En Lambayeque, como en muchas regiones del Perú, los problemas no son nuevos. Lo que sí resulta preocupante es que muchas veces dejamos de preguntarnos por qué existen. Y cuando una sociedad deja de cuestionar su propia realidad, corre el riesgo de normalizarla. El “por qué” no es solo una pregunta; es una herramienta de cambio, una forma de enfrentar la verdad y construir futuro.
¿Por qué, teniendo una ubicación estratégica, Chiclayo no ha alcanzado el nivel de desarrollo que podría tener? ¿Por qué la inseguridad, la informalidad y las deficiencias en servicios básicos siguen siendo parte del día a día? ¿Por qué la gestión pública no logra consolidar una visión sostenida de crecimiento regional? Estas no son preguntas incómodas: son necesarias.
Así como entendemos que las nubes se forman por procesos naturales precisos o que la nieve responde a condiciones específicas, también debemos entender que los problemas sociales tienen causas claras. No hay crisis espontáneas. La falta de planificación urbana, la debilidad institucional, la corrupción y la ausencia de meritocracia en la gestión pública no son hechos aislados; son consecuencias de decisiones acumuladas en el tiempo.
Chiclayo, capital comercial del norte, tiene un enorme potencial turístico, empresarial y cultural. Lambayeque, con su riqueza histórica y productiva, podría liderar el desarrollo macroregional. Sin embargo, ese potencial sigue parcialmente dormido. Y la razón principal no es la falta de recursos, sino la falta de preguntas que incomoden y generen acción.
El “por qué” debe convertirse en un hábito ciudadano. ¿Por qué elegimos a nuestras autoridades? ¿Por qué aceptamos gestiones deficientes? ¿Por qué no exigimos resultados medibles? Una sociedad que no pregunta se vuelve permisiva, y una sociedad permisiva limita su propio desarrollo.
También es justo reconocer que existen esfuerzos positivos. Autoridades, instituciones y ciudadanos comprometidos vienen trabajando por mejorar la región. Pero esos esfuerzos necesitan ser acompañados por una ciudadanía más crítica, más informada y más participativa. El progreso no es solo responsabilidad del Estado, sino de todos.
En conclusión, Lambayeque no necesita únicamente más obras o más inversión; necesita mejores preguntas. Preguntas que vayan al fondo, que identifiquen causas y que impulsen soluciones reales. Porque solo cuando una región se atreve a cuestionarse a sí misma, está en condiciones de reinventarse. Y Chiclayo, con toda su historia y potencial, merece precisamente eso: dejar de aceptar y empezar a transformar.
Con respeto y responsabilidad.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.


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