La pregunta “¿qué quedará de nosotros?” no es solo una inquietud existencial, sino una interpelación política, social y moral. En el Perú, esta frase adquiere una dimensión compleja, somos un país con riqueza histórica, diversidad cultural, recursos naturales abundantes y una ubicación geoestratégica privilegiada; sin embargo, convivimos con pleitos constantes, desigualdad persistente, narrativas fragmentadas y un preocupante desconocimiento de nuestra propia realidad nacional.
El problema no es la falta de potencial, sino la ausencia de cohesión. Las disputas políticas han sustituido el debate técnico; la confrontación ha desplazado al consenso; y la narrativa pública se ha llenado de desinformación, intereses particulares y visiones de corto plazo. Esto ha generado un país donde la institucionalidad se debilita y la ciudadanía pierde confianza.
La desigualdad, por su parte, no solo es económica, sino también territorial y cognitiva. Existen múltiples “Perúes” que no dialogan entre sí: el urbano y el rural, el formal y el informal, el conectado y el olvidado. Esta fractura limita cualquier intento de desarrollo integral, porque no hay proyecto común.
A ello se suma un déficit crítico, el poco conocimiento de nuestro país. No se puede gobernar ni proyectar lo que no se entiende. La falta de educación cívica, histórica y económica ha generado ciudadanos desinformados y, en consecuencia, decisiones colectivas débiles.
Frente a este escenario, la estabilidad integral e internacional exige construir sobre cinco pilares fundamentales,.
- Unidad con propósito nacional, No se trata de uniformidad, sino de coincidencias básicas. El Perú necesita un acuerdo país que trascienda gobiernos, ideologías y coyunturas.
- Programas concertados y sostenibles, Políticas públicas de largo plazo en educación, salud, infraestructura y seguridad, diseñadas con criterios técnicos y consensuadas entre Estado, sector privado y sociedad civil.
- Educación transformadora, Formar ciudadanos críticos, informados y comprometidos. Sin educación de calidad, no hay democracia sólida ni competitividad internacional.
- Institucionalidad fuerte y ética, Reglas claras, respeto a la ley y sanción efectiva a la corrupción. La estabilidad no se decreta, se construye con confianza.
- Visión internacional estratégica, Integrarse al mundo con inteligencia,
aprovechando tratados, atrayendo inversión y posicionando al Perú como un actor confiable y competitivo.
El Perú no necesita inventarse de nuevo; necesita ordenarse, reconocerse y proyectarse. Tenemos todo: recursos, talento, historia y oportunidades. Lo que falta es unidad, dirección y ejecución.
Si no corregimos el rumbo, lo que quedará de nosotros será una oportunidad desperdiciada. Pero si apostamos por la sensatez, el conocimiento y el consenso, lo que quedará será un país sólido, respetado y preparado para competir en el mundo.
La decisión, como siempre, es colectiva. Y el tiempo, cada vez más corto. un buen consejo democrático, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque
