Lo que está pasando en Chile no es cualquier cosa: es una señal fuerte de cómo está pensando la gente en toda la región. En la primera vuelta presidencial, Jeannette Jara terminó arriba y José Antonio Kast quedó segundo por muy poco. Los dos se van a enfrentar en la segunda vuelta del 14 de diciembre, y lo harán en un país con miedo, enojado y cansado de que la delincuencia haya tomado las calles. Hoy en Chile la política no se trata de izquierda o derecha, sino de quién puede devolver la tranquilidad.
Jara, aunque viene de la centroizquierda, ha tenido que hablar de orden, más policías, control de migrantes y ataque al dinero del narco. Kast, por su lado, va con un mensaje mucho más duro: expulsiones masivas, megacárceles, militarizar fronteras y tolerancia cero. La gente está tan asustada que ambos discursos han calado, uno por prometer firmeza y el otro por prometer mano dura total. Así de simple: Chile vota con el estómago apretado.
Pero lo más importante es que Chile no está solo en esto. En todo el Pacífico Sur y en gran parte de Sudamérica se viene sintiendo una ola fuerte hacia opciones más duras. Ya lo vimos hace poco en Ecuador, donde Daniel Noboa logró reelegirse apostando a una guerra frontal contra las bandas criminales. El país venía sufriendo explosiones, asesinatos en plena vía pública, cárceles dominadas por narcos, y la gente dijo “basta”. Noboa sacó al ejército, decretó estados de excepción y le dio más poder a la policía. Muchos lo critican, otros lo aplauden, pero lo cierto es que ganó porque la gente quiere seguridad ya, sin vueltas.
Esta tendencia se repite en Bolivia, donde la izquierda también viene perdiendo terreno. Y no porque la gente se haya vuelto de derecha por gusto, sino porque la violencia, la migración descontrolada y la crisis económica han hecho que muchos prefieran orden, aunque eso venga con medidas duras. La paciencia se acabó en toda la región.
¿Y el Perú? Ahí viene lo importante. Nosotros también estamos metidos en una crisis de inseguridad que empeora cada mes. Extorsiones diarias, sicariato en cualquier barrio, mafias extranjeras operando sin miedo y un Estado que no se da abasto. Es casi seguro que lo que pasó en Chile hoy y lo que pasó en Ecuador hace meses va a influir muchísimo en nuestra campaña del 2026. Es como una ola que viene bajando por el Pacífico y está a punto de estrellarse acá.
Los candidatos peruanos lo saben: van a endurecer su discurso, incluso los que siempre hablaban suavecito. Veremos promesas de mano dura, más cárceles, más control y soluciones rápidas. La derecha se va a sentir más confiada, y la izquierda tendrá que adaptarse si no quiere quedarse fuera del juego. Al final, el ciudadano peruano no va a votar por ideología, sino por quién sienta que le devuelve la calma.
En resumen, a ola de miedo a la delincuencia que empezó en el norte del Pacífico Sur ya llegó a Chile, se sintió fuerte en Ecuador y ahora apunta directo al Perú. Y en el 2026, esa ola puede definir quién será nuestro próximo presidente.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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