Jorge Céliz Kuong
03 de octubre de 2026
El nuevo énfasis estratégico de Washington sobre el hemisferio occidental abre oportunidades para el Perú, pero exige una cooperación selectiva que modernice sus capacidades sin comprometer el control nacional sobre decisiones e infraestructura estratégica.
La reorientación militar de Estados Unidos hacia el hemisferio occidental está modificando las prioridades de seguridad regional. El cambio trasciende los discursos políticos: el Comando Sur ha reforzado su atención sobre el control de espacios estratégicos, la lucha contra organizaciones criminales, la protección de infraestructuras críticas y la modernización de capacidades militares. Para Sudamérica, esta nueva agenda plantea oportunidades, pero también decisiones que no deberían tomarse a la ligera.
PANAMAX 2026 constituye una señal concreta. Diecinueve países participaron en el ejercicio multinacional orientado a proteger el Canal de Panamá y fortalecer la interoperabilidad. Argentina, Chile, Colombia y Perú asumieron responsabilidades de conducción en distintos componentes. Estos ejercicios permiten mejorar comunicaciones, mando combinado, coordinación logística y respuesta frente a amenazas sobre infraestructuras críticas. Sin embargo, también generan procedimientos, estándares y vínculos tecnológicos que pueden proyectarse mucho más allá de una maniobra militar.
Por ello, el debate no debería reducirse a aceptar o rechazar la presencia estadounidense. La pregunta relevante es bajo qué condiciones esa cooperación fortalece las capacidades nacionales. Washington puede aportar inteligencia, vigilancia marítima, capacitación, interoperabilidad y tecnología. El riesgo aparece cuando tales ventajas terminan creando dependencia para mantener plataformas, actualizar sistemas, obtener repuestos o administrar información estratégica.
Para el Perú, la recomendación debería ser concreta: profundizar la cooperación con Estados Unidos en inteligencia, vigilancia marítima y aérea, ciberdefensa, lucha contra el narcotráfico y capacitación, pero condicionándola a acuerdos que garanticen control peruano sobre datos, instalaciones y empleo operativo. Lima debería priorizar tecnologías cuya sostenibilidad pueda asegurarse localmente, exigir transferencia de conocimientos y establecer cláusulas de mantenimiento, acceso a repuestos y continuidad logística. La cooperación debe complementar las capacidades nacionales, no reemplazarlas.
La modernización tampoco puede confundirse con adquisición. Un dron, radar, aeronave o buque solo constituye una capacidad militar cuando existen operadores preparados, mantenimiento, repuestos, infraestructura, comunicaciones seguras y presupuesto para sostenerlo durante su ciclo de vida. Para el Perú, la métrica debería ser la disponibilidad operativa y la capacidad de mantener una fuerza eficaz durante una crisis, no el número de plataformas incorporadas.
También resulta indispensable impedir que los debates internos de Estados Unidos sean trasladados mecánicamente al Perú. Las reformas sobre organización militar, estándares físicos o políticas de personal deben evaluarse según las necesidades operacionales, el marco jurídico y las realidades institucionales nacionales. La cooperación será útil cuando resuelva problemas concretos y aporte capacidades verificables; cualquier condición que limite decisiones soberanas debe ser examinada con especial rigor.
*El Perú tampoco necesita escoger entre alineamiento automático y aislamiento. Necesita una política de cooperación selectiva, con objetivos definidos y capacidad de negociación. La relación con Washington debería orientarse a fortalecer vigilancia, inteligencia, control del espacio marítimo y aéreo, ciberseguridad e industria nacional de defensa. Cada acuerdo relevante debería incorporar transferencia tecnológica, capacitación, mantenimiento local, protección de información, reglas de empleo y mecanismos de revisión. La premisa es sencilla: El Perú debe cooperar donde la alianza aumente su capacidad de decisión y preservar bajo control nacional aquello que resulte estratégico, colaborando y sin generar dependencia.*
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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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