Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Essalud y la responsabilidad institucional: cuando el ministro supervisa, pero el presidente ejecutivo debe gestionar


Desarrollo puntual y análisis integral de competencias
La relación entre el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo y el Seguro Social de Salud (EsSalud) exige una comprensión clara de las competencias, las responsabilidades y los límites de cada autoridad. Que EsSalud se encuentre vinculado al sector Trabajo no significa que el ministro deba resolver personalmente cada problema administrativo, médico, financiero u operativo que afecta a millones de asegurados. Significa, más bien, que debe ejercer las funciones de conducción sectorial, articulación y supervisión que le corresponden, sin sustituir a quien tiene la responsabilidad ejecutiva de dirigir la institución.
El presidente ejecutivo de EsSalud es la autoridad llamada a conducir la gestión institucional. Por ello, debe contar con capacidad técnica, experiencia administrativa, liderazgo, conocimiento del sistema sanitario y competencias suficientes para tomar decisiones, corregir deficiencias y responder por los resultados de su gestión, dentro del marco legal vigente.

  1. La diferencia entre supervisar y administrar
    Un ministro no puede convertirse en el gerente de cada hospital, resolver personalmente la falta de medicamentos, atender todas las reclamaciones de los asegurados ni intervenir cotidianamente en cada conflicto administrativo. Su función ministerial debe orientarse a las políticas de su sector, la coordinación interinstitucional y el cumplimiento de las responsabilidades que la ley le asigna.
    Por su parte, la presidencia ejecutiva de EsSalud debe transformar los objetivos institucionales en resultados concretos: citas oportunas, abastecimiento de medicamentos, infraestructura adecuada, equipamiento operativo, contratación eficiente de personal y reducción de las listas de espera. También debe garantizar que las gerencias y redes asistenciales rindan cuentas por sus decisiones.
    Cuando el ministro termina siendo la figura a la que se reclama la solución de todos los problemas de EsSalud, cabe preguntarse si existe una dirección ejecutiva suficientemente competente, autónoma en su gestión y responsable de sus resultados.
  2. ¿Falta de conocimiento del ministro o debilidad de la gestión ejecutiva?
    La crítica debe formularse con rigor. No toda intervención ministerial demuestra desconocimiento, así como tampoco toda deficiencia institucional puede atribuirse exclusivamente al presidente ejecutivo. Para establecer responsabilidades es necesario examinar las decisiones adoptadas, las competencias legales, los recursos disponibles y los resultados obtenidos.
    Sin embargo, existe una señal preocupante cuando la conducción política parece confundir la supervisión con la administración cotidiana. El ministro debe conocer la estructura de EsSalud y exigir resultados, pero no asumir funciones ejecutivas que corresponden a sus órganos de dirección.
    La falta de claridad sobre estas competencias puede producir duplicidad de órdenes, decisiones improvisadas, evasión de responsabilidades y una peligrosa dispersión de la rendición de cuentas. El asegurado no necesita autoridades que se transfieran mutuamente las culpas; necesita una institución que responda eficazmente.
  3. La competencia debe demostrarse con resultados
    La presidencia ejecutiva de EsSalud no debe evaluarse por sus declaraciones, reuniones o anuncios, sino por indicadores verificables: tiempos de espera, disponibilidad de medicamentos, oportunidad de las intervenciones quirúrgicas, calidad de atención, ejecución presupuestal, mantenimiento hospitalario y satisfacción de los asegurados.
    El Ministerio de Trabajo, dentro de sus atribuciones, debe exigir información, evaluar el desempeño institucional y promover la corrección de las deficiencias. La autonomía de gestión no puede convertirse en impunidad administrativa, y la supervisión ministerial tampoco debe convertirse en una excusa para invadir funciones.
    La responsabilidad pública requiere competencias delimitadas, decisiones oportunas y mecanismos de evaluación transparentes.
    Conclusiones
    Primera: la vinculación de EsSalud con el sector Trabajo no convierte al ministro en administrador directo de todos sus servicios. Cada autoridad debe actuar dentro de sus competencias legales.
    Segunda: el presidente ejecutivo de EsSalud debe asumir el liderazgo efectivo de la institución, con capacidad técnica, autoridad de gestión y responsabilidad por los resultados sanitarios y administrativos.
    Tercera: si el ministro desconoce los límites de su función o confunde supervisión con ejecución, corresponde cuestionar su preparación y comprensión institucional; pero cualquier afirmación de desconocimiento debe sustentarse en hechos y decisiones concretas.
    Cuarta: el Gobierno debe evaluar la idoneidad de quienes dirigen EsSalud y establecer metas públicas, indicadores de desempeño y mecanismos de rendición de cuentas.
    La verdadera responsabilidad no consiste en que el ministro prometa resolverlo todo, sino en que cada autoridad cumpla su función y responda por sus resultados. EsSalud necesita menos protagonismo político, más capacidad ejecutiva y una gestión centrada en el derecho de los asegurados a recibir una atención digna, oportuna y de calidad.cin responsabilidad, Rafael aita Campodónico

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001-2006 por el distrito electoral de Lambayeque.

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