Al cumplirse un año del retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, el balance de su gestión permite identificar con claridad los aciertos y desaciertos de una presidencia que ha optado por la fuerza, la rapidez y la confrontación como ejes de gobierno. Estados Unidos es hoy un país más firme en el control interno, pero también más tensionado en lo social y más cuestionado en el escenario internacional.
En política interna, los aciertos son evidentes para su base electoral. El primero ha sido la reactivación agresiva del sector energético. La eliminación de regulaciones ambientales permitió una producción récord de petróleo y gas, fortaleciendo la autosuficiencia energética, reduciendo la dependencia externa y conteniendo los precios de la energía. Este resultado ha sido clave para la narrativa de soberanía económica.
Otro acierto interno ha sido la política migratoria. Bajo la figura de emergencia nacional, el gobierno reforzó el control fronterizo y logró golpes efectivos contra organizaciones criminales transnacionales, lo que devolvió una sensación de orden y seguridad en zonas fronterizas. Para millones de votantes, Trump cumplió una promesa largamente postergada por gobiernos anteriores.
Sin embargo, los desaciertos internos también son significativos. La política arancelaria, utilizada como herramienta de presión económica, ha encarecido bienes de consumo masivo. Con una inflación que se mantiene alrededor del 2.7 %, la clase media ha visto erosionado su poder adquisitivo. A ello se suma una creciente polarización institucional, con conflictos abiertos entre el gobierno federal y estados de orientación ecologista o progresista, debilitando la cohesión interna del país.
En política exterior, los aciertos han sido de alto impacto simbólico. La captura y extradición de Nicolás Maduro marcó un punto de quiebre en América Latina, debilitando al eje autoritario regional y enviando un mensaje claro de disuasión. Asimismo, la presión ejercida sobre la OTAN obligó a los aliados europeos a aumentar su gasto en defensa, corrigiendo una dependencia histórica que Estados Unidos venía cuestionando desde hace décadas.
Otro acierto externo ha sido la coherencia entre discurso y acción: Trump ha demostrado que cumple lo que promete, lo que genera temor en adversarios y respeto táctico, aunque no necesariamente admiración.
No obstante, los desaciertos en política exterior pesan cada vez más. El abandono del multilateralismo, con la salida de organismos clave y acuerdos globales, ha dejado vacíos que China ha aprovechado para expandir su influencia. La reducción del apoyo a Ucrania ha generado una sensación de vulnerabilidad en Europa frente a Rusia, tensando alianzas históricas.
Las tensiones con la Unión Europea se han agravado por amenazas arancelarias y por la presión sobre Groenlandia, considerada por Washington como pieza clave de seguridad en el Ártico. Canadá, por su parte, enfrenta una relación comercial deteriorada, obligándolo a diversificar mercados y replantear su histórica cercanía con Estados Unidos.
En Medio Oriente, la situación iraní se ha convertido en un foco crítico. La profunda crisis económica y social en Irán, sumada a la represión interna, ha elevado el riesgo de un conflicto mayor. La postura dura de Trump, con advertencias directas y presión máxima, incrementa la posibilidad de una escalada que tendría efectos globales en seguridad y precios energéticos.
Tras un año, Donald Trump ha demostrado ser eficaz en cumplir promesas y ejercer autoridad directa. Sus aciertos fortalecen fronteras, energía y control estatal; sus desaciertos profundizan la polarización interna y debilitan alianzas externas. Estados Unidos es hoy más fuerte en decisión, pero más frágil en cooperación. El desafío hacia adelante será determinar si el liderazgo basado en la fuerza puede sostenerse en un mundo que exige, más que nunca, equilibrio entre poder, diplomacia e interdependencia.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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