Columnas Jorge Céliz

Sin legitimidad, no hay república

Jorge Céliz Kuong
25 de febrero de 2026

La crisis peruana de 1930-1931, tras la caída del régimen de Augusto B. Leguía, dejó una advertencia vigente: cuando los partidos colapsan y la Constitución pierde legitimidad social, el poder busca salidas de emergencia. En pocos meses el país pasó por el Teniente Coronel Luis Miguel Sánchez Cerro, el civil David Samanez Ocampo e incluso por el obispo Emilio B. Campodónico. Aquella secuencia no respondió a un proyecto ideológico coherente, sino a un vacío de autoridad. Hoy el Perú enfrenta una crisis distinta en forma, pero semejante en fondo: debilitamiento de partidos, desconfianza institucional y fragmentación política.

Desde el 2016 el país ha tenido ocho presidentes: Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jeri y el actual mandatario, Baltazar. Esta rotación acelerada no es un signo de pluralismo vigoroso, sino de precariedad estructural.

La destitución y procesamiento de Pedro Castillo por intento de ruptura constitucional marcó un punto de quiebre. A ello se suma la condena por corrupción de Vladimir Cerrón, líder de Perú Libre. La influencia de actores judicializados en la vida política erosiona la legitimidad democrática y refuerza la percepción de impunidad.

En este contexto, es importante reconocer que, desde 1980 (año del retorno a la democracia tras el gobierno militar) las Fuerzas Armadas del Perú han mantenido, en términos institucionales, una conducta de respeto a la constitucionalidad y subordinación al poder democrático. Durante el conflicto interno contra el terrorismo y en las sucesivas crisis políticas recientes, su actuación ha estado formalmente enmarcada en el orden constitucional. Esa continuidad es un activo que no debe erosionarse.

Sin embargo, la estabilidad no puede depender de factores externos al sistema político. El problema central sigue siendo la debilidad de los partidos y la fragmentación electoral. Más de treinta organizaciones competirán en abril de 2026. Muchas carecen de estructura nacional real o identidad programática consistente. En la centro-derecha persisten divisiones y colisiones que impiden articular una propuesta común. La dispersión del voto favorece opciones más cohesionadas, aunque no necesariamente más democráticas.

El ecosistema mediático, por su parte, opera en un entorno de alta polarización. Parte de la prensa ha asumido posiciones políticas explícitas, debilitando la función de arbitraje informativo que una democracia requiere. Sin información rigurosa y análisis técnico, la deliberación pública se convierte en confrontación permanente.

El problema de fondo es formativo. Durante décadas se redujo la educación cívica en las escuelas y se eliminó la instrucción premilitar. Hoy muchos jóvenes concluyen la secundaria sin comprender con claridad la separación de poderes, el rol del Congreso o los límites constitucionales del Ejecutivo. Sin cultura constitucional no hay ciudadanía sólida.

Es imprescindible restituir una educación cívica moderna, obligatoria y exigente, centrada en ética pública, legalidad y responsabilidad ciudadana. Complementariamente, programas de formación en disciplina, liderazgo y defensa civil pueden fortalecer cohesión social y sentido de deber.

Las universidades (públicas y privadas) deben asumir un rol más activo en la formación de élites con conciencia institucional. No basta con excelencia técnica; se requiere compromiso con la República y estándares éticos elevados.

El Perú no necesita salvadores ni soluciones improvisadas. Necesita reconstruir legitimidad desde la educación, fortalecer partidos con identidad programática real, exigir integridad a sus dirigentes y preservar el respeto irrestricto al orden constitucional. Si no abordamos simultáneamente la crisis de representación y la crisis formativa, repetiremos el patrón histórico de vacío de autoridad. La estabilidad no dependerá de un líder circunstancial, sino de ciudadanos capaces de sostener la República con convicción democrática y responsabilidad institucional.

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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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