Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

El umbral de la publicidad: Cuando la verdad incomoda

En el debate público, pocas palabras incomodan tanto como “publicidad”. No hablamos aquí de anuncios comerciales, sino del principio republicano de que los actos de gobierno, las contrataciones públicas y los ingresos de quienes ejercen poder o manejan recursos del Estado deben estar expuestos a la luz ciudadana. Ese es el verdadero “umbral de la publicidad”, una línea invisible pero poderosa que marca la diferencia entre lo ético y lo oscuro, entre el servicio público y el aprovechamiento personal.

Curiosamente, son muchos los que tiemblan ante esa palabra. Algunos políticos reaccionan con rabia cuando un periodista les exige rendición de cuentas. Otros, disfrazados de empresarios, pero dependientes del erario o de favores estatales, se incomodan cuando se les pregunta por sus ingresos, contratos o alianzas. Hay un patrón común: detestan la transparencia porque viven en función del secreto.

Pero este rechazo a la publicidad revela una contradicción peligrosa: quienes atacan a la prensa por revelar hechos incómodos, a menudo lo hacen en nombre de una supuesta “defensa del honor” o “lucha contra el abuso mediático”. Confunden fiscalización con persecución, y libertad de prensa con libertinaje, cuando lo que realmente quieren es blindarse frente al escrutinio.

Es necesario aclarar algo: la libertad de prensa no es impunidad. Como toda libertad en democracia, tiene límites claros: el respeto a la verdad, a la honra y a la ley. Si un medio miente, calumnia o actúa con dolo, existen mecanismos constitucionales y legales para denunciar, rectificar o sancionar. Pero cuando un medio informa con rigor, moleste a quien moleste, no está abusando: está cumpliendo su rol.

Esta es la verdadera dicotomía que debemos entender como sociedad: quien está limpio, no le teme a la luz. Quien actúa con moral, puede ser transparente. Quien tiene preparación y vocación de servicio, no se esconde. Los demás los que viven del atajo, del favor, del contrato oscuro, son los que acusan a la prensa de “abusiva” porque temen que se sepa lo que hacen.

El Perú, como muchas democracias frágiles, necesita más periodismo valiente y menos silencios cómplices. Necesita medios con ética, pero también ciudadanos con criterio, y funcionarios que comprendan que la publicidad no es una amenaza, sino un pilar de la democracia.

Traspasar el umbral de la publicidad es un acto de valentía cívica. Solo los que tienen la conciencia tranquila pueden hacerlo sin temor. Los demás, inevitablemente, se delatan en su propio miedo.
Con gran sentido de confianza y pluralismo en la investigación, acepto el trabajo responsable de la prensa, qué ayudarán siempre a conocer,Quien es Quién, Rafael Aita Campodonico.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque

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