Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Hospital Belén de Lambayeque: Historia viva, cicatrices abiertas y esperanza en marcha

Más de 245, años han pasado desde que el Hospital Belén abrió sus puertas en Lambayeque, y aún sigue allí, firme en medio del desgaste, el descuido, la negligencia institucional… pero también sostenido por la memoria, la entrega de su personal y el agradecimiento profundo de miles de vidas salvadas. Una de ellas fue la del joven Juan Aita Valle, quien, siendo aún niño, fue salvado por los médicos de ese hospital. Años después, convertido en un destacado médico, jamás se olvidó de aquel acto de humanidad. Y no solo lo recordó, sino que lo devolvió con acciones. trabajó, gestionó y atendió como voluntario en ese mismo hospital hasta sus últimos días, sin pedir nada a cambio, más que el bienestar de su gente.

Ese tipo de historias debería inspirar a una generación entera, pero hoy el Belén también es símbolo de otra cara de la realidad. la del abandono, la burocracia ineficiente, las malas gestiones que han puesto en riesgo no solo su infraestructura, sino la salud misma de quienes confían en él como último recurso.

El hospital sobrevive porque su gente resiste. Médicos, enfermeras, técnicos y personal administrativo trabajan con lo que tienen… y a veces con lo que no tienen. Muchos hacen milagros sin medios. Hay turnos interminables, hay vocación real, hay coraje. Pero no alcanza. No puede seguir sosteniéndose solo en el sacrificio de sus trabajadores.

El Belén también ha sido víctima del aprovechamiento político. Autoridades que prometen modernizarlo pero desaparecen tras las fotos. Licitaciones sospechosas. Obras que comienzan y nunca terminan. Malos aprovechan un símbolo sagrado para jugar al corto plazo, mientras la población sufre y las paredes tiemblan.

Y sin embargo, ahí está. Testigo de epidemias, terremotos, huelgas y recortes, el Hospital Belén es parte de la identidad lambayecana. Ha visto nacer generaciones. Ha sanado a ricos y pobres. Ha albergado el primer llanto de muchos que hoy ya son abuelos. No es solo un hospital, es una historia viva.

Hoy, este legado nos exige algo más que nostalgia. Nos exige compromiso. El Belén no debe ser un monumento al olvido, sino una plataforma de cambio. Su reforma no puede postergarse más. No se trata solo de infraestructura. se trata de dignidad, de planificación seria, de inversión con rostro humano, de gestión pública honesta.

Como Juan Aita Valle, como tantos otros médicos, enfermeras y ciudadanos que dieron lo mejor de sí por este hospital, nos toca hoy responder a la historia con actos concretos.

Exigir transparencia.

Invertir con prioridad.

Recuperar el orgullo sanitario de la región.

Hacer del Belén no un vestigio, sino un referente de modernidad y justicia social.

No todo está perdido. La historia aún puede escribirse bien. El Hospital Belén de Lambayeque merece seguir salvando vidas con dignidad. Y nosotros, como región, como ciudadanos, como autoridades, merecemos estar a la altura de esa esperanza que todavía respira entre sus pasillos.es un honor recordar y recomendar nuestro patrimonio, qué hoy necesita el apoyo de todos con responsabilidad, Rafael Aita Campodonico.245 años es más qué una historia.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque

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