Columnas Luis Benavente

Hernando De Soto y la reconstrucción de la confianza

Estabilidad en medio de la incertidumbre

La designación del economista Hernando de Soto como presidente del Consejo de Ministros no es un simple cambio político en el aparato estatal. Es, ante todo, una señal política. Y en un contexto como el peruano, las señales importan más que los discursos. El país venía transitando un escenario marcado por la incertidumbre, la fragilidad institucional y la percepción de alto riesgo inminente. En ese sentido, el nombramiento representa un intento deliberado de restaurar confianza y externa.

No se trata únicamente de estabilidad política. También es un mensaje económico. Los mercados —tanto internos como internacionales— reaccionan menos a promesas que a perfiles. Y el perfil de De Soto está asociado a la defensa de reglas, propiedad y funcionamiento institucional de la economía. Para inversionistas, organismos multilaterales y actores internacionales, su presencia opera como un ancla de confianza en un momento en que el Perú proyectaba volatilidad.

En pocas palabras, la decisión busca reducir la percepción de país impredecible.

Libertad, democracia y liberalismo como marco

De Soto no es solo un académico reconocido; es un referente del pensamiento liberal contemporáneo. Su trayectoria intelectual ha girado alrededor de dos ejes: libertad económica y libertad política. La primera entendida como acceso a la propiedad, formalización y seguridad jurídica; la segunda como vigencia de instituciones democráticas.

Por ello, su presencia en el Ejecutivo se interpreta como un intento de reordenar el debate público. En un escenario dominado por la polarización, la política peruana había pasado de la discusión de políticas públicas a la confrontación ideológica permanente. El nombramiento, por tanto, no pretende solo administrar el gobierno: pretende redefinir el marco conceptual del debate nacional hacia reglas y no hacia identidades políticas.

Un actor de diálogo en un país polarizado

Una de las características más relevantes de De Soto es su capacidad de interlocución. No pertenece orgánicamente ni a la izquierda ni a la derecha política tradicional. Eso le permite dialogar con ambos espacios sin cargar el peso de la desconfianza automática.

El Perú atraviesa una polarización que no es únicamente electoral, sino cultural: bloques políticos que no negocian porque consideran ilegítimo al otro. En ese contexto, un primer ministro que no sea percibido como adversario ideológico absoluto adquiere valor estratégico. Su rol no sería de mediador.

La gobernabilidad en un periodo de transición depende menos de la fuerza política que del consenso mínimo. Y ese consenso requiere un actor capaz de sentar a conversar a quienes hoy se caen muy mal y no se hablan.

Transparencia electoral y continuidad constitucional

El efecto inmediato esperado del gabinete que presida De Soto es doble. Por un lado, asegurar la transparencia del proceso electoral. Por otro, garantizar la continuidad del gobierno dentro del marco constitucional. La prioridad deja de ser impulsar reformas ambiciosas y pasa a ser la preservación del funcionamiento institucional.

Esto es clave: el objetivo central de un gobierno de transición no es transformar el país, sino evitar su desorden. La estabilidad no se mide por cambios profundos, sino por la capacidad de llegar a la siguiente elección sin crisis de legitimidad.

Prestigio internacional y reputación país

El impacto de la designación también es externo. De Soto es autor de El otro sendero y El misterio del capital, obras citadas en universidades, organismos internacionales y foros económicos globales. Su reputación internacional no es simbólica; es operativa.

El Perú proyecta una imagen de inestabilidad crónica: presidentes que duran meses, conflictos políticos permanentes y ausencia de rumbo institucional. La presencia de una figura reconocida mundialmente busca revertir esa percepción y narrativa.

En política internacional, la reputación funciona como crédito: reduce costos de desconfianza. El nombramiento de De Soto intenta precisamente recuperar ese crédito.

La señal política del Ejecutivo

Finalmente, la decisión se complementa con otro mensaje: la negativa a discutir indultos políticos. En un contexto donde ciertos sectores promovían beneficios para figuras como Pedro Castillo (expresidente del Perú), la postura del presidente Balcázar de cerrar la posibilidad de 9ndultos reducir el frente de conflicto institucional.

La lógica es clara: si el gobierno pretende estabilidad, no puede simultáneamente abrir controversias jurídicas de alto impacto político. La gobernabilidad requiere previsibilidad legal.

Conclusión

La designación de Hernando De Soto como presidente del Consejo de Ministros no debe interpretarse como un simple cambio de gabinete, sino como una estrategia de contención institucional. El Perú no enfrenta únicamente un problema de gestión pública; enfrenta un problema de confianza. Confianza interna entre actores políticos y confianza externa respecto a su estabilidad como Estado.

El objetivo del nuevo gabinete, más que gobernar, es normalizar.

Normalizar el diálogo, normalizar la institucionalidad y normalizar una nueva y favorable percepción internacional del país.

En un periodo de transición, esa es la tarea política más importante.

Luis Benavente.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Magíster en Administración, graduado por la Universidad de Lima. Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional Hermilio Valdizán de Huánuco. Actualmente se desempeña como director ejecutivo de Vox Populi Consultoría y analista político en medios de comunicación nacionales e internacionales. En la Universidad de Lima ha sido director del Grupo de Opinión Pública y director de imagen institucional. Ha sido docente del Máster en Gobernabilidad y Procesos Electorales de la Escuela Electoral del Jurado Nacional de Elecciones, del Máster en Comunicación Política e Institucional del Instituto Universitario Ortega y Gasset de Madrid, de la Facultad de Comunicación de la PUCP y de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima. También ha sido presidente de la Asociación Peruana de Facultades de Comunica

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