Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

El ruido de los que nunca se atrevieron

Durante años se ha repetido una frase atribuida a Cervantes: “Los perros ladran, señal de que avanzamos”. Aunque no pertenece a Don Quijote, su esencia sigue describiendo una realidad inalterable: cada vez que alguien rompe la inercia, aparecen quienes hacen del juicio su principal ocupación.

Existe una diferencia abismal entre quien construye y quien comenta. El primero arriesga su patrimonio, su prestigio, su tiempo y hasta su tranquilidad. El segundo arriesga únicamente palabras. Uno aprende de los errores porque los vive; el otro habla de errores que jamás tuvo el valor de cometer.

Hay quienes miran el espejo retrovisor para recordar el camino recorrido, corregir la ruta y reconocer cuánto han crecido. Otros viven instalados en ese espejo, prisioneros de un pasado que nunca superaron. Desde allí observan con resentimiento a quienes siguen avanzando. Confunden prudencia con miedo, experiencia con inmovilismo y crítica con inteligencia.

Lo más llamativo es que muchos de los críticos profesionales jamás han construido una empresa, generado empleo, liderado un proyecto, defendido una idea incómoda o enfrentado el riesgo del fracaso. Su currículum está lleno de opiniones y vacío de realizaciones. Hablan con autoridad sobre caminos que nunca recorrieron.

La sociedad ha normalizado un fenómeno peligroso: otorgar el mismo valor a la voz de quien hace que a la de quien únicamente critica. No deberían pesar igual. La experiencia concede una autoridad que la comodidad nunca podrá fabricar. El conocimiento sin acción es teoría. La opinión sin experiencia es ruido.

Quienes dejan huella entienden que el precio del progreso es, muchas veces, la incomprensión de los demás. Cada decisión importante incomoda a quienes eligieron no decidir. Cada éxito pone en evidencia las excusas de quienes prefirieron permanecer inmóviles. Por eso, la crítica infundada rara vez proviene de quien está construyendo; suele provenir de quien observa desde la tribuna.

No se trata de despreciar la crítica. La crítica honesta, fundamentada y nacida de la experiencia es indispensable para crecer. Lo que debe rechazarse es el juicio permanente de quienes nunca asumieron responsabilidades, nunca arriesgaron nada y nunca produjeron aquello que exigen a los demás.

La historia nunca ha sido escrita por los comentaristas. La escribieron quienes se atrevieron a actuar cuando otros solo encontraban razones para no hacerlo. Los grandes cambios nacieron de personas imperfectas, criticadas y cuestionadas, pero decididas a avanzar.

Conclusión

Cuando las voces de la descalificación aumentan, conviene mirar menos hacia los costados y más hacia el propósito. El retrovisor sirve para aprender, jamás para detenerse. La verdadera diferencia entre las personas no está en la cantidad de críticas que emiten, sino en la cantidad de realidades que son capaces de construir.

Al final, el tiempo es el juez más implacable: deja en el olvido a quienes solo hablaron y reserva un lugar para quienes tuvieron el coraje de actuar.

Con respeto.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.

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