Sin entrar a comentar el resultado electoral, solo consignaremos la desastrosa, sospechosa e irregular performance de la ONPE en la organización de los últimos comicios. En todo caso, no hay manera de considerar serio a un país en el que hay que elegir entre ¡35 candidaturas presidenciales y 38 parlamentarias! en una elección tan bizarra como surrealista e irritante.
Si a ello le agregamos la inexplicable partición de una cámara de senadores en elegidos por voto nacional y regional, cuando ya la cámara de diputados es elegida a nivel regional, el panorama se enrarece aún más. No llegamos a comprender la necesidad de este fraccionamiento ineficaz e inexplicable que, además, llama a la confusión. Una modalidad que debe anularse y dejar un senado nacional y una cámara de diputados elegida por regiones, tal y como era originalmente, hasta la demagógica eliminación del sistema bicameral. Además, se debe incrementar el número total de representantes, reduciendo el presupuesto del Congreso, por cierto, con menos administrativos y asesores. No hacerlo significa una inadecuada concentración de poder en pocas manos; si la población ha aumentado, lo lógico es que haya mayor representación en el Parlamento. No hacerlo obedece solo a consideraciones demagógicas.
Sobre el voto preferencial, este tuvo un origen positivo y hasta loable, pero lamentablemente ha sufrido una severa distorsión, a tal punto que no solo ha erosionado la unidad de las agrupaciones de cara al elector por la encarnizada disputa al interior de cada partido para salir elegido y la correspondiente confusión del elector promedio, sino que obliga al votante promedio a tener que “estudiar” a cada candidato que postula a una curul, cuando esa labor debe corresponderle al partido, agrupación o alianza que presenta sus candidatos. Más el obvio desconcierto que viene agravado por la cantidad de alternativas en disputa.
De otro lado, nada como la perversa disposición de 2019 de bajar las firmas requeridas para formar partidos a la ridícula cifra de 25 000 ciudadanos, norma que rigió en esta elección y que nos ha traído un aluvión de partiduchos; la inmensa mayoría, vientres de alquiler o franquicias, eso sí, todos ávidos de recibir dineros del erario público, merced a una inadecuada y nefasta ley de financiamiento público de los partidos. Es decir, todos los peruanos debemos pagar obligatoriamente a una serie de aventureros y oportunistas sus devaneos y aspiraciones de poder… inaudito.
Felizmente, este requisito ha subido para el futuro en aproximadamente 530 000 firmas para inscribir un partido, una barrera razonablemente alta y difícil de conseguir, cuyo propósito no es otro que desalentar a tanto improvisado a la captura de poder y dinero fácil.
Finalmente, ya va siendo hora de eliminar la elección al inútil y dispendioso Parlamento Andino, una entidad inservible. Nadie los conoce, no rinden cuentas a nadie y nadie sabe tampoco qué hacen, no tienen capacidad de legislar de manera vinculante; es, en síntesis, el adorno feo y caro de la casa. Repito alto, claro y fuerte… debe eliminarse ya mismo.
Ricardo León Dueñas
Abogado por la Universidad San Martin de Porres con estudios culminados de Maestría en Derecho Empresarial por la Universidad de Lima, post grado en la Universidad de Piura y diplomado en arbitraje por el Centro de Arbitraje de la PUCP. Ha sido gerente de administración y finanzas de Prom Peru, asesor legal de la SBS, gerente legal de la ONP y consejero en el Estudio Muñiz, gerente general y representante legal de AON Benfield Peru, asesor legal y director de C&J Constructores. Miembro de la Misión de Observación Electoral de la OEA para las elecciones en Guatemala 2007 y candidato a la alcaldía de San Isidro en el 2014. Actualmente se desempeña como abogado, consultor independiente y columnista en diversos medios de prensa.


0 comments on “Reflexiones electorales”