La reciente visita de la señora presidenta de la República al distrito fronterizo de Santa Rosa, en Loreto, como respuesta al impasse político generado por el presidente colombiano Gustavo Petro, representó un acontecimiento significativo para los habitantes de ese apartado rincón del país. Para ellos, fue un gesto sin precedentes, un verdadero punto de inflexión en la relación con un Estado al que aman y respetan, pero que históricamente ha estado ausente.
Para los limeños, en cambio, este hecho permitió descubrir —o recordar— que en los confines del territorio nacional también se vive la patria, muchas veces de manera más auténtica, intensa y emotiva que en una capital acostumbrada al centralismo. Esta visita debe ser un llamado de atención: nuestras fronteras no solo marcan el límite del país, sino también su compromiso con cada ciudadano, viva donde viva.
En tal sentido, si algo bueno ha resultado de este impasse es que los peruanos estamos dejando de ser ajenos el uno al otro, reconociéndonos como parte de un país no solo difícil sino también diverso, ancho y lejano, como si las palabras de Ciro Alegría tuvieran sentido después de tantos años. Ello se ha plasmado en una alternativa de cambio para Santa Rosa de Loreto, al haberse constituido una Mesa de Trabajo Multisectorial para promover su desarrollo que estará a cargo de la Presidencia del Consejo de Ministros, así como la asignación de un Fondo superior a los 65 millones de soles para financiar diversos proyectos de inversión en la zona.
Otro avance derivado de ello es la creación dispuesta por el Ejecutivo de un Fideicomiso para el Desarrollo Fronterizo de Loreto, destinado a cerrar las brechas relacionadas a las necesidades básicas insatisfechas de 16 distritos de frontera de este departamento, con lo que se espera también ayudar a superar diversas problemáticas que afectan a nuestra Amazonia, especialmente a las comunidades nativas, como la carencia de salud y educación de calidad, la falta de agua y saneamiento, la contaminación ambiental por efecto de la actividad petrolera y la presencia de diversas formas de actividad criminal, como el narcotráfico y la minería ilegal.
Sin embargo, no podemos olvidar que, más allá de Santa Rosa, nuestro país cuenta con una amplia línea de frontera de 7,073.25 kilómetros, la cual recorre un total de 9 departamentos, 28 provincias y 81 distritos, distritos que al igual que Santa Rosa han estado prácticamente abandonados a su suerte por los distintos gobiernos de turno. En estas localidades, la ausencia de servicios básicos es la regla, sobre todo de vías que les permitan integrarse al resto del territorio regional y nacional. Por ello, en muchos poblados fronterizos los pobladores optan por acudir y atenderse en las localidades fronterizas de Brasil, Colombia o Bolivia, la cuales suelen mostrar un mayor desarrollo en materia de infraestructura, servicios y carreteras. Por ello, no es raro encontrar que en los distritos fronterizos con Brasil, por ejemplo, se hable fluidamente el portugués, los niños estudien en colegios brasileros o se negocie en reales antes que en soles.
Aunque muchos crean que nuestras fronteras están olvidadas, el Perú nunca ha dejado de estar presente. Contamos desde el 2018 con una Política Nacional para el Desarrollo e Integración Fronteriza -actualmente en proceso de actualización al 2030- así como experiencias importantes como el Plan Binacional Perú-Ecuador o las acciones cívicas que lleva a cabo la Comandancia General de Operaciones de la Amazonía (COMOPERAMA), a cargo de nuestra Marina de Guerra. Sin embargo, aún falta integrar plenamente a nuestras poblaciones fronterizas, no solo con obras, como escuelas, centros de salud, comisarías, carreteras o sino con presencia real y cercana. Las fronteras no son el fin del país, sino su comienzo: allí también se vive el Perú, con dignidad, esperanza y profundo amor a la patria.
Por ello, cabe saludar el compromiso asumido por las Cancillerías de Perú y Colombia de superar el impasse presidencial a través del diálogo, programando una reunión mixta para el 11 y 12 de setiembre próximo donde se inspeccione la situación de los límites entre nuestros países. Tanto el Perú como Colombia no pueden darse el lujo que este problema escale cuando hay temas más urgentes por atender, como la violencia criminal y terrorista, donde se requiere más un trabajo conjunto que un distanciamiento entre hermanos.
Luis Miguel Iglesias.
Abogado, Ex Vice Contralor de Gestión Estratégica, Integridad y Control.
Contraloría General de la República.


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