Columnas Jorge Céliz

El Perú a oscuras: una inteligencia que ya no ve ni lo que tiene enfrente

Por Jorge Céliz Kuong
29 de noviembre de 2025

La inteligencia nacional debería ser el “cerebro” del Estado, el que ve lo que la mayoría no ve, el que anticipa problemas antes de que exploten y el que le dice al gobierno, con claridad, por dónde viene el golpe. Pero en el Perú, ese cerebro anda confundido, mareado y jalado para todos lados. En vez de mirar lejos, está distraído en peleas políticas, tareas policiales y chismes de corto plazo. Y así, un país que ya vive con la delincuencia encima avanza prácticamente a ciegas hacia un entorno mundial donde las amenazas ya no avisan.

El daño no empezó ayer. Desde hace unos 25 años, la inteligencia peruana dejó de cumplir su papel estratégico. La DINI, que nació para producir información seria sobre terrorismo, crimen organizado, fronteras y riesgos para la seguridad nacional, terminó metida en temas que no le corresponden: vigilancias internas, investigaciones propias de la Policía y hasta seguimientos que luego se usan políticamente. Esa mezcla es tan peligrosa como poner al arquero a jugar de delantero en pleno partido: no solo no hace bien esa función, sino que deja el arco completamente vacío.

Para colmo, la inestabilidad es el pan de cada día. En menos de tres años, hemos tenido cuatro directores distintos al frente de una institución que, por su naturaleza, necesita continuidad y visión de largo plazo. Cambiar al jefe de inteligencia como quien cambia de ministro destruye toda planificación seria. Ningún país funciona así. Y mientras aquí seguimos improvisando, el crimen organizado crece, las extorsiones se multiplican, los ciberataques golpean a instituciones públicas y las redes internacionales de delincuencia operan como si no existiera un sistema que debería detectarlas.

El problema no es falta de talento; el Perú tiene profesionales muy capaces. El problema es cómo el poder político usa (o malusa) la inteligencia. Cuando se utiliza para tranquilizar al gobierno de turno, para perseguir críticos o para tareas minúsculas de orden interno, se desperdicia su verdadera razón de ser. Y mientras la inteligencia mira para un lado, los problemas reales avanzan por el otro.

Para salir de este hoyo se necesitan cambios claros y sin maquillaje. Lo primero es despolicializar por completo la DINI: su trabajo no es perseguir delitos, es anticipar amenazas al Estado. Lo segundo es proteger la institución de los vaivenes políticos, asegurando directores que duren lo necesario para construir una línea profesional. Lo tercero es profesionalizar seriamente al sistema, con gente estable, capacitada y evaluada por mérito, no por favores. Y lo cuarto es establecer controles democráticos que eviten abusos sin paralizar el trabajo técnico.

El Perú no puede seguir avanzando a tientas mientras el crimen, la tecnología y la geopolítica cambian más rápido que nuestra capacidad de reacción. Necesitamos una inteligencia que piense en grande, que mire lejos y que sirva al país, no al político de turno. Sin eso, seguiremos improvisando mientras otros (los delincuentes, los grupos ilegales, los actores externos) sí planifican. Y cuando el Estado no ve, el Estado pierde. Todo.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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