Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Las amistades que vencen al tiempo, tender puentes para servir

Las amistades que vencen al tiempo: tender puentes para servir
Hay amistades que no las vence el tiempo. Se transforman, maduran y adquieren un valor distinto cuando la vida nos coloca frente a responsabilidades, diferencias y decisiones que trascienden lo personal. En particular, en la política, una amistad verdadera puede convertirse en un puente: nos enseña a escuchar al que piensa diferente, a disentir sin destruir y a concertar sin renunciar a nuestros principios.
La esencia de una amistad política no debería estar en la coincidencia permanente, sino en la capacidad de mantener el respeto cuando aparece la discrepancia. Allí comienza el verdadero aprendizaje. Porque discutir no significa enfrentarse; significa atreverse a pensar. Escuchar no significa ceder; significa comprender. Y concertar no significa abandonar las convicciones; significa encontrar aquello que puede unirnos en beneficio de los demás.
Después de más de 30 años vinculados a la política y de más de 50 años de experiencia empresarial y dirigencial, queda una enseñanza fundamental: el tiempo permite distinguir entre las relaciones circunstanciales y aquellas que tienen raíces profundas. Las primeras pueden depender de intereses o momentos; las segundas sobreviven a las posiciones, a los cargos y a las diferencias.
Por eso, el verdadero legado no está necesariamente en cuánto hablamos, ni en quién ocupa más espacio, ni en quién pretende tener siempre la razón. Está en lo que somos capaces de hacer. En las acciones eficientes, en los resultados que mejoran la vida de las personas y, sobre todo, en la capacidad de incluir a quienes muchas veces no tienen voz.
La política adquiere sentido cuando deja de ser solamente una disputa por posiciones y se convierte en una discusión sobre los temas de fondo: qué sociedad queremos construir, cómo dignificamos a la persona, cómo generamos oportunidades, cómo hacemos más eficiente el Estado y cómo conseguimos que nadie quede al margen.
Mi legajo de décadas en la empresa, en la dirigencia y en la política no lo entiendo solamente como una acumulación de años. Lo entiendo como una colección de encuentros, aprendizajes, amistades, discrepancias y puentes construidos. Algunos permanecieron; otros quedaron en el camino. Pero todos dejaron una enseñanza.
Conclusiones
La amistad verdadera es una forma de confianza que permite discutir sin romper, disentir sin odiar y concertar sin perder identidad. En política, esa capacidad resulta especialmente valiosa porque una sociedad no avanza cuando todos piensan igual, sino cuando personas diferentes encuentran razones para trabajar juntas.
El paso del tiempo también nos enseña que el protagonismo individual es pasajero. Lo permanente son las obras, las acciones eficientes y la huella que dejamos en las personas. Hablar menos y hacer más puede ser una expresión sencilla de responsabilidad pública.
Después de tantos años, mi mayor aprendizaje es que tender puentes vale más que levantar muros; escuchar vale más que imponerse; incluir vale más que excluir; y servir vale más que simplemente ocupar un espacio.
Ese es, quizá, el sentido más profundo de una vida dedicada a la empresa, a la dirigencia y a la política: convertir las diferencias en oportunidades de diálogo y las amistades en puentes para construir, juntos, una sociedad más humana e inclusiva.un abrazo con responsabilidad Rafael Aita Campodónico.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001-2006 por el distrito electoral de Lambayeque.

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