El mundo atraviesa una etapa de desorden profundo que redefine las reglas del poder global. La diplomacia, el multilateralismo y las normas internacionales han cedido terreno frente al uso abierto del poder duro. En este contexto, el eje conformado por China, Rusia, Irán y Corea del Norte desafía activamente a un Occidente dividido, mientras Estados Unidos retoma una política exterior más confrontacional. América Latina ya no es un escenario secundario: hoy es parte del tablero estratégico, y Venezuela se ha convertido en su principal foco de inestabilidad, con consecuencias directas para el Perú.
La crisis venezolana dejó de ser coyuntural hace años. Tras procesos electorales cuestionados y la clausura de toda vía de transición democrática, el régimen de Nicolás Maduro se sostiene mediante alianzas extrahemisféricas y un aparato coercitivo interno. Aunque la producción petrolera ha mostrado señales de relativa estabilización, esos ingresos no llegan a la población. La pobreza estructural, el deterioro de los servicios públicos y la ausencia de expectativas políticas siguen empujando a millones de venezolanos a abandonar su país.
Hoy, cerca de 6.9 millones de venezolanos viven fuera de su territorio. El Perú alberga aproximadamente 1.6 millones, convirtiéndose en uno de los principales países receptores. Este fenómeno ha generado una presión real sobre salud, educación, vivienda y seguridad ciudadana, y ha impactado de lleno en el debate político nacional. La migración se ha transformado en un tema sensible, muchas veces abordado desde el miedo y no desde la evidencia, pese a que diversos estudios muestran que la población venezolana aporta más del 1 % de los ingresos fiscales y dinamiza sectores clave del consumo interno.
A este escenario social complejo se suma un entorno geopolítico más peligroso. Con el retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, ha tomado forma lo que analistas denominan el Corolario Trump: una política exterior que prioriza la supremacía estadounidense en su entorno estratégico inmediato mediante sanciones severas, presión militar y operaciones directas, bajo la lógica de “America First”. Venezuela ocupa un lugar central en esta doctrina.
Durante el 2025, Estados Unidos ha intensificado operaciones militares y de seguridad en el Caribe, incluyendo bloqueos navales, interdicción de buques petroleros venezolanos y acciones encubiertas justificadas como parte de la lucha contra el narcotráfico y la influencia de potencias extrahemisféricas. Para Caracas, estos actos constituyen una agresión directa; para Washington, son medidas preventivas. El resultado es un aumento significativo de la tensión regional, con riesgos reales de escalamiento.
El Perú no puede observar este escenario con indiferencia. La inestabilidad venezolana, combinada con la presión militar estadounidense y la competencia estratégica con China, configura un entorno volátil que impacta nuestra seguridad y economía. Al mismo tiempo, el país ocupa una posición clave: el megapuerto de Chancay y nuestra condición de proveedor estratégico de cobre nos colocan en el centro de la disputa global por recursos y logística.
Internamente, el desgaste institucional, el aumento de la inseguridad y el estancamiento económico alimentan discursos autoritarios que prometen orden a cualquier costo. Esta tentación es peligrosa. La historia regional demuestra que sacrificar libertades no garantiza estabilidad duradera.El Perú enfrenta un desafío existencial. La crisis venezolana no desaparecerá en el corto plazo y el endurecimiento del tablero geopolítico exige respuestas de Estado, no improvisaciones. Se necesita una política migratoria firme pero humana, una diplomacia pragmática que priorice el interés nacional y un fortalecimiento real de nuestras instituciones. En un mundo cada vez más hostil, la anticipación estratégica, la cohesión social y la defensa de la democracia son las únicas herramientas que permitirán al Perú no solo resistir el desorden global, sino emerger como un actor regional sólido, soberano y resiliente.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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