Durante años, el debate sobre la economía peruana giró alrededor de una sola pregunta: ¿cómo reducir la dependencia de unos pocos mercados y dejar de exportar únicamente materias primas? Hoy esa discusión ha cambiado de escala. La posibilidad de un acuerdo económico de gran alcance con la India, combinada con la expansión de la infraestructura portuaria y ferroviaria del país, abre la puerta a una transformación geopolítica mucho más profunda: convertir al Perú en el principal puente entre Sudamérica y las economías de mayor crecimiento de Asia.
La India ya no es un actor periférico. Con más de 1.400 millones de habitantes, una de las economías que más crece en el mundo y una demanda creciente de energía, alimentos, cobre y minerales estratégicos, se ha convertido en un socio que ningún país exportador puede ignorar. Para el Perú, esta relación tiene un valor especial porque rompe la lógica tradicional de depender casi exclusivamente de Estados Unidos o China. La diversificación deja de ser un discurso y se convierte en una estrategia concreta de poder económico.
El contexto internacional juega a favor del Perú. La competencia entre Estados Unidos y China ha llevado a muchas empresas y gobiernos a buscar cadenas de suministro más seguras y menos concentradas. En ese escenario, la India aparece como un tercer gran polo económico capaz de equilibrar relaciones y generar nuevas oportunidades de inversión. Para Lima, negociar con Nueva Delhi significa ganar margen de maniobra y elevar su capacidad de negociación frente a todas las potencias.
Pero el verdadero cambio no está solo en el comercio. Está en la infraestructura que puede sostenerlo. El desarrollo del puerto de Chancay, la modernización del Callao, la expansión de Matarani, el proyecto de Corío y la consolidación de Paita y Pimentel configuran una red logística que mira directamente hacia el Asia-Pacífico. Si esa red se conecta con los proyectos ferroviarios longitudinales de la costa y con los corredores interoceánicos hacia Brasil, el Perú dejará de ser únicamente un exportador de minerales para convertirse en el principal corredor bioceánico de Sudamérica.
Esa posibilidad tiene implicancias regionales evidentes. Chile ha sido históricamente el gran eje portuario del Pacífico sudamericano, pero la aparición de nuevos polos logísticos peruanos introduce una competencia inédita por captar carga, inversiones y rutas marítimas. La disputa ya no es territorial; es logística, tecnológica y financiera. El país que ofrezca menores costos, mayor conectividad y mejores servicios atraerá el comercio del continente.
A ello se suma un factor estratégico que suele pasar desapercibido: la seguridad de las cadenas de suministro. Estados Unidos considera cada vez más a los minerales críticos, los puertos y la infraestructura digital como asuntos de seguridad nacional. China hace lo mismo. La India también busca asegurar acceso estable a recursos esenciales para su industrialización. El Perú se encuentra, por primera vez en décadas, en el centro de esa competencia, lo que aumenta su valor geopolítico, pero también la responsabilidad de proteger su infraestructura crítica y fortalecer sus instituciones.
La pregunta decisiva es si el país sabrá convertir esta oportunidad en desarrollo real. Tener cobre, litio, puertos y corredores bioceánicos no garantiza prosperidad automática. Sin educación de calidad, innovación tecnológica, reglas claras y un Estado capaz de negociar en favor del interés nacional, la riqueza puede seguir concentrándose en pocos sectores. El desafío no es atraer cualquier inversión, sino exigir transferencia tecnológica, industrialización y empleo de alto valor agregado.
El eje Perú–India representa mucho más que un nuevo tratado comercial. Puede convertirse en la pieza que complete una estrategia de diversificación global y transforme al país en un nodo logístico, energético y tecnológico del Pacífico. Si el Perú logra articular puertos, ferrocarriles, minería, industria y una política exterior pragmática, dejará definitivamente de ser un proveedor periférico de recursos para convertirse en un actor estratégico de la nueva economía mundial.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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