Arquitectura de riesgo compartido, resiliencia crediticia y prevención financiera en el sistema peruano
El Fenómeno El Niño suele analizarse desde sus consecuencias climáticas, productivas, sociales y fiscales. Sin embargo, su impacto también se transmite directamente al sistema financiero. La interrupción de actividades, la pérdida de activos, la caída de ventas y el deterioro de cadenas logísticas afectan los flujos de caja de hogares y empresas y pueden transformarse posteriormente en mayor riesgo crediticio, deterioro de cartera y presión sobre la capacidad de recuperación de las instituciones financieras.
Esta relación obliga a ampliar el enfoque. El Fenómeno El Niño debe gestionarse también como un factor de riesgo financiero sistémico, particularmente cuando afecta simultáneamente a numerosos prestatarios, actividades económicas y territorios.
La reciente actuación de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP constituye un avance importante. La SBS ha facultado a las entidades financieras para modificar, bajo determinadas condiciones, los contratos de deudores con buen comportamiento crediticio cuya capacidad de pago resulte temporalmente afectada. Estas modificaciones pueden realizarse sin deteriorar su clasificación crediticia ni ser consideradas automáticamente refinanciaciones cuando cumplen los criterios prudenciales establecidos.
La medida resulta razonable: una afectación extraordinaria y transitoria de la capacidad de pago requiere distinguirse de un deterioro estructural del deudor. Sin embargo, abre una discusión de mayor alcance: ¿cómo debería distribuirse el costo financiero de un shock climático extraordinario?
La respuesta requiere diferenciar dos universos.
Cartera vigente: distribuir el impacto
Para los créditos existentes, la reprogramación constituye un instrumento necesario, pero modifica principalmente la estructura temporal de la obligación. Dependiendo de las condiciones pactadas, extender el plazo puede reducir la presión inmediata sobre la caja del cliente y, simultáneamente, prolongar su exposición financiera.
Por ello, la siguiente generación de medidas podría incorporar un principio de simetría entre alivio prudencial y alivio económico.
Cuando un buen pagador resulte objetivamente afectado por el Fenómeno El Niño, podrían evaluarse mecanismos que combinen diferimiento de capital, eliminación de penalidades asociadas al evento, tratamiento específico del interés sobre interés y distribución del costo financiero extraordinario entre los actores con capacidad para absorberlo.
El benchmarking ofrece referencias útiles. En Filipinas, el marco regulatorio frente a calamidades permite períodos temporales de gracia de hasta seis meses y establece que, durante ellos, no se impongan intereses sobre intereses, penalidades, comisiones u otros cargos. Para determinados créditos agrícolas, el diferimiento puede alinearse con los ciclos de producción y recuperación.
La aplicación peruana tendría que responder a nuestra estructura financiera y marco prudencial. El objetivo tampoco debería ser establecer porcentajes arbitrarios de reparto ni generalizar condonaciones, sino construir una arquitectura donde cliente, entidad financiera, asegurador, reasegurador y, eventualmente, el Estado absorban diferentes capas del riesgo según su naturaleza, severidad y capacidad de absorción.
Esto permitiría evolucionar desde la reprogramación hacia una verdadera gestión financiera del shock.
Nuevos créditos: incorporar resiliencia desde la originación
El segundo frente resulta estructuralmente más importante.
Cuando la exposición territorial y sectorial al Fenómeno El Niño puede identificarse previamente, el riesgo climático debería incorporarse progresivamente a la evaluación financiera desde la originación del crédito.
Esto exige una precisión fundamental. Incorporar riesgo climático al pricing crediticio mediante una simple prima adicional podría encarecer el financiamiento precisamente en los territorios más vulnerables y producir exclusión financiera.
Una arquitectura eficiente debería evaluar el riesgo residual:
riesgo climático bruto – prevención – capacidad adaptativa – cobertura aseguradora – mecanismos de transferencia = riesgo residual.
