Cecilia Palacios C.
En su calidad de eventual presidenta electa, Keiko Fujimori debería tomar distancia de las presiones que ya se empiezan a ventilar desde vitrinas periodísticas conducentes al indulto de uno u otro presidente corrupto con el cuento de la reconciliación, desde luego que la “reconciliación” no puede generar impunidad ni tampoco debe ser justificación para que un Presidente de la República abuse de la facultad que la Constitución le otorga.
Lo primero que deberá hacer es analizar las diferencias entre uno y otro reo presidencial hoy recluido en el penal de Barbadillo y evaluar eventuales solicitudes de indulto caso por caso; sería un grave error de la futura gobernante que se la de buena samaritana y otorgue indultos indiscriminados que violen la normativa a ex presidentes sin condena firme o que no hayan cumplido ni el 50% de su condena, a menos que una comisión técnica y médica independiente sin intervención política sustente documentadamente que la salud de un ex mandatario se encuentra en franco deterioro y recomiende la procedencia del indulto humanitario; la equidistancia presidencial ante posibles pedidos de indulto será lo más inteligente y saludable. Si el señor Alejandro Toledo está con “cáncer terminal”, como ha deslizado su esposa Eliane Karp, que una junta médica determine si amerita indulto humanitario o no; en el caso de Ollanta Humala debe ser liberado no por un indulto sino porque una sala en segunda instancia acceda a su pedido al haber sido condenado por hechos que no eran delito cuando se cometieron; en el caso de Martín Vizcarra y Pedro Castillo no tienen aún sentencia firme, se encuentran en espera de fecha de apelación por lo que en ambos casos un indulto violaría expresamente la ley, a ello habría que agregarle que los dos tienen otros procesos en marcha por corrupción.
En vista que Fujimori no tendrá luna de miel, antes de atender liberaciones anticipadas, deberá diseñar acciones inmediatas para contener la criminalidad, la extorsión y el sicariato que hoy agobian a los peruanos, acciones que sean pasibles de medir en el corto, mediano y largo plazo. Por otro lado, apenas se siente en el sillón de Pizarro debe anunciar cómo enfrentará un Fenómeno del Niño severo de acuerdo a recientes pronósticos, la lista de tareas pendientes y de recursos no transferidos es larga así que tendrá que diseñar y coordinar una respuesta conjunta del estado en todos sus niveles para menguar el fenómeno climático que lo tenemos a la vuelta de la esquina, requerirá de gran habilidad para echar a andar la maquinaria estatal paquidérmica nacional.
Por su parte, el virtual perdedor Roberto Sánchez se haría un favor a sí mismo y a su partido Juntos por el Perú abandonando el engaño y la falsa narrativa del fraude, de paso dejaría de hacer el ridículo nacional con su manifestación solitaria de que no reconocerá a un gobierno de Fujimori y su pedido de anular el voto de peruanos en el exterior con sustentos cantinflescos como describir a la valija diplomática como una “caja con código y clave” argumentando prácticamente que al no trasladar las actas en baúl con candado se violó la cadena de custodia o culpando al Canciller Pareja del retraso en la llegada de actas de Argentina; lejos de producir resultados a su favor, su piconería lo ha convertido en el hazmerreír del país y ha desatado una avalancha de memes en las redes; sin embargo, lo que fastidia al elector es la sistemática obstrucción de la que hace gala con el propósito de retrasar la proclamación de la ganadora y caldear los ánimos entre sus simpatizantes.
No hay duda que la ignorancia es atrevida pero, en el caso del candidato del Sombrero, no solo hay desconocimiento, hay también manipulación, mentira y dolo; con sus denuncias de fraude Sánchez quiere deslegitimar un proceso que está en su fase final para victimizarse y probablemente iniciar una campaña de azuzamiento a nivel nacional; su comportamiento es anti democrático y presiento que su torcida intención pronto será avasallada por la efervescencia electoral regional y municipal, “el mundial”, “el niño” y la mágica desaparición de sus recientes aliados autodenominados “garantes de la democracia “ que en cuanto vislumbraron su derrota se hicieron humo; Sánchez debe saber que de eso no se regresa y asumir, de una buena vez, que en esta elección fue vencido por el “panetón” ya que él no califica ni para chancay de a 20.
Cecilia Palacios C.
Cecilia Palacios es Bachiller en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, trabajó en prensa televisiva privada durante la época del terrorismo, posteriormente se dedicó a actividades privadas.


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