Columnas Jorge Céliz

La mano dura vuelve: América Latina y el nuevo juego del poder

Hace más de doscientos años, Estados Unidos se puso el cartel de “vigilante del continente” con su famosa Doctrina Monroe. Aquello de “América para los americanos” sonaba bonito, casi como un llamado a la unidad, pero todos entendimos rápido el verdadero mensaje: “América para los estadounidenses”. Desde entonces, el norte se metió donde quiso, derrocó gobiernos, impuso sanciones y manejó la política de medio continente como si fuera suya. Muchos pensaron que esa época había quedado atrás, pero la historia volvió a repetirse, con otro nombre y la misma intención.

Donald Trump, a proximidad de diez meses de su segundo mandato con su lema “America First”, desempolvó esa vieja doctrina y la modernizó a su manera. Ya no necesita cañones ni invasiones, ahora lo hace con sanciones, amenazas económicas y presiones diplomáticas. Usó la migración como excusa para controlar a medio continente: recortó ayudas millonarias a Centroamérica, endureció la frontera, presionó a México con aranceles y trató a los países del sur como si fueran fichas en su tablero político. Incluso mostró interés en convertir a Canadá en el estado 51, anexar Groenlandia y recuperar el Canal de Panamá. Pero, claro, no aplicó la misma mano con todos.

A los gobiernos amigos los trató con suavidad. Con Bolsonaro, en Brasil, fue puro cariño ideológico; con Ecuador, reforzó la cooperación; y con Argentina, jugó a dos caras: apoyó a Milei con inversiones y créditos del FMI, pero a cambio exigió mantener distancia de China y Rusia. En cambio, con Maduro en Venezuela fue implacable: sanciones, bloqueos y aislamiento diplomático. Con Petro, en Colombia, la relación es tensa: críticas cruzadas, recortes de ayuda y diferencias por la política antidrogas. Con Lula, el trato fue más frío que hostil, centrado en comercio y energía, pero siempre con recelo por la cercanía de Brasil con China.

Mientras tanto, Trump vendía su “mano dura” como defensa de los intereses de su país, y América Latina seguía pagando las consecuencias. Pero esta vez el escenario es distinto. El mundo ya no gira solo alrededor de Washington. China, Rusia, India y la Unión Europea compiten por espacios de poder. Comercio, energía y tecnología abren nuevas puertas para la región. El nearshoring (la reubicación de fábricas cerca del mercado estadounidense) ya está beneficiando a México, Colombia, Chile y Perú, atrayendo inversiones que antes se iban a Asia.

El reto ahora no es solo recibir dinero, sino tener una estrategia común. Si cada país sigue andando por su cuenta, Estados Unidos seguirá marcando el paso. Pero si América Latina se une, fortalece la CELAC, el MERCOSUR o cualquier otro mecanismo de integración real, podrá negociar sin agachar la cabeza.

La vieja Doctrina Monroe regresó disfrazada de modernidad, pero su esencia no ha cambiado: control y dependencia. Sin embargo, esta nueva etapa también puede ser una oportunidad para despertar. América Latina tiene recursos, juventud, talento y aliados. Si aprende a jugar con inteligencia, puede dejar de ser el patio trasero del mundo y convertirse en el corazón del nuevo orden global. La mano dura del norte ya no manda como antes: ahora nos toca decidir si seguimos obedeciendo o empezamos, por fin, a liderar.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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