El Perú se encuentra frente a una coyuntura de especial relevancia estratégica. La posibilidad de ser incluido en la categoría de Major Non-NATO Ally de los Estados Unidos constituye una oportunidad privilegiada que solo un grupo reducido de países de la región ha obtenido y que, bien gestionada, puede fortalecer de manera significativa la posición internacional y las capacidades institucionales del Estado peruano. En América Latina, este estatus ha sido concedido únicamente a Argentina, Brasil y Colombia, lo que ubicaría al Perú en un círculo selecto de socios estratégicos de Washington. Más allá del impacto político o mediático del anuncio, el debate que se abre exige una mirada madura, informada y orientada al interés nacional de largo plazo.
Ser designado aliado principal fuera de la OTAN no implica compromisos automáticos de defensa ni subordinación política. Se trata de un estatus que facilita cooperación militar, acceso preferente a tecnología de defensa, entrenamiento conjunto y condiciones ventajosas para la adquisición de equipamiento estratégico. En ese marco, la modernización de las Fuerzas Armadas peruanas aparece como una necesidad impostergable, en particular en el ámbito de la defensa aérea, donde la eventual adquisición de aviones F-16 permitiría recuperar capacidades disuasivas, mejorar la interoperabilidad y elevar los estándares operativos del país.
Esta oportunidad no debe entenderse como un giro excluyente, sino como parte de una política exterior y de defensa diversificada. El reciente convenio firmado con Corea del Sur en materia de cooperación militar e industrial confirma que el Perú puede y debe ampliar su red de socios estratégicos, priorizando la transferencia tecnológica, el mantenimiento local y el desarrollo de capacidades propias, antes que una simple lógica de compra de armamento.
En paralelo, resulta imprescindible reconocer la realidad geoeconómica del país. China es hoy el principal socio comercial del Perú y un actor clave en sectores estratégicos como la minería, la energía y la infraestructura. Proyectos como el megapuerto de Chancay y la proyección del puerto de Corío en el sur del país refuerzan la vocación del Perú como plataforma logística del Pacífico y como puente natural hacia los mercados asiáticos. Estas inversiones son estructurales y su importancia trasciende cualquier coyuntura política internacional.
El verdadero desafío, por tanto, no radica en elegir entre Washington o Beijing, sino en evitar alineamientos rígidos que reduzcan la autonomía estratégica del país. La experiencia regional demuestra que los países que logran mayor estabilidad y proyección internacional son aquellos que practican una política exterior pragmática, multivectorial y basada en intereses concretos. Brasil, precisamente uno de los países latinoamericanos con estatus de aliado principal de Estados Unidos, ofrece un ejemplo claro al combinar cooperación en defensa con Washington y una relación económica sólida con China.
Si el Perú concreta su inclusión en este selecto grupo de países socios de Estados Unidos, debe hacerlo bajo tres principios fundamentales: transparencia institucional y debate democrático en las decisiones estratégicas; complementariedad entre la cooperación militar y los vínculos económicos existentes; y enfoque nacional, utilizando esta relación privilegiada para fortalecer capacidades propias, impulsar industria, tecnología e infraestructura, y consolidar proyectos estratégicos como el puerto de Corío.
En un escenario internacional cada vez más competitivo y polarizado, la mayor fortaleza del Perú puede ser su capacidad de equilibrio. La inclusión como aliado principal de Estados Unidos es una oportunidad estratégica real; convertirla en un activo para el desarrollo nacional dependerá de la visión, prudencia y firmeza con que el país defienda su soberanía y sus intereses de largo plazo.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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