Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Perú puede empezar de nuevo, el lustro de la esperanza y la responsabilidad

No todo está perdido. La historia del mundo demuestra que siempre existe una estrategia para comenzar de nuevo cuando una sociedad decide corregir el rumbo. Los países que hoy admiramos por su desarrollo no siempre fueron ejemplos de eficiencia; muchos atravesaron crisis profundas, corrupción política o sistemas públicos ineficientes. Sin embargo, lograron salir adelante con instituciones sólidas, funcionarios preparados y ciudadanos que exigieron responsabilidad.

Cuando observamos el funcionamiento del Estado en el mundo desarrollado ,en áreas como salud, educación, seguridad, deporte o gestión pública, encontramos un denominador común, planificación, meritocracia y continuidad de políticas públicas. Los sistemas de salud priorizan prevención y acceso; la educación se basa en calidad docente y tecnología; la seguridad se sostiene en instituciones profesionales; y el deporte se convierte en política pública para formar ciudadanos saludables y disciplinados.

En el Perú, la realidad ha sido distinta en las últimas dos décadas. Hemos visto administraciones públicas debilitadas por improvisación, rotación constante de funcionarios y decisiones políticas muchas veces alejadas de la planificación técnica. No ha faltado talento en el país; lo que ha faltado es continuidad, institucionalidad y liderazgo con visión de largo plazo.

Paradójicamente, mientras la economía peruana ha demostrado fortaleza macroeconómica ,con estabilidad monetaria, disciplina fiscal y apertura al comercio, la gestión pública no siempre ha estado a la altura de ese potencial. Esa brecha entre la capacidad económica del país y la calidad de su administración pública explica buena parte de nuestras frustraciones colectivas.

Hoy, sin embargo, existe una oportunidad distinta. La ciudadanía cuenta con más información que nunca. Las redes, los medios y el acceso a datos permiten comparar políticas públicas, observar experiencias internacionales y evaluar a los candidatos con mayor rigor. Esa información plural permite algo fundamental para una democracia: distinguir entre propuestas serias y simples improvisaciones.

El Perú necesita dar el siguiente paso: aplicar legislación comparada, aprender de los modelos que funcionan en el mundo y adaptarlos a nuestra realidad. Un nuevo ciclo político debe estar orientado a un gran plan nacional de inversión y desarrollo social que priorice cinco pilares fundamentales.

Primero, salud y medicina preventiva, fortaleciendo hospitales, tecnología médica y atención primaria.

Segundo, educación de calidad, con maestros capacitados y evaluación permanente.

Tercero, seguridad jurídica y económica, para atraer inversiones que generen empleo.

Cuarto, protección social moderna, con jubilaciones sostenibles y apoyo efectivo a los sectores vulnerables.

Quinto, desarrollo productivo, especialmente para agricultores, emprendedores y regiones con alto potencial.

Este nuevo ciclo también debe enfrentar con decisión los grandes desafíos sociales del país: reducir la anemia infantil, disminuir la pobreza, cerrar brechas territoriales y recuperar la confianza en la política.

La legitimidad democrática no se construye solo con votos; se construye con resultados, transparencia y respeto a la ley. Cuando las instituciones funcionan y los ciudadanos perciben justicia, la confianza vuelve a crecer.

El Perú tiene todo para lograrlo: recursos naturales, estabilidad económica, una población joven y una historia de resiliencia extraordinaria. Lo que necesitamos ahora es una generación de líderes capaces de transformar ese potencial en políticas públicas serias, alejadas del populismo y de la improvisación.

Los próximos años pueden marcar un punto de inflexión. Un lustro de reformas inteligentes, inversión responsable e inclusión social puede cambiar el rumbo del país.

Porque cuando un país decide aprender de sus errores, fortalecer sus instituciones y apostar por el talento de su gente, el futuro deja de ser una promesa y se convierte en una realidad posible.

La esperanza no es una ilusión, es la decisión colectiva de construir un Perú más justo, más moderno y más confiable para las próximas generaciones, todos la queremos, pero, necesitamos amarla y defenderla, Rafael aita Campodónico.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.

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