De la reforma legal a la sostenibilidad real: cobertura, aportes, pensiones suficientes y disciplina fiscal
El Perú está entrando en una nueva etapa previsional. La reforma dejó de ser únicamente una discusión legislativa y empieza a convertirse en arquitectura operativa.
En septiembre de 2026 se aprobaron dos piezas importantes para su implementación. La primera establece el reglamento para los traslados entre el Sistema Nacional de Pensiones (SNP) y el Sistema Privado de Pensiones (SPP), proceso que comenzará el 1 de junio de 2027. La segunda regula el procedimiento mediante el cual los afiliados al sistema privado podrán acceder a pensiones mínimas o proporcionales dentro del pilar semicontributivo.
Son avances relevantes. Pero sería un error confundir modernización normativa con solución previsional.
El gran desafío del Perú no consiste únicamente en decidir si una persona estará en la ONP o en una AFP. El problema es más profundo: millones de ciudadanos desarrollan su vida laboral entre informalidad, ingresos variables, periodos sin cotización y aportes discontinuos.
Por eso, la pregunta central no debería limitarse a quién administra la pensión, sino a cuántos peruanos conseguirán acumular los recursos y los años de aportación necesarios para financiar adecuadamente su vejez.
Más movilidad, pero también mejores decisiones
La nueva movilidad entre sistemas introduce un cambio relevante. Desde junio de 2027, los afiliados podrán trasladarse entre el SNP y el SPP mediante la Plataforma de Afiliación Segura y Transparente (PAST). El primer traslado podrá solicitarse desde esa fecha y, para movimientos posteriores, se exigirá una permanencia mínima de 24 meses en el régimen elegido.
La portabilidad puede reducir algunas de las rigideces históricas entre ambos sistemas y ampliar las posibilidades de elección del afiliado.
Pero mayor libertad para trasladarse no garantiza, por sí sola, una mejor pensión.
Una decisión previsional técnicamente informada necesita considerar edad, años aportados, densidad de cotización, nivel de ingresos, saldo acumulado, situación familiar y horizonte laboral. Cambiar de sistema sin comprender esas variables puede significar trasladar el problema en lugar de resolverlo.
El pilar semicontributivo y la pregunta fiscal
La reforma también amplía el alcance del pilar semicontributivo. En el SNP, quienes cumplen 65 años y acreditan 20 años o más de aportes tienen una pensión mínima de S/600. Quienes aportaron entre 10 y menos de 15 años pueden recibir S/300 mensuales, mientras que quienes acreditan entre 15 y menos de 20 años acceden a S/400.
El nuevo marco permite que los afiliados del SPP también puedan acceder, bajo determinadas condiciones, a pensiones mínimas o proporcionales equivalentes cuando su Cuenta Individual de Capitalización no resulte suficiente para financiarlas. El complemento correspondiente cuenta con garantía estatal.
La lógica del nuevo sistema combina ahorro individual, solidaridad y respaldo público. Pero allí aparece una pregunta inevitable:
¿cómo se financiarán sosteniblemente las brechas previsionales en el largo plazo?
Si la densidad de aportes permanece baja, una proporción elevada del empleo continúa fuera de la formalidad y aumenta el número de personas que necesita un complemento estatal, parte del riesgo previsional terminará trasladándose a las cuentas fiscales.
La sostenibilidad de cualquier garantía estatal dependerá, por tanto, no solo de las reglas pensionarias, sino también de variables mucho más amplias: empleo formal, productividad, continuidad de los aportes, crecimiento económico y capacidad fiscal futura.
Afiliar no es pensionar
Existe una diferencia decisiva entre afiliación y cobertura efectiva.
Incorporar personas al sistema es importante. De hecho, la nueva legislación contempla que, a partir de junio de 2027, la afiliación previsional se generalice desde la mayoría de edad mediante la nueva plataforma.
Pero afiliar no es pensionar.
Una persona puede figurar durante décadas como afiliada y, sin embargo, aportar esporádicamente. Estadísticamente estará dentro del sistema, pero económicamente puede llegar a los 65 años sin haber acumulado suficientes aportes o recursos para financiar una pensión adecuada.
