Columnas Víctor Velásquez

Tarata, su vuelta a la Patria

Consumada la firma del Tratado de Ancón, los chilenos se apoderaron a perpetuidad del departamento de Tarapacá y ocuparon las provincias de Tacna y Arica, así como también de una gran parte del territorio de la provincia de Tarata. Desde este momento, se inicia la etapa del cautiverio de Tarata, en cuyo lapso el pueblo tarateño soportando heroicamente los desmanes, atropellos y abusos del enemigo, supo conservar valientemente su principio de honor y legítima lealtad a su patria amada.

El 1o de setiembre de 1925, hace 42 años, en su vuelta a la Patria, en la espaciosa plaza de la villa de Tarata se ha congregado una enorme multitud hombres, mujeres y niños. Todos están ávidos de presenciar el trascendental acto de devolución de esta población al Perú.

Al centro de la plaza se ha levantado un asta de grueso y recto eucalipto y al pie de esta, se ha colocado una mesa y sobre ella hay una bandera roja y blanca con un escudo dorado de fino raso que fue obsequiado por el Comité Patriótico de Damas de Lima. A las diez de la mañana, el delegado Edwards, en corto discurso manifiesta que en nombre del gobierno de Chile, entrega en cumplimiento de las decisiones del laudo arbitral del presidente de los Estados Unidos. Luego el delegado peruano Freyre Santander en breves frases dice: que en representación de Perú, recibe la ciudad de Tarata. Finalmente, los delegados ponen su firma en el acta de entrega. Acto seguido, es izada la gran bandera de raso blanco y rojo, cuyos pliegues se mecen suavemente agitados por los vientos andinos.

La multitud enfervorizada lanza gritos de ¡Viva el Perú! ¡Viva la Patria!, gritos simultáneos, enormes que repercuten de quebrada en quebrada, de cumbre en cumbre. Y los viejos gigantes, los apus sagrados: Tacora, Yucamani, el Tutupaca, con sus cimeras blancas, níveas, reverberantes al sol, se estremecen de alborozo, en este instante en que un pueblo renace a la libertad. Hacia el lado de río Ticalaco, por el camino polvoriento se asoma la cabalgata, compuesta por más de cincuenta jinetes que integran la comitiva de las nuevas autoridades, procedentes de Candarave capital provisional de la provincia reintegrada. Portando una gran bandera nacional, vienen Humberto Luque, subprefecto de la provincia; Eleodoro Segundo Vega, juez de primera instancia, el comandante Manuel M. Forero, jefe del regimiento “Húsares de Junín” No 1, el sargento mayor Alva, jefe de la circunscripción militar de la provincia; Ernesto M. Luque, diputado regional por Tarata; José Félix Carcano, comisionado escolar, varios maestros y otras personas visibles. La plaza principal del pueblo está repleta de gente. Muchas banderas peruanas se han izado ya en las fachadas de las casas. 

Llegada las seis de la tarde, al son de la marcha de banderas se arria el pabellón nacional del asta que se levantó en la mañana. Fue otro instante patriótico que se vivió lleno de intensa emoción, acaso la más impresionante y conmovedora, porque en el momento que se entonaban las bellas notas del himno nacional, se observa en la multitud escenas sumamente admirables que parten el corazón. Mujeres postradas de rodillas con lágrimas en los ojos claman con la mirada puesta al alto cielo y que pronuncian frases que enternecen el alma, como estas: ¡Señor! ¡Cómo te podemos pagar tanta bienaventuranza! ¡Esto parece un sueño señor! ¡Al fin hemos podido volver a nuestra querida patria! ¡Gracias, Dios Mío! ¡Gracias por darnos tanta ventura!… y besando el suelo lloran y enjugan sus lágrimas. Otras, netamente campesinas en su lengua aimara, con los brazos en alto claman y besan el suelo dando gracias a la pacha mama, reina de la tierra.

Así se vivió en Tarata aquel 1o de setiembre de 1925. Plena de emoción, patriotismo, alegría y felicidad, que nunca se podrán olvidar, porque aquellos vítores, aplausos y sagradas notas de nuestro himno nacional siguen resonando con el eco infinito en las hondonadas del valle de cumbre en cumbre a lo largo y ancho de sus contrafuertes andinos.

Hoy, que celebramos el Centenario de la Reincorporación de la provincia de  Tarata al Perú, recordemos a los hijos de este viril pueblo, dueño de su firme convicción peruanista, que no vacilaron un instante de ofrendar hasta sus vidas en defensa del honor y la integridad nacional. Ellos son: Máximo Ticona, Juan Sánchez, Silvestre López, Pascual, Alejandra, Donato y Serafín Mamani; Josefa Flores, Manuel Gonzáles, Eusebio Torres, Rufino Sesca, Santos Martín, Fermín Cohaila, Manuel Primero Franco Rafael y otros patriotas, que fueron asesinados. En honor a ellos y al futuro de Tarata, es hora de hacer un acto de fe y esperanza para lograr mejores logros en los sectores de vivienda, agricultura, educación, salud y trabajo, dignos de una provincia, noble, trabajadora y patriota. 

Victor Velasquez Perez Salmon.  Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.     

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