente que pidió en público, a un grupo de criaderos, un caballo regalado para su esposa; otro, llamó al director de un banco para que se le condonara del pago de una deuda hipotecaria. “¿Por qué?”, le preguntó el funcionario. “¿Cómo que por qué?, porque lo estoy solicitando yo”, respondió. No han faltado los que han llamado a los periódicos para quejarse por ciertas noticias, y han tratado de sugerir lo que debería publicarse. Y ahora, Dina Boluarte busca un aumento de sueldo.

Para dicho fin, fue maquillado un presupuesto más amplio para el despacho presidencial. No le importó el impacto que eso podría tener en la ciudadanía, y mucho menos el 2% de aprobación que tiene en las encuestas. Parece estar desconectada de la realidad. De concretarse, además, la gente lo recibiría como una provocación y eso la dejaría sin legitimidad alguna.

Para colmo, la presidente le ha mentido al país, negando estos hechos. No se da cuenta que,  si llega a ser juzgada por los delitos que se le imputan, una de las medidas a tomarse será justamente suspenderle su pensión vitalicia.

Terminada la reunión con el ministro, Dina se quedó a solas en su oficina. Por la tarde, poco antes de la una, recibió a su ministro de Justicia.

– Buenas tardes, señor ministro.
– Buenas tardes, señora presidente.
– Usted se ha sacado la lotería porque al nombrar yo como premier al que era ministro de Justicia, usted ha sido nombrado en esa cartera, dijo la presidente.
– Yo estaré siempre para servir al país en el puesto que se me requiera, señora presidente.
– ¿Cuántos detenidos hay desde que impusimos el estado de emergencia?
– Esa información la tiene la policía, señora presidente.
– Entiendo…pero lo de las cárceles si es de su incumbencia, ¿cómo va eso?
– Estamos ampliando algunas e impulsando la construcción de otras, gracias al presupuesto que usted autorizó.
– ¿No habrá manera de acelerar sus construcciones?
– Estamos en los plazos.
– ¿Y si las hacemos de drywell, no sería más rápido?
– Eso no es posible…
– Sí, sí, lo sé: por las lluvias.
El ministro guardó silencio.

Dina Boluarte se ha convertido en la mandataria en funciones con más denuncias acumuladas. Tal vez algunas de esas denuncias sean exageradas, pero eso no impide que sea irritante que, en su defensa, la presidente mienta sin reparos, mostrándose confrontacional y hasta desafiante. El Congreso la blinda y ella confía en que todo quedará archivado al final de su mandato.

Quienes se embriagan con el licor o con el poder suelen olvidar que después de la fiesta viene la resaca.  Y todo indica que la resaca de Dina Boluarte llegará con acusaciones, largas investigaciones, juicios y seguramente escándalos diversos.

 Algunos se preguntan si seguirá los pasos de Alberto Fujimori, Nadine Heredia y el propio Castillo, cuando intentó asilarse en la embajada de México, o si enfrentará las investigaciones y juicios que se avecinan.

Si buscara asilo, a México no podría. Claudia Sheinbaum no se lo otorgaría. A Colombia tampoco y menos a Venezuela. Lula no lo permitiría en Brasil, y Chile y Bolivia también le cerrarían las puertas. Si intentara irse a Europa, seguramente sería devuelta. ¿A dónde iría? No parece que China esté dispuesta a exponer sus relaciones comerciales por ella. Lo más probable es que se quede sin tener plena consciencia de lo que le puede venir después.

Por la tarde, recibió al ministro de Relaciones Exteriores.

– ¿Cómo va lo de Estados Unidos?, preguntó.
– Hemos iniciado los contactos con las autoridades norteamericanas y con la Embajada de Estados Unidos, pero aún no hay una respuesta clara que permita abrir una carpeta de viaje, señora presidente.
– A mí quien me ha invitado es el vicepresidente, ese que le dijo a Zelensky que era un ingrato. Me parece un caballero y no puedo desairarlo. Chequée eso, por favor. Me gusta corresponder las invitaciones de los Estados Unidos.
– En eso estamos, señora presidente, tratando de formalizar la invitación.
– Quiero ir. Me encanta viajar al extranjero. Las condecoraciones, la comida, los hoteles, las fotos, el avión. ¿Y el Papa, viene en abril?
– Hemos transmitido su invitación, pero le adelanto que no es costumbre del Vaticano que los Pontífices visiten los países en época de elecciones. Tal vez por eso todavía no han respondido.
– Tiene que venir, eso es muy importante para mi popularidad. Si es necesario, podría considerar viajar usted mismo al Vaticano para reiterarle la invitación. Le encargo el tema.
El canciller se retiró en silencio y evadiendo a la prensa.