Ahí se encuentra uno de los puntos centrales del debate previsional peruano.
No basta preguntar cuántos afiliados existen.
También debemos observar cuántos aportan regularmente, durante cuánto tiempo aportan y qué pensión consiguen financiar al final de su vida laboral.
Por eso, la evaluación de la reforma debería mirar, entre otros, cinco indicadores fundamentales:
cobertura previsional efectiva + densidad de cotización + suficiencia de las pensiones + sostenibilidad fiscal + eficiencia en la administración del ahorro.
El número de afiliados es un indicador de entrada.
La pensión obtenida es el resultado final.
Superar la discusión ONP versus AFP
También conviene superar la antigua discusión planteada exclusivamente como ONP versus AFP.
La Ley N.º 32123 estructura el nuevo Sistema Integral Previsional Peruano mediante cuatro pilares: no contributivo, semicontributivo, contributivo y voluntario.
Eso cambia la naturaleza de la discusión.
El sistema público y el privado dejan de ser compartimentos completamente separados y comienzan a interactuar mediante mecanismos de traslado, garantía estatal y prestaciones semicontributivas.
El debate relevante pasa entonces por determinar cómo funcionan conjuntamente esos pilares, qué incentivos generan, cuánto cuestan y qué resultados previsionales producen.
La sostenibilidad será especialmente importante porque las obligaciones se acumulan durante décadas.
En septiembre de 2026, la ONP programó el pago de pensiones para 790.579 beneficiarios de los distintos regímenes que administra. Solo el Decreto Ley N.º 19990 comprendía a 715.422 pensionistas.
La magnitud de estas cifras recuerda una característica esencial de las pensiones: las decisiones adoptadas hoy pueden producir sus mayores consecuencias dentro de veinte, treinta o cuarenta años.
Una modificación que parece fiscalmente pequeña en el presente puede convertirse en una obligación considerable cuando se acumulan beneficiarios y décadas de pagos.
Por eso, la política previsional exige mirar mucho más lejos que el siguiente presupuesto anual.
La verdadera prueba de la reforma
El Perú ha comenzado a modernizar su arquitectura previsional. Los nuevos mecanismos de traslado y la implementación del pilar semicontributivo representan cambios importantes en la forma de relacionar el SNP y el SPP.
Pero la prueba definitiva no estará en el número de reglamentos aprobados ni únicamente en el crecimiento de las afiliaciones.
Estará en los resultados.
Dentro de algunos años tendremos que responder preguntas mucho más exigentes:
¿Aumentó la proporción de trabajadores que aporta regularmente?
¿Mejoró la densidad de cotización?
¿Más personas llegan a la jubilación con recursos suficientes?
¿Las garantías estatales son fiscalmente sostenibles?
¿El sistema administra el ahorro con eficiencia y transparencia?
La gran pregunta, finalmente, será muy sencilla:
¿La reforma produjo más afiliados o produjo más personas capaces de llegar a la vejez con una pensión suficiente?
Porque un sistema previsional no demuestra su éxito únicamente cuando incorpora ciudadanos.
Lo demuestra cuando esos ciudadanos llegan al final de su vida laboral con seguridad económica y cuando las obligaciones generadas pueden mantenerse sin comprometer a las siguientes generaciones.
Afiliar es el comienzo. Pensionar de manera sostenible es el verdadero desafío.
César Augusto Novoa Chávez
Economista y MBA por ESAN, con formación internacional en ESADE Business School y exbecario del Banco Central de Reserva del Perú. Ejecutivo y asesor estratégico con más de 30 años en servicios financieros y dirección empresarial. CEO de NOZA Investment Company, especializado en finanzas corporativas, fondos y vehículos de inversión, riesgos y transformación empresarial. Docente de posgrado y autor de cuatro libros. Integra visión global, criterio financiero y capacidad de ejecución para impulsar competitividad, gobierno corporativo y creación sostenible de valor.


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