Jorge Céliz Kuong
20 de mayo de 2026
El 20 de mayo ocupa un lugar decisivo en la historia cubana. Ese día, en 1902, nació oficialmente la República de Cuba tras décadas de lucha independentista. Más de un siglo después, la isla enfrenta otra batalla crucial: no por conquistar soberanía, sino por evitar el derrumbe definitivo de un sistema político y económico agotado. La crisis actual ya no puede interpretarse como un episodio temporal ni como una consecuencia exclusiva del embargo estadounidense. Cuba atraviesa un colapso estructural que expone el fracaso acumulado de un modelo incapaz de generar productividad, bienestar y estabilidad.
La economía cubana registra una de las peores contracciones de su historia reciente. Los apagones paralizan ciudades enteras durante horas o días, la inflación destruye salarios y el desabastecimiento golpea incluso productos esenciales. Hospitales sin insumos, transporte semiparalizado y deterioro acelerado de la infraestructura forman parte de la vida cotidiana. Sin embargo, el indicador más dramático es humano: el éxodo masivo de cubanos que abandonan la isla buscando condiciones mínimas de supervivencia. El país pierde profesionales, técnicos y jóvenes mientras se profundiza el envejecimiento poblacional y la dependencia de las remesas.
El núcleo del problema radica en la inviabilidad del hipercentralismo estatal. Durante décadas, el régimen logró sostenerse gracias al financiamiento externo. Primero fueron los subsidios soviéticos; luego, el petróleo venezolano. Esa red de apoyo desapareció. Rusia y China ya no operan bajo afinidades ideológicas, sino bajo cálculos comerciales estrictos. Venezuela enfrenta sus propias limitaciones internas y redujo drásticamente su capacidad de asistencia. Cuba quedó atrapada en una economía improductiva, sin reservas financieras, sin inversión suficiente y sin capacidad de competir internacionalmente.
En este contexto, la situación de Raúl Castro adquiere un significado político profundo. Las acusaciones impulsadas desde sectores judiciales y políticos de Estados Unidos por el derribo de las avionetas de 1996 representan mucho más que un episodio legal. Simbolizan el cierre histórico de una generación revolucionaria que durante décadas se mantuvo blindada frente a cualquier presión internacional. Que un líder nonagenario, símbolo central del castrismo, enfrente cuestionamientos de esa magnitud refleja la pérdida progresiva de legitimidad externa y el aislamiento creciente del régimen.
La diferencia con los años noventa es que hoy el monopolio de la información estatal desapareció. Internet y las redes sociales fracturaron el control absoluto del discurso oficial. La población ya no vive aislada de la realidad exterior. Observa, compara y cuestiona. Mientras el conglomerado militar GAESA concentra los sectores más rentables de la economía, amplios sectores de la sociedad sobreviven mediante el mercado informal y las remesas familiares. Esa fractura entre una élite cerrada y una ciudadanía empobrecida incrementa el riesgo de explosiones sociales y nuevas crisis migratorias regionales.
El caso cubano también deja una advertencia para América Latina y especialmente para el Perú, que se aproxima nuevamente a una segunda vuelta electoral marcada por la polarización y el desgaste institucional. Las democracias no colapsan de manera instantánea; se deterioran lentamente cuando el dogma reemplaza la gestión, cuando la confrontación política destruye consensos mínimos y cuando el Estado deja de servir al ciudadano para convertirse en herramienta de control ideológico.
*Cuba necesita abandonar definitivamente la lógica del inmovilismo. La apertura económica, las garantías jurídicas para la inversión privada, la recuperación institucional y una transición pragmática son condiciones indispensables para evitar un deterioro irreversible. Persistir en el modelo actual ya no significa defender una revolución; significa administrar el declive de una nación cuya población hace tiempo comenzó a perder la esperanza.*
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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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