Es evidente que Dina Boluarte nunca se preparó para el cargo. Y no es del todo su culpa: jamás aspiró a ser presidente. Llegó ahí por azar, invitada por su amigo Vladimir Cerrón a formar parte de una plancha electoral. Justo días antes de que Castillo fuera vacado, fue exonerada – con la venia Cerrón – de una investigación en el congreso por ser la cajera de él en la campaña.

Como mandataria, ha protagonizado incidentes que han afectado la imagen del país. Se enfrentó al expresidente de México, y a raíz de eso, los peruanos perdieron el beneficio de entrar sin visa a ese país.  Viajó a China en buzo, sin tomar en cuenta que ella personifica a la nación. No saludó al presidente de Colombia en su reciente viaje a Ecuador, exponiendo las relaciones con ese país, cuando en realidad peruanos y colombianos somos buenos amigos.  Le jaló la mano al Papa para tomarse más fotos con él, y ahora pone en aprietos a la cancillería porque quiere viajar a Estados Unidos sin una invitación formal. Todo eso genera malestar en la población, pero ella se mantiene en una actitud desafiante. Incluso podría volver a incomodar al Congreso este 28 de julio, con otro discurso de cuatro o cinco horas, olvidando que su misión es darle armonía y tranquilidad al país, sin caer en provocaciones.

Mientras tanto, el país enfrenta un grave problema de inseguridad ciudadana. Acaba de inaugurar un aeropuerto que, según se comenta, es del tamaño de Magdalena del Mar, pero que cuenta con una oficina para la policía de sólo sesenta metros cuadrados. El aeropuerto, además, no tiene pistas de entrada para automóviles, por lo que han debido improvisar una, muy cerca de un río que en algún momento se puede desbordar.

Todas estas cosas suceden porque, desde hace años, el Perú no es gobernado por estadistas. La democracia peruana es frágil, inestable y profundamente imperfecta. No ha logrado el equilibrio entre la eficacia y la eficiencia, y ha terminado poniendo en el poder a personas sin la preparación adecuada.

Hoy, los puestos de las listas de candidatos para las próximas elecciones, están siendo comprados. Lo acaba de denunciar Hernando de Soto y no es el único que lo dice. En muchos casos, los fondos de la campaña vendrán de actividades ilícitas, y más de 40 agrupaciones recibirán dinero del Estado para hacer quien sabe qué con esa plata. ¿Qué hace el gobierno ante esta realidad? Dina lo sabe y no hace nada.

Parece creer que sólo debe sentarse a observar las próximas elecciones, sin darse cuenta que la vida de los candidatos estará en riesgo por las extorsiones si no se implementan planes adecuados de seguridad.

Pocos saben que en Palacio de Gobierno hay pasillos secretos, como en los castillos medievales o en las películas. Algunos de ellos se comunican con el salón dorado o con el gran comedor, otros son conductos de hasta tres pisos con entradas y salidas muy bien camufladas. Uno mira una pared y no sospecha que detrás hay un compartimiento secreto. En uno de esos accesos, por ejemplo, fue ocultada la sobrina de Castillo cuando la Fiscalía allanó la Casa de Gobierno.

Dina Boluarte parece estar ahí: escondida en esos pasadizos, tratando de pasar piola, a oscuras y sin lograr mirar la luz, desconectada del sentir ciudadano, perdida, encerrada en un laberinto, sin un mapa, brújula ni norte claro sobre lo que significa saber gobernar.

Esa visión borrosa con la que despertó esa mañana – entre el sueño y la vigilia- es también la metáfora del sueño despierto que está viviendo. Un sueño que nunca imaginó y sin rumbo, para el cual nunca estuvo preparada, y cuya falta de visión ha invadido su gestión. Esa niebla se ha instalado en Palacio de gobierno, hoy percibido por la ciudadanía como un lugar frío, arisco, distante y vacío de poder.


Manuel Escorza Hoyle
Abogado y psicoterapeuta

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