Sin categoría

El eco de las fronteras: cuando la historia se convierte en estrategia

Las fronteras nunca son únicamente accidentes geográficos. Son espacios donde se encuentran la soberanía, la seguridad, la economía y la memoria de los pueblos. En ellas, la historia deja de ser pasado y puede convertirse en una fuerza política capaz de condicionar decisiones presentes. En Sudamérica, la frontera entre el Perú y Chile constituye uno de los ejemplos más elocuentes de cómo una controversia territorial puede sobrevivir en la memoria mucho después de haber sido resuelta jurídicamente.

El Tratado de Lima de 1929 puso término al prolongado diferendo por Tacna y Arica. Tacna retornó al Perú y Arica quedó bajo soberanía chilena. Pero aquel acuerdo no fue simplemente una operación cartográfica. Fue el desenlace de décadas de tensión diplomática, conflicto, transformaciones demográficas y profundas fracturas sociales. La solución territorial cerró una controversia internacional, pero sus consecuencias humanas continuaron formando parte de la memoria de las poblaciones de ambos lados de la frontera.

Uno de los episodios más reveladores de ese largo proceso fue el intento de realizar el plebiscito previsto por el Tratado de Ancón. En 1925, Estados Unidos intervino directamente mediante una Comisión Plebiscitaria encabezada por el general John J. Pershing, prestigioso comandante de las fuerzas estadounidenses durante la Primera Guerra Mundial. Su misión consistía en contribuir a organizar y supervisar las condiciones para una consulta que debía determinar el destino de Tacna y Arica. Tras la salida de Pershing, el general William Lassiter asumió la conducción de la comisión y desempeñó un papel decisivo en la evaluación de las condiciones existentes.

La experiencia de ambos generales resulta particularmente relevante porque demuestra los límites de la mediación internacional frente a una disputa profundamente arraigada. La comisión encontró un escenario caracterizado por denuncias de intimidación, dificultades para garantizar libertad electoral y una profunda desconfianza entre las partes. Lassiter llegó a cuestionar severamente la posibilidad de realizar un plebiscito que pudiera ser considerado auténticamente libre y legítimo. El proceso terminó sin que la consulta se llevara a cabo.

No sería correcto convertir aquella intervención estadounidense en un arbitraje vinculante ni atribuir a Pershing y Lassiter la decisión final sobre el territorio. Su papel fue diferente y, precisamente por ello, históricamente importante: demostraron las dificultades prácticas de aplicar una solución plebiscitaria cuando las condiciones políticas, sociales y de seguridad no garantizan igualdad de participación. La experiencia puso en evidencia que una fórmula jurídica puede fracasar si no existe un entorno institucional capaz de sostenerla.

Detrás de aquella disputa existieron, además, realidades humanas que ningún tratado podía borrar de inmediato. Familias, comunidades, propiedades, actividades económicas y vínculos culturales fueron afectados por la transformación de la soberanía. La frontera política terminó imponiéndose sobre una realidad social construida durante generaciones. Esa dimensión humana explica por qué las fronteras permanecen en la memoria colectiva incluso cuando los mapas y los tratados han establecido una solución definitiva.

Casi un siglo después, el escenario regional ha cambiado radicalmente. El Perú y Chile no enfrentan hoy una controversia territorial comparable. Sin embargo, la frontera continúa sometida a presiones derivadas de la migración irregular, el contrabando, el tráfico de drogas, la trata de personas y otras manifestaciones del crimen organizado transnacional. La amenaza contemporánea ya no consiste necesariamente en ocupar territorio. Consiste en aprovechar las debilidades institucionales, las diferencias regulatorias y los espacios donde la capacidad del Estado resulta insuficiente.

Esta transformación obliga a revisar el concepto tradicional de soberanía. Un Estado fuerte no es aquel que simplemente aumenta sus controles, sino aquel que consigue conocer lo que ocurre en su territorio, proteger a su población, facilitar la movilidad legítima y actuar con rapidez frente a las amenazas. La seguridad fronteriza y la integración económica, por tanto, no son objetivos contradictorios. Una frontera verdaderamente segura es aquella que puede controlar mejor precisamente porque funciona mejor.

