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Cerebros musicales: La neurociencia de la música como predictor silencioso de un alto desempeño en equipos de trabajo

Michele Bio

Permítanme compartir una hipótesis que, aunque no está validada por un p-value estadístico de población muy extensa, coincide plenamente con mi experiencia laboral y de vida: la formación musical es un predictor silencioso del éxito de equipos de trabajo corporativos.

Se trata de una sólida línea de investigación que varios autores están estudiando y que yo, humildemente, comparto a través de mi experiencia como profesional con más de 25 años en la dirección de empresas y, de otra parte, a través de mi historia personal pues soy músico y pianista con más de 40 años de práctica. 

Mi hipótesis es que las personas que tienen educación musical formal, o aquellas que tienen experiencia alguna musical, o incluso aquellas que tienen una dormida habilidad musical no descubierta, han tenido la oportunidad de desarrollar una mayor plasticidad cerebral, y eso los hace mejores en inteligencia social y flexibilidad de rol de equipo, haciéndolas mejores elementos en un equipo de trabajo de alto impacto.

Según H. Gardner, autor de la Teoría de las Inteligencias Múltiples, la inteligencia musical se define como la capacidad para percibir, discriminar, comprender y organizar patrones sonoros tales como ritmo, tono, timbre, melodía y estructura (Gardner, 1983). Este enfoque teórico reconoce la coexistencia de ocho tipos de inteligencia relativamente independientes, ampliando el constructo tradicional de inteligencia, históricamente centrado casi de forma exclusiva en las capacidades lógico-matemáticas y lingüísticas. 

Desde esta perspectiva, la cognición social —capacidad para interpretar las dinámicas grupales— se combina con la autorregulación conductual —habilidad para ajustar el propio comportamiento—. Esta integración permite a una persona discernir y enfocar sus esfuerzos en integrarse de manera óptima en el equipo, con el objetivo dual de maximizar los resultados colectivos y minimizar las fricciones internas, promoviendo así un funcionamiento armónico y eficaz del grupo

Debemos ser claros: la experiencia musical per se no genera habilidades como resultado de una generación espontánea cognitiva (recordemos aquello de que «lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta).  No obstante, los estudios afirman que la exposición continua a los sistemas complejos que se originan al dominar un instrumento musical, o participar en bandas, orquestas o coros, actúa como un elemento catalizador, ya que la educación musical toma las habilidades cognitivas ya existentes y las potencia. 

Esta mejora se manifiesta a través de una intensificada flexibilidad cognitiva, una mayor capacidad de resolución de problemas bajo presión, una mejor sintonizada neurodivergencia, una superior memoria a largo plazo, una mejor empatía y comprensión social compartida, una mayor velocidad de procesamiento, una reforzada coordinación neuro-motora y una superior atención multifocal (Rodríguez-Fornells et al., 2012).

Es decir, si bien los rangos intermedios clave y los miembros de un equipo de trabajo de alto impacto ya poseen niveles de habilidades cognitivas superiores, el contar con una base musical podría ser un variable que potencie la velocidad de obtención de resultados en la empresa 

Ahora bien, subamos un peldaño más en esta escalera de la abstracción (1); hasta aquí, son habilidades que podemos encontrar más o menos en todos los colaboradores, en mayor o menor grado y en combinaciones complementarias o no, sin embargo, lo que realmente podría marcar una gran diferencia la correcta combinación de ellas.

Coincidencia de Atributos: Músicos y Equipos de Alto Desempeño

Una de las razones en las que se fundamentan los estudios relacionados a este tema es la coincidencia de atributos entre el músico de ensamble y las características universalmente aceptadas que encontramos en equipos de alto desempeño. El desempeño excepcional en una orquesta no es únicamente técnico y cualitativo, sino que exige elementos de interpretación subjetivo-emocional, y estos no son cuantificables en términos de coordinación, anticipación y precisión, sino que requieren una escala distinta, que hagan que “uno más uno, sea más que dos (2), y a veces hasta tres (3)

En general, las características de un equipo de trabajo de alto desempeño incluyen: 1) Un objetivo compartido y claro; 2) Cohesión y confianza mutua; 3) Comunicación abierta y sin ambigüedades; 4) Roles claros y complementarios; y 5) Habilidad para resolver conflictos y adaptarse rápidamente.

En el entrenamiento musical coinciden directamente estas variables cuando el músico debe tocar en conjunto con otros, entendiendo que el valor de su trabajo reside en la sinergia, lo que fomenta la cohesión (Cohesión y Trabajo en Equipo).  El músico respeta el tiempo para entrar y salir (participación específica y particular), lo que se traduce en un entendimiento claro del rol dentro del flujo de trabajo (el timing de la ejecución dentro de roles claramente definidos, distintos pero complementarios). En la ejecución musical, es esencial la necesidad de mantener un ritmo y un tono, de lo contrario el trabajo final es disonante. Esto impulsa la precisión comunicativa y la atención al detalle (comunicación directa y sin ambigüedades).  El músico entiende la valía de una directriz y sabe imprimir en sus ejecuciones las indicaciones del director de orquesta. Esto es aplicable al entorno laboral como la capacidad de ejecutar la estrategia del líder con precisión, puntualidad y magnitud adecuada. (Liderazgo y Dirección).

