Aplicar con criterio ,el ejercicio de comunicación política al caso de Keiko Fujimori implica reconocer un cambio estratégico en la forma de transmitir su mensaje. Si algo ha marcado su desempeño en determinados momentos electorales, es la capacidad de adaptar su comunicación hacia un tono más sobrio, menos confrontacional y orientado a generar confianza en sectores más amplios del electorado.
El “mensaje de sobriedad” no es casual. Responde a una necesidad política concreta, poder reducir resistencias históricas y desmontar el llamado “antifujimorismo”, que ha sido uno de los principales obstáculos en segundas vueltas. En ese sentido, el enfoque comunicacional se vuelve interesante, menos polarización, más propuestas; menos pasado, más futuro; menos imposición, más escucha.
En una primera vuelta, el mensaje claro, ordenado y firme pudo consolidar una base electoral suficiente. Pero el verdadero desafío está en la segunda vuelta, donde ya no basta con convencer a los propios, sino que se necesita captar a los indecisos y, sobre todo, a quienes inicialmente estaban en contra. Aquí es donde la sobriedad comunicacional se convierte en una herramienta estratégica.
El mensaje de Keiko Fujimori, cuando se orienta a la estabilidad, la gobernabilidad y el respeto institucional, logra transmitir previsibilidad, un valor altamente demandado en contextos de incertidumbre como el peruano. La ciudadanía no solo evalúa propuestas, sino también actitudes, serenidad, control, madurez política. Estos elementos son fundamentales para construir confianza.
Además, la coherencia entre mensaje y comportamiento público refuerza esta estrategia.y logró distancia de los demás, La moderación en el discurso, la apertura al diálogo y la disposición a generar consensos proyectaron, una imagen de liderazgo más inclusivo, capaz de gobernar para todos y no solo para un sector.
Sin embargo, este ejercicio también implica un reto, sostener la credibilidad. La ciudadanía peruana es especialmente crítica y recuerda procesos anteriores, por lo que el mensaje debe ir acompañado de señales claras y verificables de cambio, renovación y compromiso democrático.
El caso de Keiko Fujimori demuestra que el mensaje político, cuando es trabajado con sobriedad y enfoque estratégico, puede convertirse en un puente para ampliar bases y reducir rechazos. La comunicación deja de ser un instrumento de confrontación para convertirse en una herramienta de reconciliación política.
La responsabilidad, para una segunda vuelta exitosa radica en profundizar esta línea, con, mensajes claros, tono moderado, apertura real y coherencia en cada acción. Superar el “anti” no es solo un objetivo discursivo, es una construcción progresiva de confianza.
En síntesis, la sobriedad no debilita el liderazgo, lo fortalece. Y en escenarios polarizados, es precisamente esa serenidad la que puede marcar la diferencia entre dividir y gobernar. Con sentido y responsabilidad Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque


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