Columnas Jorge Céliz

La economía del Perú: ¿motor o trampa?

El Perú vive un momento de aparente estabilidad económica, pero debajo de esa calma hay tensiones que no se pueden ignorar. Las exportaciones mineras (especialmente de cobre, oro y zinc) y una política monetaria prudente han mantenido las cuentas en orden y atraído divisas. Sin embargo, más del 70% de los trabajadores sigue en la informalidad, sin beneficios ni seguridad laboral.

La minería formal es el gran pilar de la economía: representa cerca del 12% del PBI y alrededor del 60% de las exportaciones. Con los precios internacionales en niveles altos, el país ha recibido ingresos importantes. Pero junto a esta minería legal existen economías ilegales, como la minería informal, el contrabando y el narcotráfico, que también mueven miles de millones de dólares. Aunque dañinas, estas actividades terminan sosteniendo el consumo en zonas donde no hay empleo formal. Se estima que representan entre el 3% y 4% del PBI nacional.

La informalidad laboral también cumple, en la práctica, un papel de “amortiguador”: permite que muchas familias sobrevivan, aunque a costa de bajos ingresos y sin derechos. Este fenómeno no es saludable a largo plazo, pero ha evitado que el consumo interno se derrumbe.

Por otro lado, el Banco Central de Reserva ha logrado mantener la inflación y el tipo de cambio bajo control, lo que refuerza la confianza en la moneda nacional. Además, el empleo formal muestra cierta recuperación: en enero de 2025 creció 7,1% respecto al año anterior, señal de que algunos sectores aún conservan dinamismo.

Sin embargo, los riesgos son evidentes. La alta informalidad significa baja productividad y poca recaudación tributaria, lo que limita al Estado para invertir en salud, educación y seguridad. La dependencia de actividades ilegales, además de ser éticamente inaceptable, crea una “prosperidad falsa”: sostiene el consumo a corto plazo, pero no genera desarrollo sostenible. Peor aún, destruye el medio ambiente, corrompe autoridades y alimenta la violencia.

No podemos seguir aceptando que el crimen y la informalidad sean motores ocultos de la economía. El país tiene recursos naturales, estabilidad macroeconómica y una industria minera competitiva. Pero si no aprovechamos este momento para formalizar el trabajo, limpiar nuestras fuentes de ingreso y fortalecer las instituciones, corremos el riesgo de una crisis estructural más profunda.

No basta con mantenernos a flote gracias a lo informal o lo ilegal. El verdadero reto es construir una economía sólida, que crezca sin depender del delito, la precariedad ni la improvisación. Es hora de dejar el flotador y construir un barco firme.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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