Mi experiencia como pianista por cuatro décadas y como ejecutivo por casi tres me lleva a esta conclusión: la formación musical dota a los individuos de una ventaja cognitiva en términos de neuroplasticidad, flexibilidad cognitiva, disciplina, timing, coordinación procesal y lectura contextual no verbal. 

Es fundamental aclarar que esta perspectiva no propone que el conocimiento musical se convierta en un vital requisito para los ejecutivos, ni que todos debamos volvernos músicos. Tampoco sugiere, en absoluto, que quien no tenga oído musical o no interprete un instrumento posea menores capacidades para el liderazgo. La intención es totalmente opuesta: se trata de generar curiosidad y reconocer que la formación musical, como modelo estructurado de aprendizaje, desarrolla de manera intensiva ciertas competencias cognitivas y sociales que son altamente valiosas en el ámbito organizacional. 

La pregunta estratégica que se plantea es, en esencia, si podemos identificar y emular deliberadamente los principios pedagógicos de dicha formación—como la sincronización, la escucha activa, la disciplina en la ejecución y la interpretación de un rol dentro de una partitura común—para diseñar metodologías de desarrollo de talento que cultiven esas mismas habilidades de manera accesible y eficaz. No se busca contratar músicos, sino inspirarse en la orquesta como metáfora funcional para repensar cómo entrenamos la cohesión, la comunicación y la ejecución estratégica en los equipos directivos del futuro

Si la hipótesis es correcta, se abre una pregunta estratégica fascinante: ¿Cuál sería el impacto si las empresas comenzaran a desarrollar en aspecto musicales a sus colaboradores clave y a sus futuros líderes? ¿A dónde podría llevarnos una próxima generación de directivos que reciban deliberadamente conocimiento y práctica musical ad hoc para el reto laboral, por ejemplo, bajo una estructura modernizada de Paideia Griega (4)?  Si ese sistema educativo impulsó a tantas culturas, desde la greco romana con Tales de Mileto, hasta el Renacimiento con Leonardo, ¿podría funcionar ahora?

Referencias

  • Besson, M., Chobert, J., & Marie, C. (2011). Música y cerebro: La influencia de la práctica musical en el desarrollo cerebral. Revista de Neurología, 52(2), 97-108.
  • De Souza, J. H., da Silva, A. M., de Lima, M. O., de Menezes, C. M., & de Albuquerque, J. C. (2016). Música y creatividad: una revisión de la literatura neurocientífica sobre la improvisación musical. Avances en Psicología Latinoamericana, 34(3), 541-558.
  • Rodríguez-Fornells, A., Cunillera, T., Càmara, E., Sánchez-Castro, J., & Rottschy, C. (2012). Música, cerebro y cognición. Revista de Neurología, 54(Supl. 1), S33-S44.
  • Hayakawa, S. I. (1949). Language in Thought and Action. Harcourt
  • Gardner, H. (1983). Frames of mind: The theory of multiple intelligences. Basic Books.
  • Zatorre, R. J., Belin, P., & Penhune, V. B. (2002). Nature Reviews Neuroscience, 3(5), 371–383.
  • Kirschner, S., & Tomasello, M. (2010). Evolution and Human Behavior, 31(5), 354–364.
  • Dunbar, R. I. M. (2012). Behavioral and Brain Sciences, 35(4), 209–220.

Notas de pie de página:

  1. La escalera de la abstracción, propuesta por S. I. Hayakawa, explica que el lenguaje y el pensamiento se mueven entre niveles de concreción y abstracción: en la base están los términos específicos y observables (concretos), y al ascender aparecen conceptos cada vez más generales (abstractos) y menos ligados a la experiencia directa, lo que influye en la claridad y precisión de la comunicación
  1. La obra de John D. Barrow explora cómo, desde una perspectiva puramente conceptual, una expresión clara, precisa y sin ambigüedades como 1+1=2, puede revelar en su interior estructuras más allá de lo universalmente aceptado como la suma aritmética simple, mostrando que en algunos esquemas rígidos puede esconderse una riqueza oculta a ojos inexpertos.
  1. Vera de Kohn propone que la unión de dos entidades (1+1) crea una «tercera» realidad (la pareja), que es finalmente una entidad distinta a cada individuo, desafiando la lógica puramente matemática.  Desde este punto de vista, entonces 1+1=3.
  1. La paideia griega fue el ideal de formación integral del ciudadano heleno, orientado al desarrollo moral, intelectual y cívico. Dentro de este esquema, la música (mousikē) no era un simple adorno cultural, sino un saber formativo esencial, destinado a moldear el ethos, el autocontrol y la armonía interior del individuo, cualidades consideradas necesarias para participar responsablemente en la vida de la polis.

Michele Bio
MBA Trilingüe. Ejecutivo Senior con más de 25 años liderando organizaciones locales, familiares y multinacionales del rubro Ferretero, Acabados de Construcción, Retail, Transportes y Telecomunicaciones. Experto en expansión de mercados, recuperación de rentabilidad, optimización operativa y desarrollo de negocios B2B y B2C. Capacidad de liderazgo de equipos de alto desempeño, redes de distribución y canales mayorista, minorista y retail, aseguramiento del crecimiento sostenido y resultados medibles. Proactivo e innovador orientado a resultados.

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