Columnas Jorge Céliz

Generación de la rebeldía viral y el juego del poder

En todos los rincones del planeta está ocurriendo algo que los viejos políticos no entienden del todo: una juventud hiperconectada, sin líderes ni partidos, está saliendo a las calles, a las redes y al mundo real para gritar su descontento. Son los hijos del WiFi, los que nacieron entre memes y notificaciones, pero que hoy usan su voz para denunciar injusticias, corrupción y desigualdad.

En Irán, enfrentan al régimen teocrático; en Hong Kong, defendieron la democracia con cascos y celulares; en Nepal, Madagascar y Marruecos, exigen empleo, educación y respeto; y en Ecuador, jóvenes urbanos e indígenas se unieron para reclamar seguridad y justicia. En todas partes, la Generación Z se levanta con un lenguaje propio: rápido, digital y sin miedo.

En el Perú, las marchas contra Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jerí revelan lo mismo: una juventud cansada de la corrupción, la represión y la mediocridad política. Ya no marchan por un líder, sino por su futuro. Usan TikTok en lugar de panfletos y organizan protestas en segundos, con arte, música y tecnología.

Y ese futuro tiene un peso. En el Perú, los jóvenes de 18 a 29 años suman unos 6,893,615 electores para las elecciones del 2026 —lo que representa aproximadamente 25.2 % del padrón electoral. Por otro lado, se estima que la Generación Z constituye alrededor del 21 % de la población peruana.

Pero aquí aparece el peligro: la manipulación política. Algunos partidos y caudillos (viejos lobos disfrazados de progresistas o “revolucionarios digitales”) aprovechan la rabia juvenil para canalizarla hacia la violencia, infiltrando provocadores, sembrando caos y debilitando las instituciones. No buscan cambio: buscan poder. Y cuando eso ocurre, la causa justa se convierte en desorden, y la indignación se vuelve arma de otros.

La protesta es legítima; la violencia, no. La juventud tiene derecho a indignarse, pero ningún derecho a destruir ni atacar a quien piensa distinto. En ese punto, el respeto a la autoridad y a las fuerzas del orden es fundamental. Los policías y militares, bien dirigidos y dentro de la ley, no son enemigos del pueblo: son quienes arriesgan la vida para protegerlo. La violencia no se combate con más violencia, sino con orden, justicia y diálogo.

La Generación Z está despertando a la política, pero necesita hacerlo sin caer en las trampas de quienes la quieren usar. Su energía, creatividad y valentía pueden transformar al país, siempre que se mantengan firmes frente a los manipuladores y respeten las reglas que sostienen la convivencia.

Esta nueva generación no está destruyendo el sistema: lo está empujando a cambiar. Pero el cambio solo será real si se construye con civismo, respeto y responsabilidad. Si la rebeldía se convierte en odio, los únicos que ganan son los oportunistas del poder. La revolución verdadera no está en romperlo todo, sino en reconstruir el Perú con orden, verdad y justicia.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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