Por Cecilia Palacios C.
El próximo 18 de marzo el Gabinete Miralles deberá asistir al Parlamento Nacional para pedir el voto de confianza a su gestión, un procedimiento de control político que no volverán a repetir los futuros primeros gabinetes ministeriales de los sucesivos gobiernos debido a que el mecanismo quedará en desuso a partir de julio próximo con el ingreso del nuevo gobierno nacional. En quince días el país sólo estará a 24 días de las elecciones fijadas para el 12 de abril y se esperaría que las bancadas representadas en el Congreso tengan posiciones más reflexivas respecto a la necesidad de brindar condiciones apropiadas para que la ciudadanía elija a sus próximas autoridades sin sobresaltos y gozando de cierta serenidad.
Mucho se ha cuestionado el origen de los votos obtenidos por el izquierdista José María Balcázar para hacerse de la presidencia de la mesa directiva y posterior Presidencia de la República en la última fase de este nefasto quinquenio de deterioro institucional, deterioro democrático y degradación de la institución presidencial. Lo cierto es que hoy tenemos sentado en Palacio de Gobierno a un congresista más cuestionado que el anterior y que el ímpetu de la censura express ha dejado al país en una situación política vulnerable al haber cambiado la correlación de fuerzas en el Legislativo; por ello, las fuerzas democráticas están en la obligación de sopesar las consecuencias de deshacerse de “presidentes encargados” y de saltarse trámites, sobre todo cuando se carece de manejo político para garantizar resultados que favorezcan y no perjudiquen a los ciudadanos.
Un análisis de los ministros que acompañan a Denisse Miralles, sindicado como un gabinete de cuotas de Alianza para el Progreso, Podemos y Perú Libre, arroja que más del 60% de las carteras están ocupadas por técnicos de carrera, algunos vienen desde la administración Boluarte y han ido escalando de directores generales a viceministros y de viceministros a ministros; en síntesis, la mediocridad retratada en pleno pues de Castillo a Balcázar existe carencia de cuadros solventes que garanticen recambios verdaderos. Aun cuando nuestra flamante Presidenta del Consejo de Ministros asegure “no es cuota de ningún partido político” debido a que “es una funcionaria de carrera con 25 años de experiencia”, no puede negarse que si ha llegado a tan alto cargo es probablemente bajo el padrinazgo del ex titular MEF José Salardi, actual jefe del plan de gobierno del partido de César Acuña; de ser así, “la cuota de poder”, afortunadamente, ha sido apropiada y evaluando las virtudes del inicial candidato al cargo, hay que decir que aún con su prestigio internacional, por su avanzada edad que hermana la de nuestro actual gobernante, Hernando de Soto no tiene ni la energía ni el conocimiento en el manejo estatal que generen dinamismo para dejar la casa en orden en estos últimos cuatro meses de gobierno en el que ya no hay tiempo para fijar o impulsar políticas públicas pues el día a día marcará la agenda del gobierno. Denisse Miralles deberá centrarse en proveer de los recursos faltantes a los organismos electorales, debe atender la emergencia nacional producida por el fenómeno del “niño costero”, debe priorizar acciones concretas y coordinadas con entidades nacionales y gobiernos regionales y locales para enfrentar la eventualidad de un futuro Fenómeno del Niño, está obligada a controlar el déficit fiscal y asumir acciones para contrarrestar el nuevo escenario internacional desatado en el Medio Oriente que impactará en el precio del petróleo y el oro. En el breve tiempo que queda hasta la posibilidad de exigirle luchar contra la delincuencia ya parece inviable.
Si consideramos que Balcázar fue erigido “Presidente encargado” con 64 votos todo haría suponer que en diez días el Gabinete Miralles obtendrá la confianza; sin embargo, no podemos subestimar el hecho que una gran parte de nuestros gremlins parlamentarios carecen de inteligencia emocional y análisis estratégico en época electoral y que lejos de examinar la conveniencia para el país de propiciar la caída de Miralles lo que predominará en su evaluación es el ánimo de la calle y el interés subalterno de ganar algunos votos asumiendo poses electoreras a costa incluso de incendiar la pradera. Esperemos que prime la cordura y más bien opten por la vigilancia de las acciones del nuevo gabinete ministerial considerando que cuando se le otorgue la confianza será un gabinete casi casi de salida.
Cecilia Palacios C.
Cecilia Palacios es Bachiller en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, trabajó en prensa televisiva privada durante la época del terrorismo, posteriormente se dedicó a actividades privadas.


0 comments on “Voto sin confianza”