Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Cuando el grito reemplaza a la palabra

Verdad, Ética y la Lección Incómoda de la Bella Justina
a desnaturalización de la verdad y la narrativa del ruido
La pícara Justina no es solo una obra ingeniosa del Siglo de Oro; es un espejo que incomoda porque refleja una práctica que hoy reconocemos con demasiada facilidad. Justina sobrevive no por la fuerza ni por la virtud, sino por su dominio del relato. Habla mucho, grita si es necesario, pero rara vez dialoga. Su palabra no busca verdad, busca eficacia.
En ese sentido, la obra anticipa un fenómeno muy actual: la desnaturalización de la verdad. Cuando el discurso se convierte en espectáculo, la verdad deja de ser un punto de encuentro y pasa a ser una herramienta moldeable. Importa más quién grita mejor que quién razona; más la identidad que el argumento; más la narrativa que los hechos.
Justina inaugura una estirpe que llega hasta hoy,personajes, variopintos , algunos inteligentes ,y una cantidad de reciclados en la política ,mediáticos, incluso intelectuales que confunden ,astucia con inteligencia moral. Algunos se presentan como refinados, ilustrados, incluso “caviares”, pero sustituyen el diálogo por consignas, la reflexión por superioridad moral y la búsqueda de justicia por una retórica que excluye al que piensa distinto.
La paradoja es profunda: quienes dicen defender causas nobles terminan erosionando el mismo suelo que las sostiene. Cuando la verdad se relativiza, la ética se vuelve ornamental. Y cuando la ética se abandona, ni la democracia ni la justicia social o jurídica pueden mantenerse en pie.
Justina no es castigada porque su mundo tampoco cree en castigos morales reales. Ese es su mensaje más duro: no hay pícara sin un sistema que premie la picaresca. La mentira eficaz desplaza a la verdad incómoda; el ruido margina al diálogo; la indignación performativa reemplaza a la responsabilidad.
Recomendación al cambio: volver a la verdad como sostén común
Leer hoy La pícara Justina es una advertencia. Nos recuerda que una democracia no muere solo por la fuerza, sino por la erosión lenta de la verdad compartida. Sin un acuerdo básico sobre los hechos, todo se convierte en relato enfrentado, y la justicia en una palabra vacía.
El cambio necesario no es estético ni retórico, es ético. Exige menos gritos y más escucha; menos relatos convenientes y más coherencia; menos astucia y más honestidad. La verdad no es propiedad de nadie, pero es responsabilidad de todos.
La bella Justina hizo deslenguados a muchos más. La tarea de nuestro tiempo es distinta, volver a hacerlos responsables. Porque solo cuando la verdad sostiene la palabra, la democracia puede sostener la justicia.con interés y dedicación, Rafael Aita Campodónico.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque

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