La SBS dispone actualmente de piezas que pueden facilitar esta evolución. En mayo de 2026, prepublicó un proyecto regulatorio para seguros paramétricos frente a eventos naturales. Estos instrumentos utilizan parámetros físicos verificables y permiten activar indemnizaciones cuando se alcanza el umbral previamente establecido, reduciendo la dependencia del peritaje tradicional y facilitando una respuesta más rápida.
Sobre esa base, podría desarrollarse una nueva generación de créditos resilientes, integrando financiamiento, georreferenciación, evaluación de vulnerabilidad, prevención, cobertura paramétrica y protocolos contractuales de recuperación.
Ante un evento de menor severidad, la cobertura podría financiar determinadas obligaciones temporales; ante uno severo, amortizar parcialmente el saldo; y, frente a una afectación catastrófica, una cobertura correctamente estructurada podría proteger el saldo asegurado y proporcionar recursos adicionales para recuperar la actividad productiva.
Esta última dimensión es decisiva. La resiliencia financiera requiere proteger tanto la calidad del activo de la institución como la capacidad productiva que genera el flujo de pago. Preservar el crédito y preservar la empresa forman parte del mismo problema financiero.
El modelo podría complementarse con un fondo individual de resiliencia, jurídicamente diferenciado de la prima aseguradora. Su acumulación permitiría constituir una reserva del cliente que, ante una contingencia, complemente la cobertura y, en ausencia de siniestro, fortalezca progresivamente su patrimonio financiero.
Convertir la prevención en valor financiero
La transformación más profunda consiste en generar incentivos económicos para reducir la vulnerabilidad.
Una empresa que protege activos, diversifica proveedores, fortalece canales comerciales, establece continuidad operacional y reduce exposición física debería presentar, ceteris paribus, un perfil diferente de otra que mantiene elevada vulnerabilidad.
La resiliencia podría convertirse así en una variable relevante para la evaluación crediticia:
mayor capacidad de adaptación → menor riesgo residual → potencialmente mejores condiciones financieras.
El sistema dejaría de limitarse a financiar y, posteriormente, reparar las consecuencias del riesgo para comenzar a financiar su reducción.
La SBS ya viene vinculando resiliencia operacional y Fenómeno El Niño, señalando la importancia de que bancos, financieras y cajas municipales mantengan servicios críticos ante eventos disruptivos. El siguiente desarrollo podría extender esa lógica desde la continuidad de las instituciones hacia la resiliencia financiera de sus propias carteras y clientes.
El desafío, por tanto, presenta dos horizontes complementarios: para la cartera vigente, distribuir eficientemente el impacto extraordinario; para las nuevas colocaciones, identificar, mitigar, asegurar y transferir el riesgo desde la originación.
La arquitectura puede sintetizarse en cuatro principios:
retener lo soportable, mitigar lo prevenible, transferir lo asegurable y compartir lo sistémico.
El Fenómeno El Niño ofrece al Perú la oportunidad de evolucionar desde una política financiera predominantemente reactiva hacia una arquitectura preventiva. La innovación regulatoria más importante será aquella que consiga alinear estabilidad financiera, protección del cliente, sostenibilidad empresarial y adecuada asignación del riesgo.
Gestionar el Fenómeno El Niño como riesgo financiero sistémico significa precisamente eso: transformar una amenaza climática previsible en una variable administrable antes de que llegue al balance como pérdida.
César Augusto Novoa Chávez
CEO de NOZA Investment Company SAC Perú y un líder estratégico con más de 25 años impulsando crecimiento, innovación y transformación en entornos altamente competitivos. Su trayectoria integra finanzas, gestión de riesgos, tecnología y dirección comercial, con posiciones clave en Derrama Magisterial, Banco Azteca / Grupo Salinas y Banco del Trabajo. Reconocido por convertir la visión en ejecución, diseña e implementa modelos escalables orientados a valor, rentabilidad y sostenibilidad. Es docente internacional de posgrado y columnista. Economista (Universidad Nacional de Piura) y MBA (ESAN), con especializaciones en Riesgos Financieros (ESAN & Tecnológico de Monterrey), Transformación Digital & Fintech (Copenhagen Business School) y Business Sustainability (University of London).


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