En este punto, la relación entre Tacna y Arica adquiere una importancia estratégica que supera la dimensión local. Ambas ciudades forman un sistema económico y humano interdependiente, donde el comercio, el turismo, el transporte y la movilidad cotidiana generan intereses compartidos. La frontera puede convertirse en una barrera que multiplique costos o en un corredor que aumente competitividad. La diferencia depende de la calidad de las instituciones que la administran.

El Perú y Chile disponen hoy de condiciones diplomáticas considerablemente más favorables para avanzar en esa segunda dirección. La cooperación bilateral en materia migratoria, policial, fronteriza y de integración demuestra que existe una base institucional sobre la cual construir. El desafío consiste en pasar de la cooperación declarativa a resultados verificables: menores tiempos de espera, controles más inteligentes, intercambio oportuno de información y una respuesta coordinada frente a las organizaciones criminales.

La infraestructura constituye otro componente decisivo. La modernización de los complejos fronterizos, la mejora de las conexiones terrestres y el fortalecimiento de los sistemas logísticos pueden transformar la frontera en un eje de competitividad. En ese contexto, el ferrocarril Tacna-Arica representa más que una obra de transporte: puede convertirse en un instrumento de integración económica, movilidad y articulación regional si existe una visión de largo plazo que justifique su recuperación y modernización.

Pero la estrategia no puede reducirse a infraestructura y seguridad. Las comunidades fronterizas deben ser beneficiarias directas de la integración. Salud, educación, empleo, turismo, protección ambiental y gestión de riesgos deben incorporarse a una agenda binacional permanente. Una política fronteriza que no mejora la vida de quienes habitan el territorio termina alimentando informalidad, desconfianza y abandono institucional.

También es necesario recuperar la memoria histórica desde una perspectiva responsable. Pershing y Lassiter deben ser recordados no como protagonistas de una decisión territorial que nunca les correspondió tomar, sino como representantes de un esfuerzo internacional que reveló las dificultades de resolver mediante un plebiscito una controversia cargada de intereses nacionales y tensiones sociales. Su experiencia permite comprender que la paz sostenible requiere algo más que mediación: necesita voluntad política, instituciones confiables y acuerdos capaces de sobrevivir a los cambios de gobierno.

La verdadera prueba para Perú y Chile ya no consiste en demostrar quién ganó o perdió una disputa del pasado. Consiste en demostrar que dos Estados pueden convertir una frontera marcada por la guerra en un espacio de confianza estratégica. El Tratado de Lima de 1929 resolvió una controversia territorial; corresponde a las generaciones actuales convertir aquella paz jurídica en una arquitectura permanente de cooperación.

La agenda debe ser inequívoca: fronteras inteligentes, coordinación contra el crimen transnacional, movilidad ordenada, infraestructura integrada, comercio formal y políticas públicas binacionales que eleven la calidad de vida de las comunidades fronterizas. Esa es la forma contemporánea de ejercer soberanía. Un Estado no pierde soberanía cuando coopera; la fortalece cuando consigue controlar eficazmente su territorio y, al mismo tiempo, generar prosperidad.

El futuro de Tacna y Arica no debería quedar subordinado a la nostalgia ni a una retórica nacionalista que reduzca la historia a vencedores y vencidos. Precisamente por su pasado, esta frontera puede convertirse en una demostración de madurez geopolítica. Si el Perú y Chile logran transformar un espacio cargado de memoria en un corredor de seguridad, desarrollo y confianza, habrán hecho algo más trascendente que cerrar una página de la historia: habrán demostrado que la geopolítica puede dejar de administrar heridas para comenzar a construir futuro.

La frontera de Tacna y Arica no debe ser el último eco de una guerra. Debe convertirse en la primera evidencia de una paz estratégicamente construida.

https://www.facebook.com/share/1D1YXrEwrt/?mibextid=wwXIfr

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

0 comments on “El eco de las fronteras: cuando la historia se convierte en estrategia

Deja un comentario

Discover more from Vox Populi Empresarial

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading