Columnas Jorge Céliz

El costo de la desunión: Lecciones del empate técnico 2026

El Perú vuelve a vivir una elección marcada por la incertidumbre. Tras la segunda vuelta presidencial de ayer 7 de junio del 2026, el país enfrenta un empate técnico que mantiene en suspenso la definición del próximo gobierno. Mientras continúan llegando las actas desde diferentes regiones del país, millones de peruanos observan con expectativa una contienda que refleja una realidad cada vez más evidente: la profunda fragmentación política y social que atraviesa nuestra nación.

La ajustada diferencia entre las candidaturas no es producto del azar. Es la consecuencia de años de crisis institucional, desconfianza ciudadana y debilitamiento de los partidos políticos. Una vez más, las urnas muestran un país dividido entre distintas visiones sobre el presente y el futuro del Perú, donde las diferencias entre el voto urbano y rural siguen teniendo una influencia determinante en los resultados electorales.

En este escenario, la centroderecha llegó a la etapa decisiva de la campaña con dificultades para construir una estrategia unitaria. Durante gran parte del proceso electoral predominó la competencia entre liderazgos antes que la búsqueda de consensos. Esta situación contribuyó a dispersar fuerzas y dificultó la consolidación de un bloque político amplio capaz de enfrentar con mayor cohesión la segunda vuelta.

Figuras relevantes de este sector, entre ellas Rafael López Aliaga y otros dirigentes políticos, tuvieron una participación importante durante la campaña. Sin embargo, los acercamientos y respaldos producidos posteriormente no lograron generar el nivel de unidad que una elección tan disputada requería. En procesos donde cada voto puede resultar decisivo, la coordinación política y la capacidad de construir alianzas sólidas suelen marcar diferencias significativas.

Por otro lado, el bloque encabezado por Roberto Sánchez mostró una mayor capacidad para articular apoyos diversos. Juntos por el Perú logró reunir a organizaciones de izquierda, movimientos regionales y sectores descontentos con el sistema político tradicional alrededor de una propuesta común de cambio. Más allá de las diferencias internas existentes dentro de ese espacio, la estrategia permitió proyectar una imagen de mayor cohesión frente al electorado.

Un factor que también ha tenido peso en esta elección es el denominado “antivoto”, fenómeno presente en varios procesos electorales recientes. Una parte importante de los ciudadanos ha tomado su decisión motivada principalmente por el rechazo a una determinada opción política antes que por una identificación plena con un programa de gobierno. Esta dinámica continúa alimentando la polarización y dificulta la construcción de consensos duraderos.

Asimismo, la participación electoral ha dejado importantes lecciones. En Lima, considerada históricamente un bastión relevante para los sectores democráticos y de centroderecha, se observó un nivel de ausentismo que podría haber influido en el resultado final. Mientras muchas regiones del interior acudieron masivamente a las urnas, una parte del electorado urbano mostró señales de cansancio, desinterés o desencanto frente a la política. En una elección tan ajustada, cada voto cuenta y cada ausencia puede tener consecuencias.

Sin embargo, más allá de las preferencias políticas de cada ciudadano, el momento actual exige responsabilidad y serenidad. Las diferencias observadas entre los resultados preliminares, los conteos rápidos y el avance del cómputo oficial responden a factores técnicos y logísticos propios de un proceso electoral complejo. Por ello, cualquier proclamación anticipada o acusación sin sustento solo contribuiría a aumentar la tensión y la incertidumbre.

La principal tarea democrática de hoy es respetar las reglas del proceso electoral y confiar en el trabajo de los organismos encargados del escrutinio. El Perú necesita preservar la legitimidad de sus instituciones y evitar que las diferencias políticas se conviertan en un factor adicional de confrontación social.

La lección que deja esta elección es clara: la fragmentación y la falta de acuerdos debilitan la capacidad de construir gobernabilidad. El país requiere fortalecer sus instituciones, promover reformas que reduzcan la dispersión política y fomentar una cultura de diálogo que permita superar la polarización permanente.

Mientras tanto, corresponde actuar con paciencia, prudencia y respeto por la democracia. Hasta que la ONPE concluya el conteo oficial al 100 % y se conozcan los resultados definitivos, ninguna conclusión puede considerarse final. La ciudadanía debe esperar con serenidad el cierre del escrutinio, respetando la voluntad popular expresada en las urnas y la transparencia del proceso electoral.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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