Hay un pequeño país que mide el bienestar de su pueblo por los indicadores de su felicidad.
Se llama Bután y es famoso por centrar su desarrollo en la Felicidad Nacional Bruta (FNB) usando pilares como la salud, educación y cultura.
¿Sera posible aplicar un índice semejante para medir la felicidad y el bienestar de un país tan complejo como el Perú?
Veamos el contexto en que nos movemos. Fuerzas poderosas externas se están moviendo en una dirección favorable para el Perú, lo que hace posible pensar que, si las aprovechamos debidamente, a partir del 2026 se nos abre una nueva época de prosperidad para nosotros. De ser así, a partir del 2026 el Perú podría dar un primer paso hacia la felicidad.
Pero mucho de ello dependerá del tipo de gobierno que elijamos los peruanos el 12 de abril del 2026.
Misión harto difícil pero no imposible. Después de varias experiencias desastrosas de gobiernos de izquierda, se nota ahora un viraje hacia la derecha en los países de la región. Esto podría suceder también en el Perú. ¿Se repetirá la ley del péndulo esta vez?
Entre los múltiples escollos a superar, se encuentra un descomunal planillón electoral, que por sí solo será una dificultad por salvar. Se dice que burócratas caviares han diseñado esta especie de rompecabezas electoral, provocando un enredo que hace muy difícil aventurar pronósticos electorales. Esta gigantesca cédula electoral que más parece un acertijo, mostrará a un total de 38 partidos políticos y 36 candidatos a la presidencia, además de un número aproximado de 10,000 candidatos peleando por una curul congresal. De manera tal, que las chances de que salga cualquier candidato, ignorante y desconocido, no son del todo improbables.
Dado el fracaso de la izquierda a nivel continental y, la corriente imperante pro- derecha, no parece que en esta oportunidad la izquierda tenga opción, aunque en el Perú todo puede pasar.
Al margen del verdadero rompecabezas expresado en el planillón y de la mecánica del propio proceso electoral, todo hace pensar que las condiciones para que el Perú empiece a crecer por encima del 7% anual y duplique así en los próximos 10 años su PBI, son inmejorables. Es decir, con un buen gobierno el Perú podría dar esta vez, el primer paso hacia su felicidad.
Hay quienes, para lograr este anhelo, tienen cifradas sus esperanzas en la derecha, sin detenerse en examinar lo que tal expresión significa. A ver, para muchos, la derecha es sinónimo de empresariado y ante la incertidumbre sobre el futuro inmediato, no se explican cómo es que los empresarios, que tienen el dinero y desean prosperar, no logren unirse para articular un movimiento político que tome el poder. Faltan lideres empresariales – se dice – que sepan expresar con ideas claras la necesidad de un cambio que nos lleve a un crecimiento sostenido y acelerado.
Conviene detenerse un momento en ello. Quizá la confusión parte de no hacer distinciones dentro de la propia esfera empresarial. Se considera que en el sector formal empresarial hay 2.3 millones (99.1%) de Micro y Pequeñas empresas (MYPE), pero al lado de ellas hay más de 5 millones de empresas informales, que aportan una parte significativa, alrededor del 18.3 al 19%, al PBI. Se estima igualmente que muchas de las declaradas PYMES son informales.
Se comprenderá que ese sector del empresariado tiene muy baja productividad y en consecuencia, sus miembros poco tiempo disponible para la política. Se encuentran por completo dedicados a sobrevivir el día a día y sin tiempo extra ni capacidad para otras cosas.
Por contraste, al cierre del 2024 existían aproximadamente 14,787 grandes empresas, (segmento donde se concentran las transnacionales) que generaron mas del 87% de la economía peruana.
Es este sector, mucho mas estructurado y moderno, que tendría la capacidad de hacer política, aunque de manera indirecta, como en los llamados lobbies. Hay en este sector una gran responsabilidad de cara al futuro en contribuir con transparencia al crecimiento del Perú, sin caer en prácticas mercantilistas, monopólicas o de corrupción, como desafortunadamente se ha visto en escándalos recientes.
Es por esta compleja problemática, que es fundamental que un próximo gobernante (y su equipo), tenga la mente clara sobre lo que significa la libertad económica – libre empresa y mercado libre – que es el que trae desarrollo material y progreso, asegurando la libertad, el orden público, el respeto a la ley, la propiedad privada y la igualdad de oportunidades.
Para ello, debemos mejorar la productividad, sobre todo del estrato más pobre, tanto en el sector agrícola como urbano, caso contrario, su peso especifico en la economía nos impedirá crecer a tasas altas. Para ello es necesario ofrecer a todos los jóvenes un sistema educativo de alto nivel. Será necesario un esfuerzo colectivo para salir al campo y rescatar al 30% más pobre de la población mejorando su productividad agrícola e igualmente mejorar la infraestructura a todo nivel.
La creatividad e ingenio demostrados en el sector informal, abriga la esperanza de que puedan adoptar rápidamente las nuevas tecnologías basadas en la inteligencia artificial y podamos así cerrar brechas educativas y mejorar la productividad en todos los sectores de nuestra economía.
Sea quien sea quien resulte electo, el Perú ya es mirado por el mundo. Nuestra posición geoestratégica es clave en el nuevo orden mundial, en que los Estados Unidos y China dirimen su hegemonía mundial. Un gobernante con las ideas claras y un equipo competente es indispensable para aprovechar con soberanía e independencia las oportunidades futuras, caso contrario otros tomaran las decisiones por nosotros lo que sería un peligro para nuestra existencia como nación. Sepamos pues, dar con inteligencia nuestro primer paso hacia la felicidad y bienestar para todos los peruanos.
Peter Sanguineti
Gerente General en Brokergym Peru.
Graduado en la Universidad Nacional Agraria La Molina.


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